Análisis de: Cursed Mountain [Wii]

 

Cursed Mountain es un juego especial. Diferente y rarito. No es un juego excelente, ni bueno, pero tampoco es malo. Es un simple intermedio. No es la panacea de la diversión, y su inconmensurable cantidad de defectos lo hacen valedor de la categoría de juego “sepultado” cuyo nombre sólo es recordado cuando se ve un documental o reportaje sobre juegos olvidados de Wii. No es un Survival Horror, por mucho que la Wikipedia y páginas especializadas se empeñen en afirmarlo. No es un juego memorable y no te incita a tatuarte la cara del protagonista en la espalda. ¿Por qué le dedico esta entrada?

Porque es especial y punto. Especial en el sentido de que es un videojuego único en su especie y atrevido al presentar una historia sobre un grupo expedicionario de escaladores que va en busca de un artefacto, que supuestamente confiere la inmortalidad, en plena cordillera del Himalaya, se pierden, y el protagonista va en busca de uno de ellos que resulta ser su querido hermano pequeño; entremezclando esto con un montón de elementos procedentes del misticismo y del budismo súper zen. Posee en su haber traiciones y giros argumentos, un puñado de personajes con los que interactuas, te olvidas de su existencia, mueren, desaparecen, continúas tu viaje importando tres cojones su devenir y desarrollan la historia. ¿Buena o mala? A gusto del consumidor.

Para completar y redondear el argumento, hay un montón de documentos esparcidos por todo el escenario al más puro estilo Resident Evil que puedes leer o pasar de ellos como de la más hedionda mierda, aunque tienen un puntillo y a veces pueden parecer remotamente interesantes. En cuanto a las escenas, si es que se le puede llamar tal cosa, se resumen en cuatro fondos o wallpapers que van cambiando de óptica y sucediéndose como las transiciones carrusel de un tema WordPress, acompañadas de la voz en off de protagonistas y secundarios, todo ello enmarcado con un tono rojizo o marrón pardo to guapens marca de la casa que resta color y le da un tono a ardilla dramática, quizás demasiado dramático. ¿Es relevante? ¿Es un buen método narrativo? Teniendo en cuenta que a veces hay cinemáticas hechas con el propio motor del juego, ¿vagancia, ahorro de recursos o recurso artístico postmoderno con reminiscencias dadaistas? Me decantaría por lo primero, pues, sinceramente, para la mierda que hacen los personajes en las secuencias, podrían haberlo hecho con el propio motor y morir con dignidad y las botas puestas.

En consonancia con el esfuerzo que le metieron en los puntos tratados al principio, el sistema de combato no es ninguna maravilla tampoco. Más bien, es un dolor. El Wiimote funciona como le sale del pene, según el día y de cuál sea el ángulo de la casa de Piscis respecto al eje central de la Tierra y el diámetro de Marte, con unos movimientos, usados para efectuar unos ritos o zafarte de los enemigos, que hacen gala de una sensibilidad y precisión dignas de la destreza de la Duquesa de Alba (DEP) bailando flamenco; hasta el punto de que te puedes pasar entero el juego sin ni siquiera saber cómo se efectuaba uno de los comandos. El apuntado es horroroso por muchas veces que se acierte, y el arma tiene más latencia recargando que un servidor Minecraft con Hamachi pirata, y sí, el arma, porque en todo el juego sólo hay una: un pico de montañero o piolet, al que se le adosan una serie de artefactos mazo raros que lo tunean a tope y aumentan de potencia —aunque en el propio juego sólo uses dos de los cinco o seis que son en total—; por no hablar del personaje: un querido octogenario con problema de artrosis, huesos de cristal y psicomotricidad. En definitiva, una puta mierda, sobre todo cuando llegan los jefes finales de turno, ahí pasa de ser una puta mierda a ser directamente hecatómbico.

Control de mierda + más octogenario + más armas que tardan más en cargar que los Sims 2 petados de mods y la chica rubia en el final del Gears 3 diciendo “Marcus, siempre nos quedará el mañana.” + más jefes grandotes acompañados de la típica hueste tocaovarios de turno: catarsis. No he visto unas batallas más jodidamente apasionantes en toda mi existencia, coño. Lloro cada vez que recuerdo mi primera batalla contra el primer jefe. Un escenario circular, unos tres o cuatro enemigos y el agilucho de los cojones volando de un lado a otro por inercia mientras te persigue teletransportándose para sodomizar al pobre personaje, repitiendo dos movimientos contados, mientras que tú, como el perfecto panoli que eres, te dedicas a dar vueltas y más vueltas en Limbo disparando aleatoriamente al enemigo, reiterando la misma acción hasta el infinito y más allá, con una ausencia total de música motivadora, gritos, diálogos profundos, suicidios, mugre y más mugre.

