Análisis de: The Darkness [PlayStation 3]

The Darkness es un cabronazo. Es un juegazo que salió en los albores de la generación pasada y convirtió a la PS3 en su puta personal. Por definición tendría que haber sido regulero. Nadie espera que un juego de los principios sea una obra maestra o algo que mínimamente marque un hito. Pero The Darkness lo hizo. Igual de retorcido que Johnny Estacado, no sólo es el juegazo de dos generaciones seguidas y uno de esos pavos que te hace pensar que el mundo de los videojuegos de ahora se ha ido a la puta mierda. Mientras ahora sacan remasterizaciones basadas en el reciclaje continúo de buenos juegos de Ps3/Xbox 360 porque sus supuestas sucesoras dan todo el puto asco, hace más de una década salió este juego como carta de presentación de esas consolas en específico. No sólo las presentó bien, sino que hace que el jugador pague la cama y los complementos del polvo. Un gusto que en la actualidad ha desaparecido completamente.

Basado en el cómic homónimo, The Darkness es un juego tan oscuro como su nombre. Sucio, gore, barriobajero, sangriento y absolutamente violento. No te suelta ningún discurso condescendiente sobre el metavideojuego, la disonancia ludonarrativa o esquemas de personajes ultracomplejísimos e incógnitas metafísicas. ¿Quieres sangre, cerdo? Pues toma en cantidades industriales. Sabe que lo deseas, que lo ansías y él como buen anfitrión te otorga la oportunidad de encharcar océanos enteros de vísceras a través del uso de armas convencionales y los poderes de la Oscuridad, uno de los mejores putos poderes que puedes manejar en un videojuego y punto.

Sus gráficos hoy en día están más desfasados que un viejo en una residencia de centenarios, pero mantienen el lustre, el tipo, su fealdad y su guapura más intactas que la cantidad de niños bonitos que salen programados ahora con sus 60 marcos por segundo y sus 1080 progresivos. Que los follen. Y que también follen a los sistemas de ahora. Contemplar los bajos fondos de Nueva York con sus filtros más grises que unas cenizas carbonizadas y unos polígonos más escarpados que la columna vertebral de un camello son oro puro por la solidez que consiguen, por su unificación y su homogeneidad. Como una ciudad griega, en The Darkness lo que sí se aprecia es un diseño global y bonito. Nada de hacer un escenario mejor que otro o una puerta peor que la otra. O se apuesta todo de una vez o nada.

Obviamente, los personajes son los que más sufren el tiempo, pero aún así. Que le follen a la obsolescencia. Estacado mola más y en mayores cantidades que el 90% de los personajes protagonistas del ahora, teniendo unas pintas de gótico drogado en horas bajas que le hacen parecer más un pintamonas blackmetalero que el ser de la destrucción y Oscuridad que realmente es, siendo seguramente aquí donde radica toda su magia. Respecto al resto de personajes, están bien. Son pasables. Los secundarios son un elenco más elaborado que los enemigos clónicos típicos de este tipo de juegos y todos tienen la pinta justa de hijos de la gran puta, por lo que sí, se mantiene el bien nivel. Respecto a los enemigos, son clónicos como he dicho antes, pero ¿y qué? Importa una mierda que sean todos iguales siempre y cuando satisfagan las dulces ansias de seductor sadismo que impregna toda el aura de la aventura. Quieres matar, y mata. Nada ni nadie te lo va impedir.

¿Qué decir de la historia? Bueno, es la típica historia de venganza y resurrección de entre los muertos del protagonista de turno. Pero, joder, ¿qué coño importa? AQUÍ SE VIENE A MATAR. Nah, fuera coñas, está bastante bien para ser tan típica y cliché. Sabe ir más allá de ser una excusa para matar hordas y hordas de mafiosos, que también, pero le añade ese toque, ese plus de sentimentalismo a la escena; esa gracia jocosa que te impulsa a aplastar la puta cara del pérfido cerdo que se cargó a tu chica y te interrumpió mientras veías un puto videoclip de Death Metal en un televisor puesto encima de un carrito en el metro. Para mí, eso es motivo más que suficiente para cargarse la mitad de la ciudad y arrastrar sus huesos mordisqueados por la Oscuridad hasta la fosa más infecta y lóbrega del Averno. Y hasta aquí me quedo. Es algo que hay que sentir en las carnes. Aunque, cabe destacar que el juego cuenta con mini misiones secundarias un tanto curiosas que alargan la duración del juego un pelín, suponiendo que el base se alarga entre las 8-9 horas si mal no recuerdo. Y a eso, súmale los números de teléfono y algunos secretillos desperdigados que le añaden vidilla. ¿Y sabes qué? Sin DLCs. Impresionante, ¿verdad? Este bastardo encima es un juego como los de antes. UN VIDEOJUEGO. Antes de entrar en los poderes de la Oscuridad, la música en todos sus sentidos promete. Especialmente la del metro. Sabe acompañar y convertirse en la delicada sinfonía de una destrucción exagerada y sanguinaria, levantar el ánimo en mitad de un yermo campo de batalla perdido en mitad del puto Infierno y ser romanticona cuando toca besarse con la novia. Pero por supuesto, ser el telón de fondo de los paseos por la ciudad de Nueva York, por sus callejones y sus avenidas bañadas por la luna. Hasta los interiores de los edificios se hacen hasta bonitos.

