Una historia de dos mujeres

Una historia de dos hombres. Muchas veces me pregunto porqué la mayoría de mis personajes son hombres. Quizás por su sencillez. Quizás por mera preferencia. Así que por esos motivos decidí hacer la historia de dos mujeres. Una dualidad manifestada por la circunstancia, más elaborada.

La primera mujer, no recuerdo cuál era su nombre o por lo menos sé que empezaba por L, me llamó cerca de las doce de la noche. Estaba un tanto nerviosa, aunque no parecía aterrada. Me contó frenéticamente partes de una persecución desmedida adornada con pinceladas de aumentados que la perseguían y pandilleros armados con la última tecnología. Me colgó después de un distante adiós. Preocupado, llamé varias veces insistentemente hasta que con un suspiro y encogimiento de hombros me negué a recitar otra vez el número en el micrófono de la pantalla cristalina.

La otra mujer fue más petulante, pero cordial. Tuvo la consideración de contactar conmigo a las tres de la tarde. Estaba comiendo basura procesada en un restaurante de bajo estatus en un área periférica de 2. Un antro aberrante del que era inconcebible imaginar que fuera capaz de amortiguar su competencia con paseantes desfallecidos y chusma variada, pero ahí estaba: expuesto a la intemperie como una acrópolis y encajonado entre clubes diversos. El intercomunicador vibró y respondí distraído. Esa mujer quería concertar una cita conmigo y me mostré más que dispuesto a aceptar cualquier tipo de condición. A las siete en un restaurante de 1.

Gracias a estas dos mujeres pudo encontrar material suficiente para escribir una novela medianamente entretenida. Con esos toques artificiales de las clases altas y la supervivencia instintiva de los marginados sociales. Me pregunto qué habrá sido de ellas. Ya que fueron mis musas, al menos tener una idea remota de su paradero.

Con esta propuesta, me personó en un Archivo. Solicité un permiso y conseguí noticias sueltas de ambas. La mujer de clase alta era ahora una alta ejecutiva de Anxtrium y la otra mujer… Bueno, hallé una noticia que mencionaba el asesinato de una mujer con una descripción física que encajaba con la de L. Qué pena. Devolví los informes a su sitio y di una vuelta por los jardines selváticos del Sector 1 bajo la luz de impecable de un atardecer refractado por las cristaleras de los edificios y torres climáticas, acompañado del leve zumbido de autómatas limpiadores y robots de seguridad.

Me senté en un banco y saqué una libreta y un bolígrafo. Dos fósiles del pasado que sucumbía al absoluto tecnológico. Dos piezas de artesanías hoscas y pésimamente valoradas con las que me dispuse a escribir la historia imaginaria de una chica llamada L.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

También puede gustarte

A %d blogueros les gusta esto: