El desorden digital. Guía para historiadores y humanistas de Anaclet Pons

¿Qué actitud impone la Historiografía acerca del encuentro entre Tecnología e Historia? Desde sus inicios se ha mostrado proclive a incorporar los últimos avances y aprovecharse de sus bondades dentro de las restricciones delimitadas por el progreso tecnológico del momento. De hecho, en la actualidad, Internet se ha convertido en una herramienta indispensable dentro de lo que se podría denominar como una nueva episteme.

Un nuevo método en el que el historiador sólo es un componente más de una esfera en la que el lector, el soporte y la fuente mutan a un ritmo alarmante, adquiriendo funciones que previamente eran impensables; originando una revolución digital tan apabullante que todavía hoy produce incansablemente una gran cantidad de publicaciones, incluso cuando la ontología permanece inalterable. En todas ellas puede radicar el sentir de un panorama que «Parece tan distinto que es como si fuera propio de una generación muy alejada en el tiempo, de otra época, pero ocurrió hace muy poco o casi».

Para hacerse una imagen más acertada, en la introducción Anaclet Pons describe cómo trabaja y debería sentir un historiador convencional. Atrapado por el polvo centenario y las partículas desprendidas de cientos de volúmenes amarillentos, la vida del historiador se centra en el archivo y en el manuscrito; en el soporte físico conocido como libro que contiene en su interior una serie de letras, ideas e interpretaciones sobre el pasado que en el presente proporcionan un escenario de reinterpretación.

Como si fuera una cadena de Uroboros, esta repetición de métodos se mantuvo indemne hasta mediados del siglo XX, y a partir de los 90 enflaqueció con la explosión del Internet masivo y la proliferación de todo tipo de terminales personales. Los vetustos volúmenes se transmutaron en PDFs, el archivo podía ser visitado desde una pantalla y una interpretación del pasado podía ser consultada obviando tanto al autor como a la obra en la que se encuadra. Para la Historiografía, como se apreciará a continuación, esta conversión del oficio constituye un abismo insondable.

El primero en abogar por la penetración de las máquinas en un entorno académico completamente anquilosado y cada vez más distante entre sí fue Vennevar Bush, quien ya antecedía dos ventajas tecnológicas en As We May Think: la centralización de la información y el hipervínculo. En su momento, estas dos suposiciones serían idealizadas en un memex.

Un memex es un aparato en el que una persona almacena todos sus libros, archivos y comunicaciones, y que está mecanizado de modo que puede consultarse con una gran velocidad y flexibilidad. En realidad, constituye un suplemento ampliado e íntimo de su memoria.

Un curioso artefacto que podría representar la versión más primitiva de un ordenador. Aunque, ¿qué doble lectura se podría deducir de esta definición respecto a la posterioridad? La centralización de la información y el hipervínculo solucionan los problemas de accesibilidad a los datos, sin embargo, también son refrendo de una sonada consecuencia: la sobresaturación de información.

Al respecto, no hará falta admitir que la saturación desmedida se ha convertido en el gran problema pandémico de la Era Digital desde la comercialización masiva de Internet. En este asunto, Robert Darnton ha sido el primer escogido que nos puede ayudar a abordar sus consecuencias. La primera de ellas se refiere a que este maremágnum de información provoca una serie de consecuencias cognoscivas imprevistas resumidas en la extensión de la ingenuidad positivista.

¿Cuántas veces se han malinterpretado las palabras de un historiador que han sido asumidas como verdad por parte del usuario? La Historia se fundamenta sobre la veracidad de la interpretación, en la fiabilidad de sus datos. Si esta sobresaturación comienza a producir copias facsímiles incorrectas, aquello que era una verdad académica termina por degenerar en una verdad de «fe». No fundamentada sobre un sesudo estudio, depende enteramente del juicio arbitrario del usuario. La verdad se difumina, se relativiza, se posmoderniza. Nadie es capaz de denegarla ni reafirmarla. Y al final, lo que una vez fue un dato o interpretación histórica fehaciente alcanza la categoría de comentario de foro.