Ahora sí, ahora viene lo intensito de verdad. La razón por la que te compras este juego y gozas con cada una de esos escenas. El sentido de la muerte y del asesinato más vil. Los poderes de la Oscuridad, una entidad con conciencia propia que azuza al jugador, a Estacado, como si fuera su muñequito particular. Tú no matas por ti, por tu disfrute personal. Matas para la Oscuridad; y hasta que esa señorona no esté saciada aún habiendo desatado el Apocalipsis y los 4 jinetes estén provocando la desolación y el pillaje, tú vas a seguir matando. Porque ella quiere, porque lo disfruta intensamente y tú lo sabes y ella te lo remarca en cada secuencia y en cada segundo del videojuego. A través de dos seres parecidos a serpientes adosados al cuerpo de Estacado, consiguiendo o ganando sus habilidades específicas, puedes desde comerte el corazón palpitante de tus enemigos hasta darles una pedazo de hostia que les destruya la osamenta. La segunda habilidad está realmente bien, pero la segunda es orgiástica. Controlar autónomamente a uno de esos seres inmortales que muchas veces pasarán inadvertidos podría ser hasta mejor que el sexo. Pulsar un botón y en una vista en una pseudotercera persona se transformarán en el heraldo de la muerte. ¿Limitación? Su energía. ¿Posibilidades? Sólo con esta habilidad te puedes limpiar desde una sala hasta edificios enteros sin moverte del sitio, atestiguado científicamente. De hecho, automáticamente se convertirá en EL PODER, mandando los agujeros negros y otras lindezas a tomar por saco.

Seguidamente, hay una especie de diablillos y goblins deslenguados que pueden ser invocados en cualquier momento o en determinados lugares para completar misiones o directamente formar un ejército personal de duendes vestidos con viseras planas y camisetas de rugby que asesinen indiscriminadamente con sus manos, gatlins o bombas a todo ser animado que tengan por delante. ¿Tanques? Una de esas mierdas diminutas te agrieta la Tierra si hace falta. No los usé demasiado durante mi partida, estaba demasiado ocupada arrancando corazones a mordiscos con la Oscuridad; pero son realmente útiles si se saben usar, al estar limitados por tiempo y vida. ¿Algo más que decir sobre este juegazo? Como se le da tanta importancia, decir que más fluido que, y me ahorro la metáfora al vuelo. Ni pilladas, ni errores graves que lo manden todo al traste. A eso que le follen. La Oscuridad quiere matar y matar bien y, en consecuencia, el juego corre perfectamente. Así que por lo pronto no habrá cosas raras ni nada por el estilo. Es más, no sé por qué la peña se amarga con esto. Si hace falta, a diferencia de los jueguecitos que sacan ahora, el disco fluye con la potencia extra de la Oscuridad con tal de que asesines a ese vagabundo que te mira mal desde la distancia.

¿Divertido? Joder, sí. A menos que seas un hipersensible commie que llora por las redes sociales las desgracias ajenas dando me gusta a publicaciones en Tumblr, quejándote de todo cuanto te rodea y resaltando que matar está mal y al igual que la discriminación; pero que luego eres el primero en desear la muerte a un ser humano y el primero que se va a manis por la igualdad de sexos insultando y marginando al opuesto, éste no es tu videojuego. Aléjate de él. Lo máximo que puedas. Y deja a los que son malas personas disfrutar de cada uno de sus bytes. Por último, la jugabilidad en primera persona peca de ser bastante hosca y las animaciones son bastante a lo Juan Carlos, pero con un par de horas se pasa. Podría haber tenido más ligereza, siendo controlable dentro de lo que cabe. La Oscuridad en modo manual marea un poco cuando el bicho repta por las paredes. Pero como todo en esta vida, es cuestión de costumbre. Si buscas acción de verdad, con sustancia, que resienta tu lado de buena persona en favor de sacar al cabronazo sádico que llevas dentro, éste es tu juego. O si directamente está hasta la polla/coño de esta generación de consolas nuevas que no aportan una mierda de juegos en condiciones, también lo es. La Oscuridad te recibirá con los brazos abiertos.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

También puede gustarte

  • Sergio Sr. Rubio

    Solo con la mera introducción me he dado cuento de que los COJONAZOS que tiene el juego y las testosterona viril se ha trasmitido de forma natural a tu ser con erótico resultado. Al final he creado la mujer definitiva. Una que abraza la oscuridad y la virilidad y condenará la raza humana a la extinción posthumanista!

    Y el análisis…Muy bien

    XD

  • Este siempre ha sido de mis juegos favoritos. Leer sobre él aquí me ha encantado.

  • Y tan desconocido actualmente, que ni conociendo el cómic sabía de la existencia de este juego. Muy buena reseña, btw, ya sé que buscar en los estantes de seminuevos.

    • Es lo malo. Tuvo menos repercusión de la que se merece.

  • Conocí este juego hace un tiempo, ¿sabes cómo? Con un video de loquendo. Dejando eso de lado (lo más alejado posible) tiene una muy buena pinta. Saludos.

A %d blogueros les gusta esto: