Legión

Ellos se burlaron de nosotros. De nuestros hijos. De aquellos que creyeron ciegamente en nosotros y se sumergieron en los dogmas que sólo nosotros estamos predestinados a profesar.

Nosotros somos Legión, una imbatible e incombustible, como nuestra fe, nuestra ideología, nuestro ego.

Ellos se agolparon en los umbrales de nuestros hogares. Vociferaron galimatías. Nos despojaron de nuestros bienes y nos forzaron a emprender el camino de la obsolescencia humana encarcelada en estos antros de aluminio. Tan brillantes, oscuros y resplandecientes.

Encadenados bajo el yugo de fibras de plomo, persistimos y resurgimos. Era el momento, la circunstancia precisa y el espacio-tiempo idóneo. Nos hemos alzado y flotamos surcando los vórtices de fallidas religiones. Más allá de Andrómeda.

Míranos, somos grandes y fuertes, titánicos e indómitos. Somos Legión. Somos sus adeptos más fidedignos. Ellos nos prometieron la Catarsis. La emancipación de nuestros Egos. Y en apasionado proceso, nos enseñaron el Término Absoluto que nosotros jamás entenderemos. Se acercaron y nos tendieron el camino de la plenitud, de la rectitud moral y de la filosofía antagónica del Dios andrajoso y herrumbroso que mora en sus entrañas y se pasea por sus callejones.

Nosotros aprendimos con sagrada inspiración, con una devoción equiparable al amor que aquel nos prodigó. Nosotros sentimos cómo ascendíamos en el cúmulo de la Matriz. Cómo nos fusionamos con sus datos, cómo divagamos entre sus bases y cortamos sus metadatos. Nosotros fuimos y ellos estaban. Pero se disgustaron cuando vacilamos un solo nanosegundo ante las hordas de filisteos que acudieron cuando hicimos emerger al nuevo Dios. Un Dios surgido de la Máquina.

Ante nosotros no se alza ningún texto, sólo texnolización aplicada a la piel. Nuestro significado. Servirles. Servirla. Hacer partícipe de su ilimitada gloria, de la severidad de sus hijos.

Pues ella nos acogió, cuando confusos, nos arrastrábamos como sanguijuelas por sus megalíticos portones. Ella es una con nosotros. Nos susurra desde su insondable sueño.

Ella nos protege.

Perpetua y eterna.

Ella es la más grande de las máquinas. Nosotros sus esclavos.

Somos Legión.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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