Silent Hill 2 – Primeros pasos [1/2]

Se miraba fijamente en un espejo empañado por las grietas y la suciedad de unos lavabos insalubres. Solo. Mirándose como si no fuera capaz de reconocerse a sí mismo. Con un pensamiento superfluo rondándole su neblinosa cabeza. Aunque se tocara la cara, por mucho que se convenciera de lo contrario, todo lo que percibía en ese momento era una nueva realidad que le arrancó un suspiro. Había llegado hace tan solo un par de horas y todavía no sabía por qué. Un denso silencio aterciopelado por el moho de las baldosas y los carteles de una bailarina engullían su interior en una espiral descendente como su mundo interior. ¿Qué demonios estaba haciendo allí? ¿Por qué estaba pasmado enfrente de un espejo en unos baños públicos al lado de un mirador? Quizás él estaba allí plantado enfrente de un espejo para resolver esas incógnitas. Sobre todo una de ellas: Mary… ¿es realmente posible que estés en esta ciudad? Cuestionó a la Nada que acompañaba su soledad. Había llegado hace tan solo un par de horas con la idea de poder resolver una vez esta respuesta que le había atormentado desde hacía poco más de una semana. Que le iba a atormentar hasta que no alcanzara el punto álgido de la pesadilla que se extendió desde el momento en que los faros de su coche alumbraron la calle principal que conducía a aquel lugar llamado Silent Hill. Un lugar místico, según se comentaba.

Suspiró de nuevo apartando esa línea superflua de callejones sin salida que lo deprimían en vez de ayudarlo. Era hora de empezar su andadura. Se marchó del baño. En el exterior, una niebla opaca, cortante, asfixiante difuminaba los contornos de la foresta y los objetos. Una niebla que ocultaba la presencia de todo aquello que se escondiera entre sus etéreas ramificaciones. ¿Y esta niebla? Se preguntó caminando lentamente hasta lograr apoyarse en el muro del mirador con la intención de contemplar el desolador paisaje del lago Toluca. No lo recordaba tan sumamemente… triste.

En mis sueños más inquietos veo esa ciudad. Silent Hill.

Martilleaba su cabeza por el camino sin margen para el descanso.

Prometiste volver a llevarme allí algún día.

Una promesa incumplida perdida en la lluvia como tantas y tantas otras palabras de amor.

Pero nunca lo hiciste.

Y ahora estoy allí sola…

En nuestro “lugar especial”…

Esperándote.

Recibí  una carta. En el sobre aparecía el nombre de “Mary”… El nombre de mi mujer… Es ridículo. Es totalmente imposible… No dejo de repetírmelo una y otra vez… Los muertos no pueden escribir cartas. Mary murió de aquella maldita enfermedad hace tres años. Entonces, ¿por qué la estoy buscando? Nuestro “lugar especial”… ¿A qué se refería? Toda la ciudad fue nuestro lugar especial. ¿Se refería acaso a aquel parque en el lago? Pasamos allí todo el día. Los dos solos, contemplado en agua. ¿Está allí Mary realmente? ¿Está realmente viva… esperándome? ¿No te crees que los muertos escriben cartas pero lo primero que haces es acudir al llamado de tu esposa muerta? ¿Estás seguro de que murió hace tres años? Vuestro lugar especial…

—Nuestro lugar especial…

James se desbordaba con todo este torrente de preguntas que le angustiaban con cada nuevo paso. Es materialmente imposible que un cadáver escriba una carta, es algo lógico. Pero… una irremediable atención le había obligado a montarse en el coche y ver con sus propios ojos el lugar especial de la carta. Era casi una ansiedad, un deber moral que debía cumplir no sólo para saciar su curiosidad, sino para sentirse bien consigo mismo. Bien, era bastante matizable, James estaba de cualquier forma excepto bien. Entre los dolores de cabeza y la sensación permanente de que algo desentonaba en su memoria, una náuseas punzantes casi le provocaban ataques de vómitos, por no hablar del alcohol… Pero entre vómitos, borracheras e incertidumbres estaba clarísimo que no iba a llegar más allá de las escaleras que desembocaban en un sendero cerca de una furgoneta blanca. Darlo por sentado y partir a la aventura, como los recuerdos emergentes de una breve pasión con su esposa.

—Mary…

Había llegado a Silent Hill por su cuenta impulsado por las reticencias de un amor inseguro, tan inseguro como la carta, su contenido y el nombre que se perfilaba en ella. ¿Y si fuera nada más que un trozo de papel en blanco…? Era una posibilidad, pero en ese caso, James no debería estar en el mirador de Silent Hill sino en el manicomio de Silent Hill.

—Hora de ponerse en marcha…

Antes de alejarse por el sendero a su derecha, se acercó a su coche donde cogió un mapa que compró la primera vez que vinieron. Estaba intacto y en el asiento delantero del conductor. De esta forma se ahorró mirar los asientos traseros donde, según se dice, aguarda el cadáver inerte de su esposa. Pero ese tipo de detalles, habían sido olvidados por la mente de James.

Anduvo hacia las escaleras abiertas en el muro que conducían, de acuerdo con el demacrado cartel, al lago Toluca. Descendió por las escaleras hasta un sendero de tierra que cruzaba en zig zag el bosque. La imperante niebla ocultaba completamente los contornos de la foresta del alrededor y el fondo del mismo camino, como si se tratara de un túnel sin fondo, sin principio ni final, casi opresor por la escasa visibilidad. Pero James no se amedrentó. Esto sólo era el principio. No tenía ningún sentido echar la vista atrás y rehacer todo el camino. No. Tenía que encontrar a Mary. Empezó su caminata trotando ligeramente para después correr como una exhalación unos pocos metros y finalmente aminorar la marcha al enflaquecer peligrosamente sus piernas y exhalar jadeante, recorriendo el resto del camino serpenteante y en continuo descenso a una velocidad moderada, a la vez que en ocasiones escuchaba unos desalentadores sonidos procedentes del lago, parecidos a un chapoteo, que no lograba asociar con animales conocidos típicos de ese tipo de entorno. En un punto del camino, después de un tramo que le pareció eternizante, encontró un pequeño pozo encaramado en una plataforma.

—¿Y esto…

Se aproximó a la abertura del mismo y se asomó a su interior.

—¿Qué es esto…?

¿Una baldosa? ¿Una carta? Un cuadrado o rectángulo rojizo estaba tirado en en el fondo como si fuera un trozo de basura inútil. Mirar esto me hace sentir como si alguien andase a tientas dentro de mi cráneo. Me produce una extraña sensación.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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  • Uuuuh, augura una serie de entradas de lo más interesantes con el relato de SH2. Espero que esté tan genial como lo hiciste con el primero 😛

    Saludos!

    • Las haré cortas para mantener el nivel y no desperdigarme entre tanta teoría, hipótesisy simbolismos XD

      Saludos :^

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