Análisis de: Silent Hill [PlayStation]


Todo comenzó un verano cualquiera de un año cualquiera. Harry (Harold) Mason, un escritor de 32 años cuya esposa falleció hace cuatro años después de una crítica enfermedad, conducía por una carretera convencional de noche con la silenciosa compañía de su hija en dirección a un pueblo llamado Silent Hill, un pueblecito amigable y turístico a las orillas del lago Toluca. Aquel lugar no estaba en su mejor momento pero su querida Cheryl le había insistido tanto que Harry no tuvo otra opción que ceder a sus ruegos. Al fin y al cabo, es un pueblo cualquiera a las orillas de un lago cualquiera.

Conduciendo su todoterreno por aquella interminable carretera, una figura apareció de la nada cruzando la calzada. Inmediatamente, con la intención de evitar un accidente, Harry torció el volante con todas sus fuerzas. Sin embargo, no fue suficiente, y aun logrando esquivar el intruso, se chocó quedando inconsciente. Minutos, horas e incluso días más tarde (en Silent Hill el tiempo es líquido y se escapa por las alcantarillas) Harry se despierta aturdido en el asiento del conductor. Nervioso, escrutando su estropeado coche desde todos los ángulos posibles, descubre una certeza que le perseguiría hasta el final de ese Infierno: su hija Cheryl no estaba.

Angustiado y profundamente preocupado, Harry sale del vehículo dispuesto a buscar a su hija. Pero como pudo ver, no iba a ser nada fácil. Una densa niebla cubría cada poro y resquicio de aquel maldito pueblo, imposibilitando la visión más allá de unos pocos metros y escondiendo lo que fuera que estuviera por allí rondando. Pero no se iba a dar por vencido. A pesar de la opresora niebla y el silencio asfixiante, Harry Mason encontraría a su hija, costara lo que costara. Decidido, se aventuró en la penumbras. Después de caminar lo que parecía una eternidad, Harry oteó en el horizonte una silueta, una sombra distorsionada que sus cansados ojos reconocieron al instante: Cheryl. Sin pensárselo dos veces, Harry recorrió parte del pueblo persiguiendo a su hija. ¿Por qué huía de él? Se preguntaba mientras seguía a su hija a través de amplias avenidas y un estrecho callejón. Estaba oscuro y sólo podía utilizar el mechero como única lumbre. No importaba. Un callejón mal iluminado, eso le pasa a cualquiera. Harry avanzó por el corredor sin detenerse para tomar aliento. En su camino, se topó con una silla de ruedas ensangrentada.

¿Qué haría ahí? En ese momento no importaba demasiado. Prosiguió su rumbo y de repente una extraña sensación se apoderó de él, una indescriptible, apremiante, la sensación de que algo malo, muy malo le sucedería inminentemente. Pero tampoco importaba, pues Cheryl era su único objetivo. Su razón de vivir. Con el corazón en un puño, llegó a una zona delimitada por vallas metálicas cuyos límites se perdían en la más negra oscuridad. Y algo colgado. Harry se acercó cautelosamente al bulto inmóvil de las rejas. Se aproximó, más, más cerca y lo vio. Un ser crucificado como un Mesías caído colgaba agarrotado y descuartizado en la valla. Harry se asustó, sería un mentiroso si lo hubiera negado, y acto seguido se giró sobre sí mismo. Quería escapar, escapar de aquel pútrido lugar. Con el mechero en la mano regresó sobre sus pasos a toda velocidad, pero algo había cambiado, algo que le conduciría a su perdición. Unos seres deformes, como niños mutilados, corrían a su encuentro. Harry huyó, huyó todo lo que sus piernas podían, huyó de las abominaciones contra natura, huyó del horror, y se chocó: una valla cerraba su paso. Harry desesperado la golpeaba incesantemente, no podía soportar a esas criaturas. Escapar, salir, abandonar la decrepitud de ese lugar, encontrar a su hija y entre abrazos amorosos dejar ese pueblo para siempre.