¿Y si resulta que ese contenido procede de una fuente o documento estipulado como oficial? Robert Darnton lo ejemplifica con el servicio Google Books. Obviando su temor de que se convierta en un negocio privado, advierte de sus errores tipográficos y de digitalización. Cuando todo producto sea escaneado masivamente, sin disponibilidad de alternativas con las que comparar, cualquier mínima imprecisión se integrará en el texto original, potenciando una verdad inexacta al alcance de cualquier tipo de públicos. De esta forma la versión alterada adquiere mayor peso que la original por mera cuestión de accesibilidad. No hará falta repetir la cadena de efectos mariposas que esto ocasiona en el medio.

Esto es agravado por el por una ley no escrita de Internet en virtud de la cual algo prevalecerá siempre persistiendo a través de la clonación, multiplicando infinitamente una verdad histórica profanada. Un efecto Wikipedia [01]Los artículos de Wikipedia son clonados continuamente, sin hacer referencia a la fuente original de autoría, por páginas externas y de propietarios ajenos que se lucran y ganan renombre a su costa. Al tomarlas de forma literal sin comprobación de calidad, un solo error en la entrada original es replicado continuamente por estas páginas, extendiéndolo por toda la red. Contribución propia. masivo que adultera tanto a la Historia como a la forma de hacer Historia.

Anaclet alecciona que de «la memoria externalizada, selectiva y albergada en el archivo hemos pasado, pues, a otra promiscua, sin cribar y que nos satura», lo que se extiende a la capacidad de discernir qué es relevante y merece ser usado para escribir Historia. En un mundo donde la información se mide por petabytes, esta flaqueza sólo puede ser superada por una herramienta: la percepción utilitaria, cribar lo intrascendente, regresar a la tradición.

Es una fructífera perspectiva poder acumular centenares de recuerdos de miles de personas sobre un fenómeno concreto que aporte mayor variedad al hecho, una interpretación más medida y matizable que aquella ordinaria que depende de un único ego. Sin embargo, ¿hasta qué punto esos datos son valiosos? Me permitiré añadir que por experiencias personales, la Historia debería ser la definición del utilitarismo. Existen muchos puntos de vista sobre un hecho en una red social, por ejemplo, pero sólo un porcentaje muy escueto es realmente válido y coherente.

La especulación de Bush de un archivo centralizado se ha visto cumplida a través de la aparición de compendios enciclopédicos como la Wikipedia y webs institucionales que proporcionan todo tipo de archivos desde un mismo portal. ¿A costa de qué? La descontextualización de las fuentes, ajenas al soporte, y nuevas formas de lectura.

Los discursos ya no están inscritos en los objetos que permiten clasificarlos, jerarquizarlos y reconocerlos en su propia identidad. Es un mundo de fragmentos descontextualizados, yuxtapuestos, de una recomposición indefinida, sin que sea necesario o deseado comprender la relación que los inscribe en la obra de la que han sido extraídos.

Según Rolando Minuti, esto se acota en una elevada volatilidad. La unidad física se pierde, la caja, el legajo. Pasa de ser una entidad palpable y material capaz de incitar sensaciones, a una imagen mental ilusoria, intangible; una proyección delimitada por una barrea intocable de píxeles dispersos sobre una superficie LCD. El sentir material del libro es transmutado en una ineludible frialdad sensorial. Esto provoca dos consecuencias: la desaparición de la singularidad, de lo genuino y único, principalmente porque la capacidad de reproducción multiplica los avatares de un original visto en cualquier zona inimaginable. Y una mayor fragilidad. El medio digital presenta una propensión crítica respecto a las perdidas. Roturas de discos duros, formateos de servidores, virus… Los peligros y amenazas son mayores que las bondades, de eso no hay duda. Sin embargo, el libro y el medio digital encuentran como nexo común, al respecto de su conservación, un aspecto: el sentido común.

Notas a pie de página y referencias   [ + ]

01. Los artículos de Wikipedia son clonados continuamente, sin hacer referencia a la fuente original de autoría, por páginas externas y de propietarios ajenos que se lucran y ganan renombre a su costa. Al tomarlas de forma literal sin comprobación de calidad, un solo error en la entrada original es replicado continuamente por estas páginas, extendiéndolo por toda la red. Contribución propia.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

También puede gustarte

A %d blogueros les gusta esto: