Silent Hill sodomiza a los dos géneros por igual [Silent Hill 2] [2/3]

Ángela Orosco. Una adolescente de 17 años que el jugador conoce en un cementerio buscando a su padre y a su hermano. Una mujer alterada, nerviosa y de talante perturbado que no guarda demasiada consistencia y coherencia al hablar y que muestra unas clarísimas intenciones suicidas asociadas con un pasado marcado por el abuso al que se vio sometida por parte principalmente de su padre, al que asesinó con el mismo cuchillo ensangrentado que Ángela abandona descuidadamente en una mesita de la sala de espejos del apartamento. Pasado oscuro, aspecto retraído y una personalidad impredecible y abocada a una locura e infierno interior que en Silent Hill se manifiestan como un mar de llamas que extinguen toda vida a su alrededor. Un alma atormentada ofrecida en sacrificio para alimentar al sediento Silent Hill.

A diferencia de Laura, Ángela verdaderamente ve monstruos, abominaciones representadas en forma de seres postrados encima de una mesa que te devoran con la vagina cuando se te echan encima. James se enfrenta a ellos en el hotel y en una sala del laberinto, donde se encuentra por penúltima vez a Ángela. Dichas criaturas no son otra cosa que el propio padre abusador de Ángela que la persigue por todo el pueblo y que no para de atormentarla continuamente hasta que James consigue derrotarlo en la sala del laberinto antes mencionada. Ella sí posee motivos para estar en un Silent Hill en el que sólo puede redimirse suicidándose devorada entre las propias llamas incandescentes de su infierno, como se puede apreciar en la escena de la escalera del hotel.

Pero esta apreciación se podría extender más en otra entrada, así que volviendo al tema, ¿cuál es el papel de Ángela? Al ser un personaje femenino muchos podrían pensar que es el típico secundario protegido por el hombretón de turno para asegurar su integridad. Pero no, Silent Hill es Silent Hill, señores. Ángela, a pesar de ser una parte integrante del juego, sólo aparece tres o cuatro veces a lo sumo durante toda la aventura. La primera en un cementerio a solas, la segunda jugueteando con el suicidio que proporciona el filo de un cuchillo, la segunda en el laberinto y la última a punto de morir en el hotel. De entre todas estas apariciones la única que muestra un mayor contenido de indefensión es quizás la escena del laberinto, pero ojo, aquí me gustaría añadir una serie de matizaciones.

Ante todo, Silent Hill 2 es un videojuego, y el hombre de la camilla de la sala del laberinto por motivos jugables se ajusta perfectamente al prototipo de jefe final de fase al que debe hacer frente James para avanzar en la trama. Segundo, Ángela mató previamente a su padre con un cuchillo, por lo que no se puede decir que ella precisamente necesitara la ayuda de James para poder hacerle frente de nuevo en otras circunstancias. Y tercero, la hostia que le mete con el televisor una vez derrotado es bien jocosa, aparte de alguna patada y unos insultos. ¿Algo así se podría considerar propio del machismo y de la imagen de la sociedad occidental? Desde mi punto de vista, no. Podría aparentar un rescate, pero Ángela precisamente no está allí para ser rescatada sino para enfrentarse a sus pesadillas y fantasmas del pasado. Quizás la aparición de James no sea nada más que un encuentro circunstancial, además, por motivos de guión, salta a la vista por los documentos que se encuentran que el juego necesitaba de algo así para poder profundizar en la psique de Ángela y no dejarla como una loca del pueblo que va por ahí pretendiendo suicidarse con lo primero que encuentre. Pro tanto, esta escena añade un poco más de profundidad y mala hostia al personaje de Ángela Orosco, no exactamente lo contrario. ¿Se podría haber desarrollado de otra forma? Por supuesto, al igual que el juego entero.