Esa valla era inamovible. Los seres estaban cada vez más cerca. Todo impedía su escapatoria. Un mal día que sólo podía ir a peor. ¿Sería un cobarde si se rendía ante aquellos monstruos? ¿O quizás sólo era una pesadilla? Harry no tuvo tiempo de perderses en las tinieblas de su mente, un monstruo lo golpeó, dos, tres, cuatro, cinco, se multiplicaban acuchillándolo, golpeándolo; y Harry en medio de esa tortura sólo podía distinguir el inocente rostro de su hija durmiendo plácidamente en el asiento del copiloto sosteniendo aquel libro de dibujos con el extraño título de Coowigr Dinok. Los engranajes de su infierno dantesco se habían activado, a la vez que una voz interior le susurraba que no podría contar con ningún Virgilio. Harry se rindió a la oscuridad. Y se despertó.

Estaba tumbado en el sofá de un café. La cabeza le dolía horrores y no tenía ni idea de lo que le había ocurrido en aquel ¿sueño? Había sido demasiado real incluso para alguien que ganaba dinero con ensoñaciones. Un leve movimiento. Una mujer. Una policía rubia uniformada. Harry se alegró. Al menos, no iba a estar solo. La mujer se presentó como Cybil Benneth, una policía procedente de Brahms que había llegado antes que Harry. Un fogonazo, Harry recordó que antes de llegar al pueblo había visto de pasada a una motorista, una policía, por lo que se alegró doblemente. Cybil se sentó en la barra y le preguntó quién era. Harry le contó todo lo buenamente que pudo lo sucedido. Cybil escuchaba atentamente sus palabras, reflexionando sobre la marcha, aunque Harry tampoco es que estuviera muy familiarizado con el proceder de la policía. Entonces, la angustia que engulló sus entrañas en su destrozado coche le asaltó como un ladrón en la noche. Cheryl. Rápidamente Harry le preguntó sobre su hija. Cybil no tenía ni idea, no la había visto; sus esperanzas se diluyeron y más con un detalle, un detalle que le sacudió interiormente: eran los únicos en el pueblo. ¿Dos personas en un pueblo relativamente mediano? Imposible. Puede que estuviera en temporada baja, pero eso era una chorrada. Incrédulo, le lanzó un ¿Dónde está todo el mundo? Cybil sólo supo menear la cabeza y acrecentar la sensación de hostilidad con un ojalá lo supiera y un algo terrible va a pasar por no hablar de que el exterior es peligroso, que fue respondido por un Harry levantado de súbito con la decisión inamovible de buscar a su hija. Cybil le detuvo, es una locura estar ahí fuera solo y desarmado por mucho que quiera a su hija, pensó sorprendida. Pero la decisión de Harry era imperturbable como las montañas.

Su determinación era admirable, pero tampoco podía dejarle de esa manera. Lo único que podía hacer era entregarle un arma y desearle suerte. Así hizo y Harry cogió el arma sin miramientos. Hasta las últimas consecuencias ¿Qué era lo que empujaba a aquel hombre a adentrarse solo en un entorno desconocido y francamente impredecible? No le dio muchas vueltas. Cybil le aconsejó que no utilizara el arma si no era necesario, y si apuntaba a alguien, que se asegurara de que no era ella. Harry se alteró. ¿Cómo iba a dispararla? Es más, ¿para qué iba a usar ese arma? Ese pueblo era peligroso, eso estaba claro. ¿Una policía entregando un arma a un civil? Inadmisible. Sin embargo… Harry guardó el arma. Se sentía más seguro, e impaciente, un sentimiento de ígnea impaciencia empezaba a roerle la mente y poca cosa lo saciaría excepto hallar a su querida hija. Cybil se despidió asegurando que buscaría ayuda lo más pronto posible. Harry la creyó y se despidió a su vez. Ella se fue y él se quedó plantado en la soledad de la cafetería. El presentimiento terminaba en irremediable suicidio, pero no le importaba, no le importaba con tal de ver el rostro inocente y cándido de su amada hija, aunque fuera por última vez.

