Cyberpunk marca de la casa

Una de los aspectos que siempre me han llamado más la atención del Cyberpunk es su mutabilidad, su capacidad de adaptarse a todo tipo de estilos y entornos y conservar su esencia misma, los engranajes principales que distinguen a este género. El Cyberpunk de Akira no es ni de lejos igual que el The Ghost In The Shell, al igual que el cyber de éste último es incomparable con el de Ergo Proxy, y mucho me temo que la estética impresa en Blade Runner se acerca pero dista de lo imaginado en Neuromante. Todas esas obras tienen en común la etiqueta Cyberpunk, pero la tratan de manera tan original y distante, que podrían inventar por sí mismas sub géneros propios, siendo Ergo Proxy un caso más que remarcable difícil de encasillar. De la misma manera que el Cyberpunk de Deus Ex es completamente distinto al de Deus Ex Human Revolution, y ambos pertenecen a la misma saga. ¿Adónde quiero llegar con toda esta introducción? Simple: mi concepto de Cyberpunk.

El concepto que he ido forjando durante todo este tiempo recoge sus pilares básicos, los toques de Neuromante y bastante mala hostia, pero independientemente de eso, si hay algo que lo describe a la perfección es una mera palabra: mensaje. El Cyberpunk es fundamentalmente el contenido, la esencia. El descalabro que supone la distopía tecnológica; ese paraíso high-tech de bajo nivel de vida hipotético pero a su vez tan real. Mi saga Cyberpunk es el mayor ejemplo de ese concepto. Todos los relatos hasta el segundo recopilatorio son historias independientes que tratan diversos temas como la soledad, el transhumanismo, la historia, el abandono de los valores morales, la monotonía de la vida, el peligro, la religión… Todos esos relatos son una critica constante enmascarada bajo esa apariencia cibernética discurriendo en ese entorno ilusorio llamado La Ciudad, el Edén tecnológico, donde es representado todo lo bueno y malo que la tecnología es capaz de hacer a los humanos y sus consecuencias, perteneciendo siempre a un mismo significado de Cyberpunk.

En todos ellos la estética es abandonada en favor del mensaje. Esto no quiere decir que se deje de lado completamente para convertirlo en un diálogo platónico soporífero: la estética es el atrezzo del mensaje. Un mensaje que los personajes sufren en sus propias carnes, lo repudian, y se intentan alejar de él por todos los medios cayendo ante sus propias circunstancias. Ése es el eje fundamental de mi concepto: un mundo Cyberpunk donde los propios personajes odian el Cyberpunk. Una filosofía de vida que altera los cimientos mismos de la humanidad, que la hace tambalearse ante lo que ella misma ha creado. Un mundo donde la tecnología es aceptado como normal y puede volverse en tu contra, un mundo donde absolutamente nada se valora y se ha perdido el sentido mismo de la vida, donde las máquinas recobran los viejos sentimentalismos enterrados de la humanidad y las IAs se convierten en los filósofos del futuro que dirigen a la masa abyecta a su vaticinada conclusión, producidas en masa y controlando todos los aspectos de los ciudadanos. Eso es el Cyberpunk, y la Ciudad es el microcosmos donde se desata hasta las últimas instancias.

En ese Cyberpunk no existe la esperanza, sólo el deseo de una vida mejor. Existe el orden, pero no su fundamento. La ley y la policía ultrajan a los ciudadanos a su gusto y las corporaciones se han convertido en los Grandes Emperadores de ese nuevo orden mundial. La información fluye sin ningún tipo de control, los nuevos sistema informáticos provocan que los humanos que los han creado se aumenten a sí mismos para siquiera igualarlos. Las máquinas son los habituales clientes de las tiendas, y la diferencia entre un autómata y un ricachón es más fina que los hilos del destino. Las drogas cibernéticas  y los sistemas de realidad virtual son el último grito en ocio. Los transhumanistas son vistos como el mayor escalafón evolutivos mientras que aquellos que se resisten son marginados y burlados, en una sociedad donde las diferencias entre clases son abismales y casi imposibles de solventar. Donde los mercenarios, cazarrecompensas, vaqueros y hackers se ganan la vida en las calles y en el ciberespacio al margen de toda ley. Un universo donde las aspiraciones han sido diluidas en una masa compulsiva de degradadas ambiciones. Todo el mundo es tu enemigo, sea máquina, aumentado o humano. Donde la tecnología es usada simplemente para alcanzar la perfección, una vacua y deshumanizadora; y mejorar el nivel de vida de los minoritarios. Donde las conspiraciones y tramas quedan reducidas a panfletos baratos ante la magnanimidad de aquellos que poseen todo el control. Un cosmos donde los neones sustituyen la luz natural y el mismo Sol. Un Cyberpunk negro y crudo, puesto al límite, con un aura filosófica de crítica social y misantropía que todo lo empaña, y que sin embargo, flota sobre los ambientes. Ese es mi concepto de Cyberpunk.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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  • Está muy bien tu concepto, coincide en casi todo con el mío. Le añadiría un toque hardboiled a lo Sam Spade o Phili Marlowe.

    Saludos fremen

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