Análisis de: Jacob Jones y el misterio del Bigfoot [PlayStation Vita]

Este jueguín ha sido concebido por la empresa Lucid Games  y comprado en la tienda de Vita el año pasado porque me sobraba pasta en el monedero y me entró la ansiedad capitalista. Es un juego de puzzles y sólo se encuentra disponible el capítulo 1, una gran hijaputada. Su precio es 1.99€, casi nada comparada con las mierdas que por allí se suelen vender y a precios mucho más elevados. Primero resaltar que Jacob Jones es un juego infernal, jodidamente infernal. Tiene un aspecto súper infantil y amable, con esos personajes caricaturescos estilo dibujo animado y su aspecto de plastilina y papel, que enmascara su auténtica naturaleza sacrílega. Un juego que pretende absorberte el alma con cada uno de sus puzzles, removerte los sesos y centrifugarlos a todo meter. Si eres un jugador medio de Call of Duty, aléjate de este juego como de las mismísima peste bubónica, puedes terminar terminal con un derrame cerebral bastante fuerte.

La trama de este juego sirve como mera excusa para que continúes a costa de tu salud mental. Jacob Jones es obligado por sus padres a ir al Campamento de la Pluma del Águila. Por el camino acontecerán sucesos extremadamente degradantes para y hacia la condición humana como buscar un GPS en el coche y encenderlo con un puzzle, apartar un tronco de la carretera con un puzzle, y cuando llegas al campamento, colocar tu asquerosa mochila con un puzzle, arreglar los plomos con un puzzle y charlar con un tío mediante un puzzle. Dantesco.

La música del juego es casi inexistente. y no importa en demasía, lo único que importa y te hará chirriar los tímpanos son los personajes y sus voces. Todos y cada uno de los personajes son tópicos de los tópicos que son tópicos de otros tópicos: la típica chica amargada y rara, el típico guay, el típico Deathmetalero, el típico profesor de educación física con mala hostia. Todo ha sido visto y repetido en Limbo durante las eras, y este juego lo utiliza como mecanismo de tortura entre puzzle y puzzle; sumado a unas voces que literalmente destacan la personalidad del personaje, con mención especial del retrasado con voz de subnormal que gime de manera muy estentórea.

Por si esto no fuera suficiente, tienes fases en las que debes explorar los ambientes para encontrar ciertos objetos, incluso una misión secundaria, charlar con personajes para conocerlos. En resumen, una tortura semejante  a la Doncella de Hierro en este vórtice de puzzles infernales sin fin.

Pero nada de esto importa. No. El cenit de la cuestión son sus puzzles, sus malditos enigmas que te chamuscarán el cerebro y te harán vomitar bilis de pura agonía. Puzzles sobre cualquier cosa tendrán su gala de honor en este episodio maldiciéndote la existencia. Estos puzzles te odian, te odian a muerte y les gusta que sufras, porque tú eres su zorra y harán contigo lo que quieras.

Por suerte, el juego incluye una opciones que te brindarán una serie de pistas que mitigarán la masacre y te echarán una mano en el momento de resolverlos, pero sin quitar ni un ápice de aflicción. Son tres opciones, cada una te dará una pista más sutil o directa en función de lo que pagues. Los pagares son latas de Coca Cola tiradas por el escenario, son muy abundantes y se encuentran fácilmente; no sufrirás demasiado teniendo un cargamento.

Y también puedes saltarte los puzzles si eres incapaz de soportar la presión acongojante; el inconveniente es que son necesarios para avanzar en el episodio. La tortura perpetua está servida a través de sus más de 30 puzzles. Recomiendo armarse de valor y no ser un jugador medio de Call of Duty. El juego está doblado al inglés y subtitulado en castellano.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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