De este modo comenzó su periplo. Abocado a la demencia y con el sólo apoyo de un puñado de armas y su férrea determinación, Harry Mason, escritor de profesión, se aventuró en el corazón de la bestia dispuesto a sacrificar su alma con la misión de abrazar nuevamente a su pequeña Cheryl, ver juntos un nuevo amanecer desde la calidez hogareña. Aún a sabiendas de que lo que encontraría al final del camino no sería a su hija, ni siquiera algo a lo que considerar humano.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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  • Pedazo de entrada te has marcado, cabalgando entre relatar la totalidad del videojuego y un análisis te ha quedado algo diferente.Para mi gusto, demasiado larga, la habría dividido en dos entradas, aunque quizá perdiese la gracia de la “totalidad”

    Respecto todo lo demás, ha quedado perfecta, mis felicitaciones 😀

    Saludos!

    • Muchas gracias :”3 Me costó un rato largo hacerla y te juro que al principio la iba a dividir en dos pero me eché atrás y la subí al completo dividiendola en partes para que no fuera tan molesto.
      Saludos :^

  • Fantástica entrada.

    El juego me ha parecido simplemente espectacular y te diré, yo pensaba que el tiempo añejaría el producto en cuestión de tensión/miedo/sustos pero para nada, la soberbia ambientación en lo estético se ha conservado genial y el sonido es putamente magnífico, si existen momentos donde de verdad avanzaba con un “puta madre un pinche amasijo de polígonos saltará de la nada a atacarme” es gracias a los efectos sonoros -los putos objetos de cristal explotando en el hospital-.

    En este aspecto no puedo más que aplaudir por presentarnos un juego épico, obvio no podemos compararlo con Resident Evil por lo mismo dicho aquí al principio de la entrada pero en cuestiones de calidad y destacando que juega en otra liga se pone al “tú por tú”, verdaderas obras maestras.

    Algo que no aclaré es una especie de alarma que suena despues de abandonar el hospital por primera vez, el ruido aumenta o baja de volumen dependiendo de que zonas recorras pero nada, no pude dar con el.

    El lugar más tenso es la escuela, seguido de las putas alcantarillas también XD, la primera por esperar monstruos hasta por debajo de las mesas y unos salones de clases con ruidos metálicos más desalentadores de lo normal, la segunda por el cuerpo en la pared al tomar la escopeta…incluso le metí dos tiros a ver si el hijo de puta no se movía o algo.

    Las alcantarillas las sentí muy tensas por las criaturas y las pequeñas zonas por las cuales puedes moverte…noté que estos monstruos verdes hacen muchísimo daño y que salgan del techo me tenía con las gónadas hasta la garganta, que sea oscuro y el único sitio con nula banda sonora -aparte de los gritos bestiales- me provocó mal rollo, pero del bueno… y eso que no duramos ni 15 minutos si no nos pasamos las llaves.

    Volviendo con la ambientación y diseño de monstruos pues ninguna pega, me gustaron muchísimo y sentí un extraño cariño por los bichos fantasma de la escuela, aunque no me percaté de ninguno. De todos los Silent Hill el cambio de realidad de este me pareció de los mejores, aunque el de Shattered Memories es mi preferido, y en cuestión a gustos personales está ahí junto al Silent Hill 3.

    Otra cosa, la llamada de la pequeña y su aparición en el centro comercial me dejaron pasmado, así como lo acontecido con Lisa y la batalla contra Cybil otro tanto más, esta última en especial montada en al carrusel y aun sin balas tratando de matarte… joder creo que necesito jugar la continuación de la historia, el del 3, de nuevo para captar que tantos detalles en relación tienen entre si.

    Las hipótesis me cuadran, la verdad y pasé por alto muchas cosas en esta primera partida ahora que me acabo de leer la entrada.

    En fin, ha sido un trabajo brutal y redondo en todos los aspectos, saludos.

  • Muchas gracias :^]

    Silent Hill es brutal mires por donde lo mires. Es cruel, infernal, pero ahí lo tienes, una joya atemporal.

    Ahora que te has pasado el primero cuando juegues a Silent Hill 3 vas a tener un Nirvana de lo bien que encajan muchos detalles, ya verás.

    Saludos.

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