Tharlbrak

Cerivm III

Renuncia, renunciado, renunciable, renunciar

—Encontrasme solo, compaer. Solo y alterado en estia sima de desaliento, como dirían los poetas. Encontrasme más solo cue nadie más en este alocado munsdo. ¿Entiende lo que le digo, compaer?

Un esquelético individuo con las piernas cortadas y gangrenadas, pendido en vertical en un poste por una soga alrededor de su cuello, prorrumpió con un balbuceo ininteligible. Un candil con brea recientemente encendido descubría unos intestinos sobresalientes, como una protuberancia, a la altura de su cintura.

—Hallesme solo, comaper, solo y ultrajado en este antro de desesperanza… Donde, donde, donde… —Su mandíbula emitió un chasquido que le arrancó un visceral quejido. Estiró sus sanguinolentas piernas, recubiertas de un océano de laceraciones, y se manoseó los muslos. En el centro de su pecho, a la altura del corazón, relucía un Tharlbrak tatuado a la maniera del hierro candente.

—Este manoseo intermitente en los único cue me mantene cuerdo, ¿entiende? Es lo único, porcué sabe, yo fui atrapado como usté. Agasajao, secuestrao y aprisionao en esta pútrida celda, como el resto de pobres diablos cue aquí se descomponen. ¿Le gustaría escuchiarr mi historia? He de contastarla para recobrar consciencia. Sentirme vivio por última vez, al menos, antes de cue la mortífera alabarda del ajusticiaor separe de mí cuerpo y alma.

El otro prisionero no emitió sonido. Sus ojos, extraídos de sus órbitas, constituían dos abismos ignotos sobre los que Wynthakty contempló su reflejo distorsionado. Sintió recorrer un escalofrío por su columna, al tiempo que otro cacofónico chillido traspasaba las juntas del techo y las grietas de los muros de deslucida roca. Regurgitó la garganta y se dispuso a relatar su infausta historia, una que le salvaría de no caer primorosamente en la degradación vaticinada por la deshumanización de sus circunstancias.

—Verá, yo una vez hube sido aprisionao por haber robao en una herrería pa comer algo y no morir en la flora de mi joventud. Ya sabrá de sobra a lo cue me refiero. Allá en la prisión me vino el mismo endiabalado monje, cue ni se molestió en dar su nombre, me encadlió con tan malas artes en la celda, que no puedo parar de fustigarme por mi bajeza, pleguiándome a su voluntad como un pergamino de canciller. Pero, ¿cué sabía yo, buen hombre? ¿Cué sabía yo sobre el abrupto camino que iba a tomar a partir de entonces? Acedí porcue el remedio no me quedaba y la soga del patíbulo me esperaba en la plaza de armas, para después colgar como una lámpara en los aledaños de principales caminos. Y yo mesmo no quería tal cosa aciaga, yo mesmo quería ser libre como los pajarillos de los bosques, como los cervatillos y los bisontes que recorren las praderas de las bajas laderas. ¿Entiende? Quería obrar coisas buenas, pos la oportunidad sonaba tan filántropa y bondadosa en sus más remotas intenciones cue la reforma de mi persona se me materilizaba como inminente. Yo quisiera hacer coisas buenas, coisas alegres, coisas que los juglares recuerden, sólo queiría eso, pero míreme donde acabé. Hacía donde el Tharlbrak me condujo en un capricho dilsoluto. Y ahora cué, compaer, cué podiría hacer aquí encerrado y descarnado, resuelto a morir de hambre o tortuosa fatiga… Cué podiría hacer. Noi sé. Noi sé. ¿Reciar a Dios? ¿Usté cree cue reciando a Dios mis miembros se regenerarían y un aura de resurgimiento me sediría concedido por su santísima condescendencia? ¿Cree cue debo seguir pensando en cue Dios no me ha abandonado? ¿Pensando cue esto foirma parte de mi perpetuo castio? El monje en el cue una vez hube confiado me tendió su mano verificando cue mi salvación estaba predestinada. Pero eso no eran nada más cue patrañas y ahora noi sé si creeirlas o desistimairlas. Estoy confouiso, munchio. Como si me cerebrio se deslizase por un laberintio en el cue saibe cue no hay salida alguna, ni entrada ni laterailes, ni pareídes. No hay nada y yo caigo en la permuta puestra entre el decaimiento y la autodrestrucción. ¿Deibo matarme, compaer? ¿O permanecer quietu hasta cue el insano monje extirpe hasta la última gota de mi sapiencia con su asuencia? ¿He de preservá la creencia? ¿Cué mi fe prevalezca incorruptible en dignísimo contraste con la falsaria montada por ese truhán de monje? Diabólica encrucijada cue se me interpone, y usté cue me ve quede como testigo en este juicio. Poco tiempo me resta, antes de partir a la pira del sacrificio y ser ofrendado a su Dios sin nombre una vez cue hube sido puesto al punto con tanta tortura y con tanto sopor por la inanición y asifixia. Congratúlese, si tal coisa es posible, de que pronto ambos disfrutaremos de equivalente condición.

El cautivo desmembrado aglutinó carmesí saliva en su correosa boca, desprendiendo finos humores en torrentes opacos que fluían, se atravesaban y entremezclaban, recubriendo su corporalidad. Presto al desvarío, al desafecto, Wynthakty se cruzó de piernas y rebajó su cabeza, desfallecido. Ni una náusea, ni un desprecio.

Calamitosas eternidades se extinguieron antes de que los portones de ébano desplazaran su mastodóntica hoja y el monje, protegido por dos criaturas con apariencia de hipocondríacos hombres, penetrara en el calabozo entonando una alegre salmodia.

—¡Oh, Wynthakty! ¡Viejo amigo! ¿Cuántos años se han sucedido? ¿Cuánto tiempo apresado y compungido? ¿Se te antoja sorpresiva mi comparecencia?

Wynthakty rehuyó una airada réplica. Permaneció petrificado en su ensimismada posición, desoyendo las envenenadas dagas líricas de esa abominación con sotana.

—Ignórame, si tal es tu anhelo. Obvia mi presencia, mi apariencia y a mis subordinados. Que así sea. Pero tu destino ha sido sellado, como en tantos arrebatos se constata. ¡Tharlbrak anacu tük iuru t’ponty![01]La voluntad de Tharlbrak ha sido desvelada.

—Wynthakty oriru kie tornlirn[02]Una puta con tifus sería mejor sacrificio que Wynthakty. —acompañó el más bajo de los bastardos sumisos del monje.

—¿Awer gurguin jinker t’harku?[03]¿Cuándo empezamos? —azuzó el más famélico y alto.

—¿T’eriarl iuru ne korium?[04]¿Tanta prisa tienes?

—Hikir iuru kie gärkin.[05]Tengo que comer.

—Parad de soltar soplapolleces. Vamos, al altar del santuario.

Notas a pie de página y referencias   [ + ]

01. La voluntad de Tharlbrak ha sido desvelada.
02. Una puta con tifus sería mejor sacrificio que Wynthakty.
03. ¿Cuándo empezamos?
04. ¿Tanta prisa tienes?
05. Tengo que comer.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

También puede gustarte

A %d blogueros les gusta esto: