El Anticrixto

Un bosquejo filosófico. Diálogo XCII.

—La… La… La-La sociedad occidental… La… La sociedad oooccidental…

—¿Todavía sigues ahí?

—El… El nihi… nihilismo…

—¿Por qué no lo dejas ya? Por mucho que lo intentes no vas a leer eso. Deja de perder el tiempo con ese panfleto del alemán loco y ayúdame con los engranajes. El barco de vapor tiene que estar listo para mañana.

—Es interesante. Mira, aquí dice que Dios ha muerto.

—¿Dios? Ja, algo que no existe no puede morir. Mientras que haya algún tarugo que se lo imagine en lo más recóndito del planeta la idea de Dios permanecerá viva.

—Sí, es posible. Aquí dice que es la ideas más corrupta de cuantas hay acerca de las divinidades. Dice muchas cosas malas del cristianismo e insulta a los sacerdotes. ¿Qué crees que pasaría si leo un fragmento en una Iglesia?

—Je. En primer lugar nada porque no sabes leer, y en segundo lugar, te quemarían allí mismo. Leer un autor satánico va en contra de las reglas. A la gente le entra miedo y empiezan a rezar como posesos. Ya sabes.

—Ya, rezar…

—Levántate, pedazo de vago y ayúdame a engrasar los mecanismos.

—Oye.

—¿Qué?

—¿Crees que algún día llegará el nihilismo? Ya sabes, la caída de todos los valores. Un momento en el que la gente no es más que carne deshumanizada. Sin cultura, ética, moral…

—No digas tonterías. Es imposible. Siempre que hay sociedad hay valores. Si no, serían un montón de animales. La ciudad hace al hombre.

—Es posible que caigan si se corrompen.

—Aunque estuvieran corruptos siguen siendo valores. Míranos a nosotros.

—Sí, bueno, el hombre moderno. El más despreciable.

—Dilo por ti, yo no creo en esas cosas. Todos los filósofos son iguales, mucho hablar, mucho escribir, pero práctica cero. Mira a Marx si no.

—Yo creo que éste tiene razón. Al ritmo que llevamos tampoco sería raro que algo le diera por colapsar. La gente es cada vez más atea, más materialista. Pero sobre todo, confía más en las máquinas.

—Las máquinas, eh. Ja. Las máquinas son un montón de trastos al servicio del hombre. Nada más.

—Ahora sí, pero imagínate un mundo en el que las máquinas están más avanzadas y forman parte de nosotros. Un mundo medio máquina medio humano. ¿Te lo imaginas?

—Sólo me imagino un barco de vapor con los mecanismos nuevos para mañana.

—No, pero en serio, imagínatelo. Todo estaría tan mecanizado que prácticamente no tendríamos que hacer nada. Podríamos cruzar los cielos, ir a sitios en el menor tiempo posible, ir al espacio.

—Eso no son más que fantasías. Sólo sé una cosa. Las máquinas son trastos que de momento sólo sirven para producir cosas y mover mercancía y gente punto. No van a llegar a más y nunca lo harán. Es imposible.

—Haz el esfuerzo, ¿no sería maravillosa? Una utopía donde poder cumplir nuestros sueños.

—Suena demasiado bonito para ser verdad.

—Yo creo que algo así sólo puede ser obra de los filósofos del futuro. Los superhombres. El nihilismo positivo que nos hará más fuertes.

—Joder, estás peor que ese tipo. ¿Cómo se llamaba? ¿Nitfred? ¿Nitzche? ¿Nizchten? Bah, qué importa. Sólo es otro gallo cantando en un corral de filósofos en el que no se entienden ni ellos. Visto unos vistos todos.

—¿Cómo serían los valores de esa sociedad? Al ser la máquina imperante, ¿sus valores serán buenos o peores?

—Está claro que malos, sólo tenemos que ver la fábrica que está colina arriba.

—En esa utopía no harían falta las fábricas.

—Qué alegría. Aunque no sé qué es peor.

—Sería perfecto. Un mundo feliz donde se superaría hasta la muerte.

—Fantaseas demasiado. Es hora de que bajes a tierra.

—Sería mejor que una novela de Julio Verne.

—Si es que la lees algún día.

—Me emociono al imaginarlo. ¿Qué tipo de máquinas tendrían? ¿Cómo sería la sociedad? ¿Los Estados? ¿La cultura? ¿Cómo serían sus leyes? Ya sabes, ese tipo de cosas que tanto le gusta a la gente.

—Ni idea y no quiero imaginarlo.

—¿Por qué no?

—Porque la Historia ha demostrado que sólo se puede ir a peor.

—Eso no es cierto, hay buenos momentos, memorables, que nos cambian.

—Mira, para mí, evolución no es sinónimo de simpatía. ¿Un mundo de máquinas? ¿Máquinas que saben pensar? Eso sería el colmo. Imagínate tú de lo que serían capaces esas máquinas. ¡Le quitarían el puesto a los humanos completamente! ¿Qué sería de nosotros?

—Entonces habría que fusionarlo.

—¿Qué?

—La convivencia perfecta. Mitad máquina, mitad hombre. Fin del problema.

—Ahora te has pasado.

—Sería revolucionario.

—Toma esto y cállate.

—¡Los superhombres! ¡Mitad humano mitad máquina! ¡Tiembla sociedad occidental!

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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