Arqueología de la mente de S. Mithen

Sólo hay dos opciones posibles al afrontar Arqueología de la mente: amor u odio, sin un intervalo de término medio entre ambas; sólo azul o rojo; sí o no. Si se escoge un no, Arqueología de la mente es una obra mediocre, espesa, aburrida y ramificada en 11 capítulos cada cual más anodino que el anterior impregnados de hipótesis, anécdotas personales sin la mayor importancia y un montón de datos superfluos que se suceden por las páginas sin más atención que la que se les prodiga cuando son leídos por primera vez. En definitiva, el lector sólo verá las imágenes, ojeará los artículos, si se da el caso, y mirará los dos primeros capítulos que resumen la mayoría del texto para después completar su tedio y tan horrible lectura con una síntesis hecha por terceros buscado en la primera página de Google entre los tres primeros enlaces. Una obra olvidable, sólo elaborada para hacer bulto en tantas y tantas bibliotecas tanto físicas como virtuales. Una absoluta pérdida de tiempo que conduce a preguntarse si el autor consiguió algo de dinero con ello. Una impresión perfectamente válida que en este caso no tiene ningún tipo de cabida en esta valoración crítica.

Arqueología de la mente podría considerarse una buena novela, si lo fuera; no es ninguna maravilla, pero está hecha con arrojo y cariño; o en palabras del autor, un buen drama Shakesperiano del que se sabe de sobra su final puesto que lo verdaderamente trascendente es su desarrollo. Un desarrollo que me indujo a elegir el sí rotundamente de la misma manera que cualquier otro se hubiera decantado por el no con tan sólo ver su portada. Un sí sin dobles intenciones que, aunque no se traduzca en un “es la mejor obra que he leído en mi vida”, se podría decir sin temor a perder credibilidad que es el mejor libro de este ámbito que he tenido oportunidad de manejar. Por tanto, es una obra reseñable, una que te comprarías si te sobra dinero y la ves reposando solitaria en una estantería sin nada mejor que lo acompañe por el impulso de poseerla, sobre todo si se ha leído en formato digital, o simplemente por refrescar la memoria. ¿Por qué? Se gana a sus lectores. No es un relato de Edgar Allan Poe, ni Un mundo feliz de Aldous Huxley, ni siquiera un Neuromante, es un simple libro de carácter académico a través del cual S. Mithen arroja su propia versión de todo el proceso evolutivo de la mente. Acumula teorías, perspectivas, estudios, comparaciones, sigue recogiendo más hipótesis, presenta los datos, aporta conclusiones, usa ejemplos… lo típico que supuestamente sólo está enfocado a un público muy específico o despereza la pereza de los lectores obligados. Visto así, ¿cómo lo consigue? ¿Por qué me ha gustado tanto? Por el cómo el autor afronta la escritura de este libro y su planteamiento.

Arqueología de la mente es lo que es: un libro académico, como se ha aludido antes, con una serie de aspectos formales y elementos que coinciden de pleno con el resto de obras de su mismo género que he ido valorando, especialmente Teoría Arqueológica y Neandertales. ¿Cuál es su principal diferencia? Sin duda, la extensión. Arqueología de la mente se suma puntos por la extensión y por tratarse de una obra completa en la que se pueden apreciar todos sus rasgos, fundamentalmente aquellos que se encaminan hacia un sí. Puesto que de la misma manera que en el cine se deben acoplar secuencias de la mejor manera posible para conseguir una buena película, las novelas o manuscritos de cualquier clase deben encajar una serie de formalidades o elementos para conseguir una buena narración, y que son determinantes a la hora de lanzar un veredicto final, al ser una ley universal el hecho de que por muy bueno que sea tu argumento, si la realización y el acabado es pésimo, caótico o digno de enterrarlo en el desierto de Nuevo México, lo más halagador que se logra es una 2.5 en Filmaffinity o un comentario suelto por la red en el que sólo haya un insulto. Y esto, al parecer, el autor se lo grabó a fuego, demostrandolo en un párrafo textual extraído del Prefacio:

