Cyberpunk aristotélico

—¿Y tú qué crees?

—Uhmmmm… Es complejo de explicar y menos de decir.

—Tendrá alguna base en la que sustentarse.

—Quizás… Pero su completa falta de aportes. Su carencia de eslabones. ¿Qué nos une a ella?

—Probablemente su misma presencia.

—Será falacia.

—No lo creo.

—¿Un mecanismo interno?

—Uno tan grande y complejo que nos ata encajándonos entre sus vigas entrelazadas.

—¿Por qué fue construida? ¿Por qué se mantiene indemne en el tiempo? ¿Por qué…?

—Espera. ¿Lo has oído?

—No…

—Crujidos, berridos, clamores. No sé cómo describirlo. Pero es como una voz, cavernosa, centenaria, eterna, imponente y tenebrosa. Una voz…

—¿El llamado de las almas?

—Si tan solo es una mísera edificación, ¿por qué genera tanta expectación?

—Me mantiene en vilo. ¿Qué es lo que nos impulsa a confiar en ella como a el Ser, formando parte de nuestro ego?

—¿Un engranaje intrínseco, un primer motor inmóvil, una influencia?

—Uhmm.. Es probable, pero me parece que se trata de algo mucho más diverso, mucho más superior y latente.

—¿Qué podría ser?

—Ése es el problema. Esta ciudad fue construida por el hombre que ahora se postra y la adora. ¿Qué le llevó a esta situación?

—¿Instinto? No, no lo sé. ¿Una fuerza exterior?

—La Ciudad nos rechaza, somos cuerpos descarriados que errantes sollozamos en sus callejones. ¿Qué ocurre cuando es la propia Ciudad quien te oprime y expele para tu realización?

—En ese caso, poca cosa se puede hacer.

—Cierto. Todo está conectado y arraigado, la técnica forma parte de la piel, del corazón, de la mente. ¿Es ése el motivo?

—No lo creo. La perfecta realización…

—La perfecta realización a través de materia artificial, conectores, chips, cables. Dónde quedó relegada nuestra humanidad…

—Aquí, en este pozo… En lo más profundo….

—Sólo hay ratas, suciedad, autómatas y peligros…

—Rateros, pandilleros, inhumanos…

—¿Es eso en lo que nos hemos convertido? ¿Somos tan despreciables que necesitamos de androides para subsistir? ¿De verdad éste es el progreso?

—La distopía tecnológica. Representamos el mundo alternativo decadente, el único al que podemos aspirar. Nuestro fin y destino…

—Sólo nos queda el conformismo, ausente de confrontación, ni siquiera sé si cuerpo alguno es movido por alma.

—Al extremo, no sé si tenemos principio o si nuestro movimiento es natural.

—Esta ciudad… Maldito sea el día que la edificaron…

—La Ciudad es el baluarte, el complejo de investigación, nosotros somos cobayas.

—¿La Ciudad es el baluarte? ¿El baluarte de qué, de la regresión, de la involución moral?

—Quizás sea así, quizás no sea así, a mí no me corresponde decirlo.

—Entonces, ¿a quién le corresponde?

—No lo sé.

—Ufff, estamos apañados…

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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