Manifiesto satanista

La volición de horadar en el plano mortal y efímero una resolución absoluta a la angustia trascendente y a la querella autoimpuesta por la pervivencia de la memoria, o la alteración del sino inefable que atribula los inmarcesibles senderos de la réproba persistencia; me ha impulsado a proyectar el manifiesto requerimiento de anunciar con solvencia mi afirmación como satanista sin prejuicio de corrientes, movimientos o adscripción alguna a organizaciones o iglesias. Satanista perdida o mera apariencia, como fuere; así quede plasmado en esta exposición, como los cinco preceptos en los que se conjuga esta deliberada y hosca doctrina.

  1. Ateísmo

No existe mayor Dios o Diablo, en sentido extenso y no concreto, que aquél que devuelve la mirada desde las hondonadas de la conciencia. Sin máximo juez que el evocado desde la mente, que ninguna divinidad plante la simiente de la superstición o la pretendida creencia de que una entidad superior, imaginaria, sea capaz de modificar o anular el fluir del destino. Un influjo que ni siquiera recae ante la fortuna, pues la concatenación del Hecho es un verdugo sutil y mortífero que augura tanto una coruscante catarsis como una opaca decadencia. Que caigan los ídolos y que del barro sólo se figuren quimeras producto de la desesperación, de la ensoñación, de los terrores que nos aquejan. Empero, que esta contundente negación de la Providencia no impida la sapiencia sobre la misma ni el libre acercamiento a su entramado religioso-ideológico-cultural-social.

  1. Nihilismo

Si la muerte supone la anulación de toda existencia, la vida es su penitencia. No se da peor circunstancia que la de habitar o coexistir con otros tantos seres humanos en un globo terráqueo abocado a la más nociva de las extinciones. Deber conocer que la persistencia se ata a unos condicionantes inadmisibles de género diverso que no pueden ser superados o aventajados de modo posible o concebible sin asumir las indefendibles consignas del deletéreo positivismo. Sapiencia perpetua que anida la amargura y la frustración con cada renovado resoplo de información que filtra la perspectiva única. Pues, a la tierra se llega a morir, como todo lo extinguible que sobre su superficie florece. La perpetuidad del espíritu, falacia queda en incongruencias.

Si para Heidegger el dasein es el yo presente, el que resiste a la vida con las múltiples potencias de su ente y no toma repudio cuando la angustia le sobresalta, condición desconocida e inmanente; cómo se denominaría a aquél ser que únicamente vislumbra la muerte como meta plausible, desprendiendo apego alguno referido a la búsqueda de una finalidad intrínseca e incompleta. Su denominación no recuerdo. Tampoco importaría. La episteme labrada con el alba de las eras desaparecerá. Las lápidas de los camposantos se disolverán, irreconocible la memoria de las criaturas que bajo ellas se sepultaron. La entelequia común se descompondrá y las ilusiones, las esperanzas y las animadas ensoñaciones se ensombrecerán. Umbrío cieno universal esconderá su legado y la animosidad de la que una vez evolucionó desde una animalesca casualidad sucumbirá al desaire del vacío. Nada permanece. Nadie se mantiene. Ni los estultos dioses. Ni el dasein ni el fenecimiento. Negrura y oscuridad.

  1. Individualismo

No perseguir como meta prioritaria ser aceptado por comunidad alguna. No rebuscar la aprobación de grupos o sociedades. Tampoco habitar como un antisocial, pues la plena inserción cívica es requisito indispensable para la civilización, lo que distingue al ser humano íntegro de las más irracionales y reprobables bestias. Pues, este individualismo ha de ser enmarcado como soledad, como cualidad del introvertido que se desprende de una acuciante necesidad social que lo alinea en contra de su naturaleza.

  1. Introspección

Sin Dios ni Diablo, la conciencia y su valor como introspectiva ha de ser la guía y faro del pensamiento, el conocimiento y la crítica. El «yo» debe anteponerse como filtro cartesiano, mas no desprenderse completamente de lo que se capta externamente, que puede ser o no incorporado según el sesgo subjetivo.

  1. Sobre la naturaleza de este satanismo

Un satanismo sin nombre y presa de la indefinición, que emerge del desencanto antes que de un auténtico deseo de codificación y expansión. Un satanismo que propugna por la hermandad universal, siempre y cuando ésta no implique restringir o coartar, ideológica o físicamente, la libertad de cada ser humano en la plenitud de su denotación. Si bien es cierto que el mundo es heterogéneo y el ser humano posee la inmanente predisposición de desarrollar una perspectiva exaltada, limitada, simplista o animalizada, no queda mayor remedio que someter esta relación al libre albedrío o a la posibilidad de la circunstancia. De igual manera, el empleo de “satanismo” y su simbología es equivalente a la función de un mueble: baúl identificable que encarrila la interpretación de esta doctrina en un sentido sombrío y moderadamente transgresor.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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