Monotonía

Zarcillos de humo envolvían los rotores mecánicos. Motores, engranajes, piezas, conversores, extremidades de titanio… Basura acumulada en firmes laderas. El paraíso de cualquier caza-tesoros. El lote doce llegaría dentro de cuatro horas y más basura, basura y más basura. Deshechos y desperdicios tan altos como montañas… Si no fuera por el sueldo aceptable habría abandonado este nicho pútrido hace años. Es peor que un cementerio.

Un led se iluminó. Era hora de derramar el ácido. Comprobé los interruptores y palancas. No se podía tolerar ni el más mínimo error… Los sensores se estabilizaron y los conductos vertieron su solución industrial disolviendo la masa herrumbrosa. Otro día más. Lo mismo una y otra vez. Si no fuera por el sueldo. El reloj anunció la hora del descanso. Despejé el inventario y reinicié los contadores. Cada día camiones enteros descargaban más y más mierda. El otro día el pobre Richar casi se cruje la espalda. La gente se despoja de esas cosas como si fuera inmundicia, como si se evaporara o algo por el estilo. Intenté prepararme un café en la sala de descanso pero la cafetera estaba estropeada. Otra vez. Joder.

Me senté en un sillón de felpa desconchado por el uso con las piernas doloridas. Esa gente nunca piensa dónde coño va a parar tanto trasto… Ni se molestan. Como si fuéramos máquinas. Como si todo esto estuviera automatizado… Bah, de todas formas, en la Ciudad este tipo de cosas nunca preocupan. Tragar y engullir tecnología, chupar su última gota de energía y despojarse de ella como su dinero virtual. Si tuviera más dinero… Joder…

—Oye Rod —Tin me reclamó desde la entrada—, ¿has hecho el inventario?

Señalé un trozo de papel sintético pegado a un tablón de conglomerado.

—Está donde siempre.

Tin avanzó resuelto hasta él con mirada risueña. Lo arrancó y se puso a inspeccionarlo.

—Oye, ¿te has enterado de lo que pasó con la hija del jefe de la planta 9?

Me encendí un pitillo. Tampoco me interesaba en absoluto, pero no tenía nada mejor por hacer.

—¿Se le ha escapado la hija? —contesté.

Tin se sentó junto a mí después de propinar un puñetazo a la cafetera.

—Se escapó con el miembro de una banda. La más chunga de los Sectores. Ángeles Caídos Babilónicos. ¿En qué demonios estaría pensando?

El humo flotaba, como el humo que salía expelido de los sistemas de ventilación de la planta. Se suponía que toda esa cantidad de contaminación era limpiada por los ventiladores conectados a las murallas, a las Intramurallas. Se suponía.

—A saber. Ella sabrá lo que hace. Si aparece destripada en la acera es su puto problema —rezongué con la respuesta más cansado que desinteresado.

Tin marchó de regreso a la puerta silbando.

—Es una pena. Era una chica muy guapa.

Salió de la salita. Me quedé solo en la estancia fumando desganado.

—Una menos de la que preocuparse.

Desde hacía varios días que me había planteado hablar con mi mujer para una mudanza y traslado hacia 4. Al menos allí salir a la calle no era un deporte de riesgo como en 6. Y 7… Tuve un escalofrío. Un amigo mío era del Sector 7. Un tipo muy extraño que acabó por suicidarse arrojándose a la lava de una de las piscinas. Qué mierda de vida.

Me levanté y rellené un vaso de plástico con el agua enlatada de un surtidor. Escupí asqueado. Cada día estaba peor. A saber cuántas aguas residuales habían sintetizado para hacer esa mierda. Sin embargo, me la bebí de un trago. Estaba demasiado sediento como para escatimar y tiré el vaso. Y entonces, me di cuenta. Fue como un déjà vu. Había repetido esa acción 265 veces, es decir, todos los días de mi mediocre vida que había gastado trabajando en esta central de desechos. Todo estaba igual. Todo es igual y será igual. Tin ilustrándome con las últimas noticias sensacionalistas, aerodeslizadores volcando desperdicios, la cafetera estropeada… Monotonía. Siempre he sido un inútil incapaz de aspirar a algo grande, algo verdaderamente importante, pero nunca imaginé que fuera a acabar en este antro. En fin. Qué se le va a hacer…

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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