Estación

Tren oxidado irrumpiendo entre los templados aceros. Acallando las miles de voces exclamativas. Exhortativas entre el polvo.

—¿Quién?…

Un ser encolerizado, mirando entre vigas de mármol, acompañado de sus músicos en partenones de aluminio.

—Es él…

Un súbito resplandor. Desamparado en miles de neones grises, oblicuos formando estructuras caóticas. Vórtices.

—¿Dónde estará?

Un joven acompañado de cables negros. Coberturas de cobre fusionadas en su piel. Ojos multicolores. El infinito. El espacio.

—¿Ése soy yo?…

Nada. Vacío condensado en miles de motas famélicas, suspendidas.

—El mar…

El llamado retorna. Recapitulas tu trayecto. Estás andando errabundo por una ciudad. Fortaleza de los débiles y vencidos.

—Intentando averiguar….

Un origen intrínseco de la amalgama. Un mero sentido visual capaz de atravesar la red.

—Yo…

La máquina fue tragada agónica por la serpiente. Resurges de tu estupor. Un cartel de salida. Una puerta de acero. Miles de aspas y luces.

—La estación…

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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