Nihilismo

Si la muerte supone la anulación de toda existencia, la vida es su penitencia. No se da peor circunstancia que la de habitar o coexistir con otros tantos seres humanos en un globo terráqueo abocado a la más nociva de las extinciones. Deber conocer que la persistencia se ata a unos condicionantes inadmisibles de género diverso que no pueden ser superados o aventajados de modo posible o concebible sin asumir las indefendibles consignas del deletéreo positivismo. Sapiencia perpetua que anida la amargura y la frustración con cada renovado resoplo de información que filtra la perspectiva única. Pues, a la tierra se llega a morir, como todo lo marchitable que sobre su superficie florece. La perpetuidad del espíritu, falacia queda en incongruencias. La trascendencia del profundo ego que se perpetúa incansablemente a lo largo de las eras, altivo sino que desprecia a la grandilocuente masa de impíos adocenados, insufriblemente displicentes, que recorren entonando jerigonzas las negruzcas arterias como la brea que conectan la superficie terrena. Mortales, insuficientes, discordantes, malditos. ¿Qué sentido posee el vivir?

Si para Heidegger el dasein es el yo presente, el que resiste a la vida con las múltiples potencias de su ente y no toma repudio cuando la angustia le sobresalta, condición desconocida e inmanente; cómo se denominaría a aquél ser que únicamente vislumbra la muerte como meta plausible, desprendiendo apego alguno referido a la búsqueda de una finalidad intrínseca e incompleta. Su denominación no recuerdo. Tampoco importaría. La episteme labrada con el alba de las eras desaparecerá. Las lápidas de los camposantos se disolverán, irreconocible la memoria de las criaturas que bajo ellas se sepultaron. La entelequia común se descompondrá y las ilusiones, las esperanzas y las animadas ensoñaciones se ensombrecerán. Umbrío cieno universal esconderá su legado y la animosidad de la que una vez evolucionó desde una animalesca casualidad sucumbirá al desaire del vacío. Nada permanece. Nadie se mantiene. Ni los estultos dioses. Ni el dasein ni el fenecimiento. Negrura y oscuridad. Reiterado nihilismo, discurso replicado. Texto bendecido en extremo por el desagrado.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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  • Bonito texto. Alguna vez he sentido la existencia de esa manera, con un pesimismo que parecía tan propio de la carne como el sudor.

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