Y lloro más cuando recuerdo que este esquema es el que se sigue en absolutamente TODOS los jefes finales del juego, porque tampoco hay muchos, el puto águila de los cojones te lo encuentras más de dos o tres veces chupando cámara el hijo de puta. El único medianamente decentillo y desafiante es el último, menos mal, porque si no, veo al propio protagonista de jefe final dándose de hostias contra un espejo como un negro nazi. Y para rematar, por si no fuera suficiente el sufrimiento, el juego nos prodiga con hordas, hordas y más hordas de fantasmas gemelos de todas las clases, rangos y colores que están por joder, en un mata-mata masivo y repetitivo hasta la saciedad de “ve al punto a, ve al punto b, mata todo lo que haya, esto es un juego de terror, esto es un Survival Horror, compra una Wii hijo de puta, compra el juego de Hannah Montana.” Y así durante todo el juego.

Además del control, el juego es un precursor de Final Fantasy XIII, ¿por qué es un precursor de Final Fantasy XIII? El juego es un pasillo. Una línea recta. Ni curvas, ni libertad absoluta, ni caminos alternativos. Del pueblo, al foso, del foso al pueblo, de allí a la cueva, a la superficie y a la montaña. Esto es el juego a grandes rasgos. Pero bueno, tampoco es que sea un inconveniente, ¿no, chavalines? En la generación actual que se prolonga a PS4 y ONE la peña está más que acostumbrada a los juegos pasilleros, plagados de scripts estúpidos, con QTEs y secuencias más largas que el juego, ¿a que sí?

Respecto al tema artístico, de diseño y escenarios, bueno, atrezzo y punto. Recrean el Himalaya —hay que ser pésimo de pelotas para no recrear un trozo de montaña helada—, monasterios budistas y pueblos nepaleses —donde el terremoto de hace unos días dentro de la línea temporal de esta entrada— habitados por chinos que son copias unos de otros, igual de vacíos, literalmente, e igual de insulsos, desprovistos de gracia y seres vivos, con cuatro matojos de plantas y unas pocas chabolas tercermundistas de sherpas esparcidas por algún pico o trozo de tierra y ya. Visto uno, vistos todos. Las texturas son las adecuadas de una Wii, de baja calidad y con unos granulados de PS2 to guapos, pero es lo que hay. Si haces una consola cuyo máximo cenit gráfico son los caballos del juego de Hannah Montana, no te esperes un Metal Gear Solid 4. Por otra parte, como todo buen Survival Horror que se precie, en este juego no hay ni un sólo puzzle. Ni uno. Apenas se llega a los cinco objetos importantes y el inventario, a pesar de tener más de 30 casillas, nunca excederá las siete. No hay posibilidad de escoger arma y el método de todos y cada uno de los enemigos es exactamente el mismo. Hay puntos de control cada cinco pasos, como todo buen Survival Horror. Sobre la música no diré nada al no haber escuchado una mierda salvo efectos de sonido y una letanía de monjes de fondo.

Por último diré, que a pesar de todo esto, el juego es sólido. No hay errores y en general los elementos casan bien. Aunque sin fliparse, porque hay cada absurdez supina como que: a pesar de ser un aguerrido escalador es incapaz de sortear una piedra que sobresale cinco centímetros por encima del suelo, que en mitad de una batalla contra un jefe final tenga que hacer un ritual para curarse mientras el jefe le da por detrás restándole vida, o que la historia vaya a trompicones algunas veces con tonterías LSDílicas. Pero es disfrutable, y eso es bonito. Es entretenido y tampoco es tan horrendo. En definitiva, un juego especialmente mediocre. Recomendable sólo si te sobran unos cuantos gigas en el disco duro.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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  • *insertar chiste racista de que normal que todos los chinos del juego sean iguales*
    Si te gustan tanto las cosas cutres con encanto… ¡pásate de una vez el No More Heroes, leñe!
    Buena entrada, me alegro de que vuelvas a las andadas bloguiles. ¡Un saludo!

  • Lo siento, he tenido que parar de leer a la mitad. Le tengo mucha curiosidad al juego y realmente quería probarlo ahora con la Wii piratilla, pero es que me lo estás desvendiendo tan tan fuerte que directamente no sé ni cuando lo descargaré ahora :___D

    Sí, el “precursor de FF XIII” fue la última puñalada a mis ganas de catarlo.

    • Si te lo vas a bajar para la Wii pirata, descárgalo. No pierdes absolutamente nada por ello, y como he puesto, es entretenido y un juego muy curioso. De hecho, me lo bajé por el mismo motivo que tú y tampoco fue tan horrible. Me lo pasé entero y no me pareció tan malo, simplemente eso, que no es para tanto.

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