Silent Hill sodomiza a los dos géneros por igual [Silent Hill 2] [2/3]

Después de escribir todo lo posible y humano sobre el papel y la función de los hombres y mujeres del primer Silent Hill, es el turno de retomar tan entretenida tarea con al segunda entrega de la saga. Así es, señores y señoras, den la bienvenida al considerado por muchos como el mejor Survival Horror de la Historia y por otros como la máxima expresión artística que demuestra que los videojuegos pueden perfectamente ser considerados como el Octavo Arte después del Cine.

Como prácticamente los otros dos Silent Hill, SH 2 es un videojuego que no necesita ninguna tarjeta de presentación. Oscuro, retorcido, depresivo, apagado, tan consumido y quemado como sus propios personajes. Melancólico y sumido en la profunda e impenetrable niebla de la psique de su elenco de actores. Tan complejo como la mente de su protagonista que acompaña sus pasos con un apartado sonoro tan opresivo y melodioso como el desarrollo del guión del videojuego. En definitiva, el último juego hecho por puro amor al arte por los integrantes completos del llamado Team Silent. Mismo equipo, mismo estudio, misma compañía. Y por pura lógica, mismo trasfondo y misma equivalencia sexual entre hombres y mujeres, siguiendo la estela dejada por su predecesor con una disciplina militar abrillantada y pulida hasta extremos irrisorios.

Aquí, al igual que en el primero, las mujeres adquieren protagonismo propio a pesar de ser unas simples secundarias que poco podrían aportar a una historia en principio sólo necesitaría de James y poco más. Y de nuevo, su número excede ampliamente al de varones, convirtiéndose en el eje de una trama que poco a poco se enturbia tanto que lo único que puede quedar al final del pasillo del Hotel Lakeview es una redención en forma de muerte súbita. Sin embargo, las mujeres de Silent Hill 2, a pesar de compartir base primigenia, no se comparan en absolutamente nada a las que hacen acto de presencia en un magistral primer juego; por tanto, antes de comenzar a leer la entrada, se recomienda cambiar completamente la chipset del cerebro y enfocar todo lo que se va a escribir en estas líneas en el contexto exclusivo en el que sólo se puede encajar Silent Hill 2, un contexto en el que el rollo sectario y demoníaco del primero no posee ninguna cabida ante el viaje interior, la amnesia y el autodescubrimiento simbólico de uno mismo. Acorde con el esquema de la anterior entrada, primero se retratarán a los hombres y posteriormente a las mujeres en dos apartados divididos en los que se explayará todo lo posible por intentar ver de forma genérica el por qué Silent Hill si fuera persona sería claramente bisexual.

James Sunderland. Nuestro querido Jaime Sunderland. Oficinista de profesión, casado, hijo de Frank Sunderland de acuerdo con The Room y de carácter bastante huraño según se comenta por las redes. Un tío que vivía un matrimonio común y corriente con su querida mujer hasta que ésta se le diagnóstico una terrible enfermedad degenerativa que acabó por convertirla en una especie de ser insufrible que rechazaba cualquier muestra de cariño de su esposo, metido en la bebida según se comenta, sintiéndose terriblemente sola y culpable por ello.

A causa de estas particulares circunstancias, la relación entre ambos se fue enfriando tanto que desembocó en el desenlace que se puede observar en el vídeo de la habitación 302, en el que el propio James, en un arranque quizás de depresión, de hastío, de ansiedad por poner fin a tanto tiempo de dolor y sufrimiento soportando a una persona a las puertas de la muerte; por compasión, por amor, por puro deseo, apaga el poco fuego de vida que todavía residía en el interior de su mujer Mary Sunderland. Mary muere y James comienza a padecer en lo más profundo de su mente las consecuencias, o mejor, la cadena de consecuencias que comenzaron a accionarse en cuanto James asfixió a la única persona que amaba o amó con todo su corazón con una almohada.

En ese momento, la vida de James seguramente se convirtió en una espiral infernal. Se perdió en su propia niebla y jamás pudo hallar una salida o luz hasta que finalmente encontró o creyó encontrar el detonante de su último viaje a las profundidades de su subconsciente. Una carta. Los muertos no pueden escribir cartas, pero ahí estaba, escrita por el puño y letra de Mary.

Prometiste volver a llevarme allí algún día.

Pero nunca lo hiciste.

Y ahora estoy allí sola…

En nuestro “lugar especial”…

Esperándote.

Estas palabras no pudieron ser escritas jamás por un muerto, pero sí por una mente trastornada. Antes de encontrarse contemplando las mansas aguas del lago Tolucca desde un mirador que conducía por un sendero al cementerio, James comenzó a desarrollar una serie de, por denominarlo de alguna forma, trastornos, que le provocaron una terrible amnesia por la que empezó a creer que su mujer había fallecido de esa enfermedad hace 3 años largos años y no 1 o 2 simples semanas. Una amnesia por la que olvidó completamente lo que se muestra en el vídeo de la habitación 302 y el cadáver de su mujer metido en su propio coche. Una amnesia que provocó que de un simple trozo de papel en blanco James comenzara a formular mentalmente un discurso completo, creérselo, dudar de ello y avanzar por las inescrutables tinieblas del neblinoso Silent Hill con la esperanza de encontrarse con su misma esposa, iniciando ese llamado Silent Hill 2 cuyo desenlace sólo podría terminar en catarsis.

