Desorden sustancial

Cayendo en el vacío,

suspirando sin aliento,

soñando con seres impíos,

mi mente divaga extenuada,

en este antro de desesperanza,

donde los caballeros mueren

y las putas danzan descorazonadas.

¿Quién soy yo?

Una sombra más aquí debe estar,

nadie más debe aportar.

Caminando tenuemente por el callejón,

un hombre lustroso y amable

entonando baladas sin parangón.

Más sombra que yo endeble

con mis pesadillas salientes

escabrosos riscos pereciendo

en lo más profundo de mi ego.

¿Quién seré yo?

Nada más que un gusano

corrompido y ultrajado,

roto en mil martirios

sin esperanzas, sin sueños,

sin conciencia, navegando

por este mar ventoso,

de sirenas venéreas y umbrías nieblas.

¿Quién quedará por juzgar al condenado?

Jueces sin nombre apilados,

cadenas convertidas en serpientes,

troncadas redes.

Nadie debe esperar,

mas solo yo caminando

entre filas de cadáveres

innominados e innominables

¿Qué fue de la niña?

Murió por una riña.

¿Qué fue del juglar?

Murió en un duelo al matar.

¿Qué fue de mí?

Encerrado en el purgatorio

sin más esperanza que el viejo cojo.

¿Cuáles son tus secretos?

Grité colérico.

La ofrenda del excomulgado.

Gritó enhiesto.

Azorado en su seno

nadie más dictará el preso.

Extediéndose presurosa más allá del firmamento,

una estrella gira ominosa,

Azathoth aguarda en su lecho,

los fellás se han desvelado.

Todo quedará olvidado.

Todos huyen, nadie queda.

Tan sólo yo postrado ante la pena.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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