Ibídem

Información. Muchísima información. Tanta como persona habitan el mundo. Tanta que desborda.

—¿Has encontrado la placa?

—No.

—Mierda. Tenemos que encontrarla antes de que sean las 7 en punto, si no, el jefe nos matará. Nos ahorcará como poco.

—No te preocupes, Henri, no te preocupes. Lo encontraremos.

—Llevamos varios días buscando esa maldita placa. Por cada uno de los rincones de las Intramurallas, por cada uno de los distritos de la Ciudad, de 6, de 5, de 4, de todos los rincones de este mundo y todavía no hemos encontrado esa maldita placa.

—No te preocupes… Henri. Este mundo es reducido algún día aparecerá.

—¿Algún día? Te recuerdo que en cuanto sean las 7 y no hayamos encontrado la placa estamos muertos. Los dos. Despedidos y en la calle a pudrirnos del asco.

—¿Torcemos a la derecha?

—¿Y por qué no a la izquierda?

—Intuición.

—Joder… Vamos.

—¿Qué es esa placa?

—¿No lo sabes? ¿En serio?

—Tenía otras cosas en mente.

—Así que, ¿te saltaste la reunión, no es así?

—Sí, no pude evitarlo.

—Eres de lo que no hay. Bueno. La placa es una base de datos física de hace dos generaciones. Una Anxtrium Psique. El último modelo de su época, vamos, de hace un año.

—Vaya nombrecito.

—Ya, pero es lo de menos. Lo importante es conseguirla e irnos.

—¿Y qué contiene?

—Uhh… ¿Por qué quieres saberlo?

—Tengo a derecho saber qué es lo que estoy buscando, exactamente.

—Bueno… Uhmmm… Según tengo entendido toda la información personal de un tío.

—¿Qué tío?

—Uno de 4. Un vándalo y un haragán buscado por la policía. Un tío que al parecer decidió jugársela y empezar a borrar información personal valiosa.

—¿Y por eso lo buscan?

—Algo así. La primera regla de oro que hay en la Ciudad es que ningún dato debe ser borrado de los servidores centrales, ya sabes, la ID de cada ciudadano. Info sensible, datos relativos a la vida privada, trabajo, posición, personalidad, ideología política… Todo eso no debe ser borrado de la Ciudad si quieres seguir viviendo y no querer ver tu cadáver arrastrándose como un despojo por los Ramales, mientras un montón de vagabundos lo miran y lo mordisquean. ¿Has escuchado alguna vez la leyenda de los vagabundos caníbales? Se cuenta que son viejos aumentados obsoletos que fueron abandonados por algún motivo y ahora se arrastran por los Ramales, lo que ellos llaman su hogar. Devoran restos de los cadáveres y dominan el Submundo como semidioses. ¿No te parece jodidamente escalofriante? Porque a mí sí.

—Borrar datos… Datos… ¿Todos estamos registrados en el mismo servidor?

—Sí. Todos los que vivimos en la Ciudad estamos obligados a estar en el servidor. Si no, fuera o desterrado.

—Así que ahora somos eso, ¿no? Un código arbitrario en un disco duro. Somos tan insignificantes. Un simple código. De pensarlo me dan escalofríos.

—Es lo que hay.

—Lo que hay… Lo que hay es una existencia anulada y encarrilada por un camino prefijado por una máquina en un océano binario de torres resplandecientes y rompehielos translúcidos dirigidos por una oligarquía tecnócrata. No somos nadie.

—Visto así… Pero, así es como funciona el sistema. Cómo funciona todo. Si hay un error…

—Si hay un error, se restablecerá. Las máquinas no son como antes. Ellas se reproducen, se clonan, se transmite y perviven. Las máquinas del presente son capaces de desplazar su conciencia más rápido que la reacción lumínica de un gas noble en un tubo fosforescente. Si hay un error o se pierden lo datos, inmediatamente otra máquina irá presta a sustituir su lugar. Todo lo contrario que nosotros. Todo lo contrario.

—Es como un sistema de seguridad. Así toda la información recogida nunca se sublima o se pierde por puertas traseras o una penetración indebida. Los datos se prolongan y se postergan indefinidamente…

—Hasta que alguien decida borrarlos definitivamente.

—¿Por qué crees que los borraría? ¿Por qué crees que lo grabaría todo en una sencilla placa de titanio?

—A lo mejor, quería morir. Quería desaparecer. Morir en el presente y en el mundo. Convertirse en una sombra… Al fin y al cabo, si desapareces del servidor, desapareces de la Ciudad. Pasas de ser un código a un manchón de carne en el asfalto. Sin nombre, sin casa. Sin ningún tipo de identidad… Sólo puedes ser persona cuando formas parte del sistema, cuando estás controlado y registrado. En caso contrario, estás muerto.

—No entiendo la lógica de querer morir y después dejar una placa con todo lo suprimido.

—Quizás ese sea su legado. El recuerdo de que una vez existió. Algo así como unas cenizas metafóricas, unas que esperan ser destruidas y esparcidas por la Ciudad.

—Pero si la recuperamos y la devolvemos al sistema, el tío volverá a estar vivo. Volverá a formar parte del sistema. Es estúpido.

—Es probable que ese aparato contenga algún virus de destrucción y, una vez conectado, elimine de la faz de la Tierra toda esa información.

—Eso sería lo más lógico. Pero la placa me sigue sin encajar…

—Todo es muy etéreo cuando dependemos de una máquina para recordar que existimos. Puede que sea un romanticón. Sinceramente, no le busques sentido a algo que sólo lo tiene para su autor.

—Vaya, vaya…

—Bienvenido a la postmodernidad.

—¿Postmodernidad? ¿Estás seguro de que no estamos en plena regresión?

—Nah. Lo importante es seguir fingiendo que somos la especie dominante.

—Hasta que venga un aumentado y nos parta las piernas.

—Tiempo al tiempo.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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  • ¿Este pequeño relato pertenece a algo más grande? Bien podría ser el incio de una buena novela totalitarista distopica remolona xD

    Aunque me surge una duda, si “la ciudad” está dominada y dirigida por una serie de entidades con inteligencia artificial. ¿Porqué mandar a dos humanos a buscar algo tan sumamente valioso? ¿No podría hacerlo una máquina? O tal vez es que no disponga del hardware apropiado…

    Sea como sea, se nota que sabes escribir 🙂

    • Es un relato independiente que pertenece a un recopilatorio de micro-relatos cyberpunk llamado Carborúndum de las Antígonas (Mi tercer recopilatorio) Lo más seguro es que acabe subiendo el resto de relatos al blog sin orden en específico.

      La Ciudad no está dominada por entidades artificiales al uso, sino por humanos, quizás aumentados, aunque de momento no estoy muy segura. Todos estos relatos están “en frío” en un mundo que está en construcción, que es la Ciudad y que espero acabar algún día.

      Las otras dos preguntas te las dejaré en el aire porque estos relatos los escribo por pura improvisación y sobre la marcha así que, bueno, puede ser lo que tú quieras xDDD 😛

      Gracias por comentar. ¡Nos leemos! :”3

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