Harry nostálgico pasó página al cuarto punto, los puzzles. Silent Hill está plagado de puzzles, unos más complicados que otros, y eso a Harry le revolvía el estómago. Tener que descifrar las notas de un piano con pájaros, usar determinado objeto para sacar otro que a su vez encaja en otro lugar que se sitúa en la otra punta, resolver acertijos para abrir una maldita puerta y los juegos de llave que lo desquiciaban vivo. Lo que le fastidió más fue estar en el hospital, el último escenario, cogiendo llaves de nombres rarísimos para que encima al abrirlas te lleven a otro corredor distinto. Se le ponía mal cuerpo con solo recordarlo, ¿y la nevera en la cocina? Sólo de pensarlo se le ponían los pelos de punta.

Pero gracias a Samael, muchos de ellos eran de lógica pura y dura y no le costó demasiado devanarse los sesos, o usando unos papeles procedentes de dimensiones paralelas que te indicaban exactamente qué hacer. ¿Para qué servían tantos enigmas estúpidos? Sólo para retrasarlo y hacerle perder el tiempo, y por lo visto también aumentar su desesperación en la búsqueda de su añorada hijita. Pero funcionaban, funcionaban por la razón de que tu angustia se disparaba y no te daba ningún respiro. De hecho, Harry podría decir que le acojonaban más los puzzles que las criaturas. No sólo tenia que matar a todo lo que le saliera el camino sino también tenía que usar el cerebro para avanzar en su infame aventura. Harry suspiró. Ojalá todo hubiera sido más fácil, pero tampoco se podía quejar demasiado. Esos habían sido los buenos tiempos a pesar de todo. Pero si los puzzles, el pueblo y la dificultad no fueran suficientes, estaba el condenado control. Harry soltó una buena risotada. ¿Qué demonios esperan? Suficiente hacía el hombre con apuntar y correr todo el rato como para que encima le recriminasen por ello.

Maldita sea, él era un escritor de 32 años corriente y moliente, una persona normal que lo máximo que podía hacer era sentarse en una silla y escribir a máquina, no un súpersoldado con capacidades físicas inimaginables y un dominio de las armas de los tres ejércitos insuperable. Él era un tipo mediocre que fallaba al apuntar y que no sabía esquivar criaturas por la sencilla razón de que ni siquiera era un deportista, si fuera por él en ningún momento hubiera cogido ni una sola arma; pero las circunstancias le obligaron a ello, aunque no es que estuviese muy contento. Incluso andando y apuntando con el arma es un torpe. Harry saltó al sexto punto, los gráficos de su entorno. Nunca le molestaron demasiados, ellos en el propio juego eran personas muy rígidas y cuando pasaban al CGI todos tenían un aspecto muy “plastificado” pero a él ciertamente le daba igual. Mientras que se distinguiera a él mismo, a su hija, a los enemigos y los extraños que cruzaban su camino ni le irritaba ni le daba náuseas. Ya  bastante soportaban con el pueblo y su niebla como para encima exigirle, por no hablar del Otro Mundo, esa dimensión tan sumamente espeluznante.

Le daba tanto igual ese aspecto que estuvo a punto de olvidarse de él. En el séptimo apartado Harry sonrió alegremente. Silent Hill era un pueblo bien conocido por guardar secretos de todo tipo, no sólo de trasfondo e historia, sino también de, Harry lo llamaba, miscelánea. ¿De qué estaba hecha? De nada más y nada menos que constante referencias a películas y autores de libros. Era una delicia ir caminando por el pueblo y de repente encontrarte con el “Help me!” de El Exorcista, o ir andando por una calle llamada King (aunque nunca le gustó demasiado ese autor), o ver marcas modificadas para evitar los derechos de autor, cuadros, discretas referencias a lugares, variedades esotéricas.

Había absolutamente de todo, convirtiéndose en su pasatiempo preferido; “Adivina la película” y hasta que no lo conseguía no paraba. Ciertamente, era un tanto “indecente” pararte en seco durante horas al encontrar uno de eso extraños mensajes mientras tu hija era degollada, quemada, asesinada; sin embargo, el bueno de Harry no podía evitarlo. La lista completa de referencias o “huevos de pascua” se puede encontrar en este enlace, para los curiosos:

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Harry se ensombreció. Detestaba lo siguiente. Lo detestaba amargamente. Profundamente. El octavo punto. La interpretación de la historia, personajes, enemigos y finales. Lo más trabajoso e intelectual de todo el conjunto. Harry murmuró una frase para sí mismo. Lo odiaba tanto.


Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.