En este punto, a vista de pájaro, se puede apreciar que nuestro querido protagonista y constructor de ese infierno o paraíso llamado Silent Hill ,primero, es un tío normal y corriente; y segundo un ser humano que comienza a padecer unos seguramente mal llamados trastornos a raíz de una experiencia clave y traumática en su vida. Un tipo que asesina a su esposa por una unión destrozada y por la presión de estar ante un ser querido que jamás volverá a ser el de antes, que jamás se recuperará, nunca más volverá a sentir esa alegría por vivir, por amar, por compartir tiempo con un esposo que todavía se atrevía a llevarle flores. James Sunderland es el gran mártir de Silent Hill después de Alessa Gillespie. Y lo peor de todo: su historia es tan real, tan íntima, que asusta. Como en el primer Silent Hill, James Sunderland traspasa la barrera pixelada y ficticia de personaje para convertirse en un ser humano de carne y juego completo y entero, un hombre que en las horas más bajas de su vida se aferra a lo único que puede dotar de un mínimo de sentido y luz a su taimada existencia.

En Silent Hill 2 James no es el padre loco de amor y desbocado que busca a su hijo inmerso en la infernal pesadilla de Alessa. En Silent Hill 2, James es el mártir que acude a la llamada de su propio espíritu redentor materializado en la pesadilla que sí mismo se fabrica a partir de las energías liberadas en Silent Hill. No hay historias de buenos y malos, no hay una lucha entre el bien y el mal, sólo un enfrentamiento constante contra lo peor de uno mismo. Y es este carácter tan jodidamente complicado lo que marca tanto la función del propio James como del resto de los personajes.

La pesadilla exterior de Alessa se interioriza y adquiere diversas formas. Ya no es el Otro Mundo de una niña de 7 años, es el Otro Mundo de James Sunderland, de Eddie, de Ángela Orosco y de Laura, lo que condiciona que este videojuego cumpla con la condición indispensable de que todas las almas que acuden a Silent Hill estén al mismo nivel. ¿Qué significa esto? Que James, por mucho que sea el prota, no es superior ni tiene mayor importancia que el resto de los personajes de la historia. Exactamente igual que en el primer juego. James no es mejor persona que Ángela, tampoco es superior a Eddie, ni siquiera a Laura. No lo es por ser hombre y tampoco lo es por ser persona. Él es el prota porque a algo se debe aferrar  el jugador como videojuego, pero realmente su función es tan relevante y transcendental como la de Ángela y Eddie. Él vive su infierno personal y aveces se junta con los otros dos personajes, pero más allá de eso, el único que lleva la auténtica batuta de la orquesta es el propio pueblo, por lo que ni siquiera se puede hablar de imposición sexual y otros topicazos que no tienen ningún tipo de cabida en un relato narrado por seres humanos normales y corrientes.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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  • Me encantan tus entradas dedicadas a Silent Hill, sin etiquetas y yendo más allá de una valoración técnica. Saludos.

    • Me alegro muuuuuchoooo (>3<)/

      Ya ves, SH me ha calado tanto que me es imposible rebajarlo a un típico análisis o entrada de x o y :___

      ¡Saludos!

  • Es un análisis muy bueno acerca de cómo trabaja Silent Hill con los personajes, de ambos sexos (aún debo leer el del 3, mi favorito). Pero no sabía que Silent Hill hubiera provocado discusiones o polémica respecto a la sexualiación o no de sus personajes (supongo que los femeninos). Es algo que veo absurdo, la verdad, sobre todo sabiendo cómo es el producto medio de videojuegos, cine, música e incluso mera publicidad en ese aspecto… Pero es que, de todos modos, siempre me ha parecido un debate molesto, y que no lleva a ninguna parte. Somos seres sexuales, es nuestra naturaleza, y creo que reconocerlo y tenerlo presente, y sentirlo como algo normal, es una cosa que debería eliminar cualquier prejuicio sobre cualquier tipo de arte, se use como concepto trascendental o como mero reclamo para el consumidor. No dejo de pensar en que, mientras la gente discute e intenta censurar, mujeres son maltratadas en sus casas por hombres que no les importa lo más mínimo el arte en ninguna de sus vertientes, o niñas son violadas cada día por tipos ignorantes y que más bien entran en la categoría de zumbados, de putos tarados, así que… ¿qué puto problema hay con cómo se vean o comporten unos personajes, en cualquier medio? Son los dos grandes males de la humanidad: los miserables, y los mendrugos que, no contentos con no querer ver a los verdaderos responsables, todavían andan jodiéndonos a los demás.

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