Para concluir, como se ha puesto antes, la función global de Ángela en esta ópera prima del terror psicológico es exactamente la misma que la de James o Eddie sin distinción. En Silent Hill, ella vive su propia vida y pulula por los sitios sin preocuparse de absolutamente nada más. Vive y deja vivir, se suele decir y es algo que encajaría con esta visión de Ángela Orosco. Por último, el demonio que martiriza a James desde sus entrañas, nuestra querida y adorable Mary Sunderland. Una mujer que un buen día visitó Silent Hill y quedó prendida de su encanto natural hasta el punto de considerarlo su “lugar especial”. Por una extraña enfermedad degenerativa, Mary quedó postrada en una cama de hospital decayendo a cada nuevo día que pasaba. Como consecuencia de esta enfermedad y sus efectos, Mary comenzó a degradar su personalidad y convertirse en alguien aborrecible que rompía toda muestra de cariño por parte de un marido todavía cariñoso y amable con ella. Acosada por las culpas y deseando morir, con la única compañía reconfortante de Laura, Mary había perdido toda esperanza de vivir. No se recuperaría y James seguramente estaba en una pausa perpetua por no saber qué hacer en esa situación. O por lo menos fue así al principio, hasta que de un fogonazo inducido por la presión de una vida destrozada y hecha añicos por la fatalidad asesina a su propia esposa, generando amnesia como un sistema de defensa. James nunca mató a Mary, hasta que acudió al llamado de Silent Hill.

En el transcurso del juego, Mary está completamente muerta, de hecho, Masahiro Ito en su Twitter puso claramente que su cadáver estaba en los asientos traseros del coche de James. Tal cual. La Mary que se ve al final del juego no es nada más que la proyección final del infierno de James, un punto de no retorno después de descubrir y aceptar su realidad. No es nada más que eso, y como se ha dicho antes, en Silent Hill no hay buenos ni malos, sólo gente que lucha contra sí misma. Mary no es ninguna mala peliculera, es sólo el reflejo enfermizo de James en un intento de alcanzar la salvación de su espíritu. No existe, tan sólo en la mente de James. Por tanto, la cuestión no sería cuál es el papel en este historia, sino cuál es su papel en la mente de James. Y así, no tiene ninguna cabida ni machismo, ni feminismo ni demás polleces. Todo lo que se ve es la tara mental de James, sus pensamientos más oscuros, obscenos y salvajes; y si algo tan íntimo debe ser filtrado por los la malla del machismo, feminismo y compañía, estamos ante un grave problema, no del videojuego, sino de la industria en general. Por algo Silent Hill 2 es considerado el juego que atañe el problema de la sexualidad desde la perspectiva más madura y seria de toda la industria de los videojuegos desde sus mismísimos orígenes.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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  • Me encantan tus entradas dedicadas a Silent Hill, sin etiquetas y yendo más allá de una valoración técnica. Saludos.

    • Me alegro muuuuuchoooo (>3<)/

      Ya ves, SH me ha calado tanto que me es imposible rebajarlo a un típico análisis o entrada de x o y :___

      ¡Saludos!

  • Es un análisis muy bueno acerca de cómo trabaja Silent Hill con los personajes, de ambos sexos (aún debo leer el del 3, mi favorito). Pero no sabía que Silent Hill hubiera provocado discusiones o polémica respecto a la sexualiación o no de sus personajes (supongo que los femeninos). Es algo que veo absurdo, la verdad, sobre todo sabiendo cómo es el producto medio de videojuegos, cine, música e incluso mera publicidad en ese aspecto… Pero es que, de todos modos, siempre me ha parecido un debate molesto, y que no lleva a ninguna parte. Somos seres sexuales, es nuestra naturaleza, y creo que reconocerlo y tenerlo presente, y sentirlo como algo normal, es una cosa que debería eliminar cualquier prejuicio sobre cualquier tipo de arte, se use como concepto trascendental o como mero reclamo para el consumidor. No dejo de pensar en que, mientras la gente discute e intenta censurar, mujeres son maltratadas en sus casas por hombres que no les importa lo más mínimo el arte en ninguna de sus vertientes, o niñas son violadas cada día por tipos ignorantes y que más bien entran en la categoría de zumbados, de putos tarados, así que… ¿qué puto problema hay con cómo se vean o comporten unos personajes, en cualquier medio? Son los dos grandes males de la humanidad: los miserables, y los mendrugos que, no contentos con no querer ver a los verdaderos responsables, todavían andan jodiéndonos a los demás.

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