Silent Hill 2 – Llegada a Silent Hill [2/2]

Fuera del cementerio, el mismo camino siseante de tierra y matojos se prolongó sin bifurcaciones hasta el comienzo de un túnel, empapelado en paredes y suelo por carteles y periódicos; que desembocaba en una pequeña carretera de sentido único que, después de una ligera caminata, le condujo a Silent Hill. James, parado en mitad de la primera acera que pisaba de aquel lugar, comprobó el horizonte en un intento vacuo de discernir qué demonios había más allá de la grisácea neblina. Nada. absolutamente nada, como de costumbre. La niebla era demasiado espesa. Demasiado, pero ello no fue un impedimento cuando James decidió probar suerte caminando a la acera de enfrente donde encontró una floristería, abandonada; como todo lo de este pueblo aparentemente.

Desistió de indagar más por la zona, no había nada de interés, y mucho menos, rastro de seres humanos. Era como si el tiempo se hubiera congelado o como si avanzara en bucle, repitiendo una misma escena hasta más allá del infinito. Como si de repente la humanidad hubiera acordado al unísono desaparecer… Desolador, era la palabra que mejor describía en esos instantes el panorama, junto con desértico y perturbador, en cierto modo. Avanzó hacia el este tomando como punto de referencia la carretera por la que había entrado, pues el oeste estaba completamente cortado. Encima eso, vacío y cortado. Lo que le faltaba.

—¡¿Estas marcas… Son de sangre?!

Un rastro carmesí, reciente y brillante, estaba pegado al asfalto en dos direcciones que confluían en una sola en la calle de su derecha. La sangrienta línea continuaba varios metros hacia la derecha hasta desparecer permanentemente.

—¿Qué cojones ha pasado…

Parecía el rastro de un atropello, pero no había ni rastro de neumáticos ni mobiliario destrozado, ni siquiera había coches cerca, y los pocos que había estaban perfectamente aparcados. De modo que… parecía como si hubieran pegado un tiro a alguien y éste se hubiera arrastrado, ¿en dos direcciones?

—Qué habrá pasado…

Siguió con la mirada el trazado de la mancha hasta el fondo de la calle…

—Esa sombra acaba de…

Una silueta se había adentrado en la niebla, al fondo de la calle. Algo o alguien se había movido en la dirección del rastro de sangre… ¿El asesino? ¿La víctima? James se estaba empezando a asustar, lo reconocía abiertamente. Mejor, estaba empezando a acojonarse. ¿Qué coño había pasado en este pueblo? Primero la niebla, después el cementerio, luego el abandono y ahora una figura que se desplazaba como un borracho a ninguna parte. Algo jodido, muy jodido, había pasado en Silent Hill. Muy muy jodido. Y mucho se temía que él era el único disponible para preguntar qué era. De modo que tenía dos opciones: o continuar o marcharse. Había llegado hasta allí después de un viaje extenuante… y tampoco le apetecía encontrarse con esa loca de nuevo… Sólo le quedaba la primera. ¿Y si resulta ser una amenaza? Tampoco tenía armas, ni pistola, ni nada… Igual de jodido que el pueblo.

—Fantástico.

Marchar adelante, confiar en su suerte y encomendarse a Dios o a los dioses locales. Con un paso un tanto forzado, siguió la trayectoria de la silueta. Después de recorrer un bloque entero de edificios, torció a un diminuto callejón que se abría a su derecha, donde seguramente se desvió ese algo o alguien, y continuó hasta una zona enrejada, como un pequeño patio, con mesas, donde se detuvo para tomar aliento un rato.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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