Nanotipos

—Tres desfragmentadoras y sobran cuatro estabilizadores. —Len reincidió desde el fondo. La tercera vez en 15 minutos. No se va a callar nunca.

Replegué los teclados holográficos disminuyendo los potenciadores energéticos. Otra tarde de negocios livianos. Como sigamos así la ruina se nos echa encima. ¿Qué demonios le pasa a la gente? ¿Tantas redadas e inspecciones han suavizado su espíritu de rebelión? Con cuatro cargamentos de rifles, pistolas y drogas y ni un sólo desdichado consumiéndolos.

—Alguien contactó conmigo esta mañana. Un pirata. Infiltrado lo pilló duplicando los registros de la nueva I.A. y ahora me viene berreando queriendo que restaure su querido porno —puntualizó algunos datos triviales de la tabla de registros monetarios—. Estúpido imbécil, ¿se cree que trabajo gratis? Más le vale venir con un jodido fajazo de pasta si no quiere verse de patitas en la calle. Con la policía buscándolo por cada puta esquina infecta de esta ciudad, si nos localizan juntos es mi fin, el suyo y con probabilidad el tuyo.

Forcé una amarga sonrisa. Entre ese gilipollas y la falta de presupuesto externo, mi tinglado se iba a la mierda.

—¿Qué tienes pensado hacer?

Len se sentó en un sofá grasiento.

—Contactaré con él a través de una línea cifrada segura. Si no hay trato que le jodan. Le enviaré por correo físico sus datos, si acepta claro.

No desestimé el buen juicio de mi amigo, pero si lo encarcelaban…  era culpa suya. Si la fianza era muy alta, lo siento compañero. El negocio es el negocio. Estar alerta es lo mínimo que se requiere para subsistir al menos una semana en la Ciudad. Incluso cuando la competencia se había rebajado por los intervenciones.

—Un pandillero bastante flipado me comunicó que su querida guarnición espera abastecerse de más armamento. Alguien se cargó a Rikon Masley, el líder, y ahora andan peor que putas en un burdel ilegal asaltado por la pasma.

—Por fin. ¿Cuánto?

—Dos cajas repletas de 9mm, M59, cargadores, intravisores —se rascó la frente con un dedo—, munición a raudales, granadas de humo y fragmentación, EMP y los nuevos nanotipos a distancia.

Sorbí un poco de café. ¿Nanotipos a distancia? Esa mierda era demasiado avanzado para un puñado de sintéticos prepúberes.

—¿Nanotipos?

Len se acercó a la venta anodino. A pesar de tener 19 años, el chaval se desenvolvía con bastante fluidez. Como un tiburón empresarial.

—Ni puta idea de para qué los quieren. La cuestión: mientras esos idiotas se pegan tiros y se dan de hostias nosotros ganamos pasta por un tubo. Están dispuestos a pagar bien. Nada de trueques ni remilgos. Metálico, limpio y de una sentada.

Por primera vez el dinero comenzaba a aflorar.

—¿Dónde es el punto de reunión?

Len me miró de soslayo.

—Sector 7.

Sector 7. El puto Sector 7.

—¿Están jodidos de la cabeza?

Len suspiró con un ademán obstinado. Joven e imprudente, cómo no.

—No te preocupes. He pensado en enviar a nuestro corresponsal de relaciones públicas por excelencia: Karl. El pirado ése que a veces habla en un idioma raro.

Me sobresalté ligeramente.

—¿Vas en serio? Ese novato no tiene ni media hostia. No estoy de acuerdo.

Se me encaró apelando a mi falta de convencimiento.

—No seas así, tío. ¿Qué mejor forma de curtirlo en mil batallas que mandándole de cabeza a la peor de todas? Además, tú y yo somos los jefes y los únicos que importamos. Si lo matan de una paliza o colgándolo por el pene en el eje de un ventilador de las Intramurallas, otra entrevista de trabajo a algún subnormal parecido y caso cerrado.

No me desagradó la propuesta. Mientras que no acabara salpicado por su sangre, por mí como si se iba al puto Cielo subiendo unas escaleras de oro macizo. Además, Karl como chico de los recados se exponía a este tipo de tratos arriesgados.

—Está bien. ¿Cuándo se pira?

Len comprobó la hora.

—Mañana a 23 de Senrell. 14 horas de la tarde.

—Si fracasa yo mismo lo mataré ahorcándolo del pináculo más alto de la Ciudad.

Molesto. Insistió en su postura.

—Vamos, Bran, no seas así. Está todo planeado. Si lo secuestran ten por seguro que nada ni nadie volverá a saber nada de él. Me he asegurado de salvaguardar sus registros para después borrarlos en caso de inconvenientes. Pulsar un botón y ¡chas! ¡desparecido de la faz de la Tierra!

—Qué remedio. Por cierto, hay que comprar más material.

Una amplia sonrisa bordó su rostro.

—¡Ése es el Bran que yo conozco!

Mirando el lado bueno, tener una contingente de ineptos luchando por causas perdidas es una fuente de ingresos. Ya va siendo hora de deslocalizarse y abrirse a nuevos mercados. La Ciudad rara vez brinda oportunidades empresariales tan claras como ésta…

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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