Filopunk

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—Ey, he estado leyendo lo último que has estado redactando y me gustaría preguntarte acerca de ciertas cosas de las que me he dado cuenta mientras leía todo ese montón de papeles que te da por producir por las buenas.

—Sí…

—¿Te crees un filósofo o algo? He leído buena parte de las últimas cosas que has subido, y joder, todo está lleno de filosofía barata. De pura filosofía barato típica de modernos que van de especiales por la vida y en realidad no tienen ni idea de lo que están escribiendo. Déjalo tío, no eres un Platón, y menos un Nietzsche. Está bien que te dé por filosofar pero no te las des de nada.

—Ah, ¿no? ¿Por qué no?

—Porque no llegas a nada. Son callejones sin salida que sólo tienen sentido para el autor y que espantan a los lectores. Provocarás que nuestra editorial cierre, ya verás, por imbécil. Empieza a narrar lo que le gusta a la gente y déjate de tonterías existencialistas.

—Es cierto. Tienes mucha razón. Todo lo que escribo no es nada más que filosofía de salón, basura descomunal que sólo alimenta un sentido filosófico casi masturbatorio porque de esta manera creo que grito al mundo aquello de lo que carece. Utilizo a mis personajes para plasmar incertidumbres futuras tan hipotéticas como la República. No existen. Es pura especulación. Sólo son las locuras de un autor fracasado que busca un poco de luz en su pordiosera y anodina vida.

—Exacto, y como tales, te las guardas para ti y empiezas a ejercer en condiciones de una santa vez. Sólo tenemos pérdidas. Estamos en números rojos.

—Pero esas locuras son necesarias. Es algo maravilloso. Partes de la nada, de la vacuidad absoluta. Sólo tienes la hoja en blanco y nada más. Nada más que eso. El tú frente a la Nada en una batalla cara a cara. Tú estás ahí contemplándola, y de repente aparece, como la luz en un túnel. Una idea instantánea y momentánea, un latigazo que comienza a mover tus manos y escribes. Empiezas la primera línea, la segunda, la tercera. El mundo se concibe por sí mismo. De la nada surge la Idea, y esta Idea se desarrolla por sí misma, ella es la que te da a los personajes, la que te da la historia, la que te da el inicio y la conclusión, sin soportes externos. Sin apoyos, sin nada. Escribes y se forma solo, una escritura automática que se antoja como un don de la creación. Eres un Dios, un Dios que crea un universo completo con sus estrellas, sus nebulosas, cinturones de asteroides con tan sólo el chispazo de una idea recurrente. Y se configura. Es un fluir constante que no para. Surge instantáneamente. Pero a ese universo está vacío, le falta un motor que ponga en movimiento todos esos engranajes, que le dé un sentido. Y es ahí donde entra mi filosofía barata de salón.

—Una copiada, creo yo.

—No. Por suerte mi filosofía barata es única y no está basada en nada, creo yo. Es una filosofía que surge como las historias, es un don de la creación que se genera sólo y que ahí está. Se construye al mismo ritmo que el universo, en paralelo. Es lo que insufla vida a las almas de los personajes, lo que les motiva. Una filosofía propia especulativa que no deja de ser barata pero tampoco un montón de palabras ordenadas por coherencia más que por criterio. Es la filosofía inherente que sólo tiene sentido en mi mundo literario y en ningún otro sitio. Es lo que utilizo como vehículo para pensar, para reflexionar sobre la existencia y el mundo. Para mí es absolutamente necesario, es una purificación, una catarsis. Es la forma de alcanzar un éxtasis emocional que me anime a desconfiar de las apariencias, a criticar al mundo, a echar en cara sus defectos y humillar el vacuo orgullo de toda una raza. Y todo gracias al cyberpunk, el momento adecuado y un soporte adecuado. El cyberpunk me da los personajes, el contexto, el mundo y el futuro, la filosofía hace el resto. Así que lo siento mucho, pero voy a continuar inundando con filosofía barata todos mis escritos, si quieres échame.

—Maldita sea…

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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