Utopía y Distopía

Pobre L… Me sentí tan mal escribiendo su triste historia. Tan mal. Un peso muerto que portaré, o mi falta de empatía lo encubrirá como las nubes al cielo un día de dulce tormenta. ¿Su título? Una chica llamada L. Sé que no venderá y tampoco lo comprará nadie, pero un instinto mezclado con impulso creativo necesita, no, exige darla a conocer. Como la de todos los habitantes de la Ciudad.

Es una sensación tan fluctuante. A veces es tan inspirador, evocador de las más retorcidas y expectantes fantasías. Desgracia, pena, condicionantes. Ser un escritor de la Ciudad era tan complicado. Por los remordimientos morales. Por cómo el alma se desploma cuando retratas la más sencilla de las realidades, el más sencillo de los gestos, la más sencilla de las palabras, la persona más sencilla… Desalentador como una melancólica sinfonía de Jazz discurriendo entre las solapas de una nocturnidad aterciopelada como los pliegues de los trajes y vestidos de gala de la gente del Sector 1. Los posthumanos de la tecnología, el lujo, la certidumbre y el orden. Los siervos de la Utopía frente a los esclavos de la Distopía.

En Utopía, no existían las enfermedades, el fracaso. Todo se hacía con la carta de la texnolización controlada. La superficialidad, uniformidad, formalidad. Una ecuación perfecta. Una ilusión perfecta. En Distopía residía la brutalidad sumergida, el descontrol espontáneo, la miseria escondida y la matanza indiscriminada. Un refugio de maldad y desmoralización. El reducto de la bajeza y la repulsión. Sin embargo, su tecnología era aceptable. Aceptable dentro de un binomio repleto de asesinatos, bandas callejeras, delincuencia, máquinas desbocadas y una policía militarizada sin conciencia.

Utopía y Distopía. Dos almas gemelas unidas por las cadenas de la contradicción, la ilusión y la realidad, en este microcosmos. El Edén donde el neón sustituye a la luz natural y las máquinas son una más de la familia.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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