He intentado escribir un libro que permita incluso a aquellos lectores que nunca hayan oído hablar de un australopiteco o de un hacha de mano acceder a la evidencia de la prehistoria. Pero este libro también pretende ofrecer una nueva teoria explicativa de la evolución de la mente. El personal universitario llamado a juzgarla querrá verla sustentada al detalle, un nivel que seguramente resultaría aburrido para el lector medio. De modo que, para los académicos, incluyo notas adicionales relativamente extensas en apoyo de las afirmaciones y razonamientos que aparecen en el texto. Estas notas también serán de utilidad para aquellos estudiantes que deseen profundizar en las complejidades del registro arqueológico y de la evolución humana. Y que cumplió al pié de la letra, logrando articular una obra portadora de una clasificación “Apta para todo tipo de públicos” capaz de atraer tanto a un lector medio como al curtido estudiante o académico sobre un esqueleto coherente, funcional e intrincado pero bien detallado y desarrollado que soporta en consecuencia un conjunto grato y unitario, homogéneo y sin vacíos que desentonen por encima del resto, juntando una serie de elementos que empezando con una ordenación de la información por epígrafes, pasan por buenas explicaciones y terminan en unas anécdotas personales medianamente relevantes. Pero por partes:

La ordenación de la información por epígrafes y su correspondencia con el tipo de contenido que tratan, apartado que se ha convertido en un clásico y que parece más una tontería propia de tiquismiquis gafapastas, vuelve a la carga fomentando el buen gusto y la buena lectura. Mithen a través de estos subtítulos indica al lector en todo momento de qué va hablar a continuación, que es lo que se propone contarle; un anticipo necesario del párrafo inmenso que le sobrevendrá en cuanto pase de página o baje la vista. Porque de la misma manera que Arqueologia de la mente se llama así por tratar sobre la evolución de la mente desde un punto de vista arqueológico, estos pequeños títulos explican en una línea el todo de las letras impresas. Sin espacio para las confusiones, la ambigüedad ni titulillos sobrantes. Directo y exacto, lo que busca cualquier potencial lector, mostrando una información perfectamente ordenada y enmarcada en apartados que nunca toman desvíos imprevistos. Acortando, si el título es ¿Qué es el arte?, efectivamente, el lector se llevará una alegría al toparse con unos párrafos dedicados a responder esa misma pregunta que se plantea. Pero además de directo y exacto, es conciso, muchísimo, tanto que no hay que preocuparse de la irritante información sobrante, los malditos párrafos sueltos y las intercalaciones de temas que dan lugar a una lectura farragosa, salteada y, como dice el autor en su mismo Prefacio, tremendamente aburrida. Es cierto que en ocasiones el autor sugiere en qué momento se van tocar ciertos asuntos en otros capítulos en mitad de lo que se está leyendo, pero también es cierto que que no lo hace porque de repente se haya cortado o quiera continuar en otro momento cuando la inspiración llame a su puerta, tampoco como un recordatorio; no, es un aviso de aquello con lo vas a lidiar posteriormente, es un “prepárate para lo que se te viene encima, porque en ese capítulo voy a alargarme como si no hubiera un mañana para explicar absolutamente todo de esas dos palabras que acabas de leer, y cuando digo todo, es absolutamente todo, y más te vale estar atento porque no lo vas a volver a ver en el resto de la obra.”, lo que le da un plus de ligereza.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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  • Interesante crítica. Me apunto el libro por si algún día me apetece leer algo muy relacionado con la Psicología, aunque desde un enfoque distinto al que solemos ver en la carrera.
    Por cierto, ¿esta es una de las críticas que me dijiste que hiciste para un trabajo? Porque si es así, más le vale al profesor/a darte sus dieses.

    • Me los dio, por eso la he colgado.

      Sí, es el final concretamente.

    • Awen, si andas interesado de libros de psicología “interesantes” pégame un toque y te rulo algún título que se aleja algo de la mierda que damos en la uni y te dará algo más de base en según qué campos.

      • De acuerdo Sudit, lo tendré en cuenta 😀

  • ¡Buenas!

    ¿Cómo es que te has enrollado tanto hablando de la forma literaria de un libro científico? Me hubiera resultado mucho más interesante entender algo más de la sabiduría y las teorías sobre la mente humana de este señor…

    No he podido entender bien lo que explicabas de la separación de contextos en la mente del neanderthal, pero puede tener su lógica. Los animales también funcionan así, ya que tienen total, o bastante al menos, dificultad en abstraer términos generales de sistemas concretos para poder compararlos con otros diferentes. Por ejemplo, pueden haber aprendido a abrir una puerta gracias a algún accidente previo, pero no saben extraer de ahí el concepto general “apertura” o “tirador” para abrir otra ligeramente diferente. Yo no lo separaría, eso sí, en inteligencia social, o inteligencia tecnológica, más bien, en hechos concretos totalmente desvinculados, ya que les cuesta mucho encontrar elementos abstractos comunes entre las cosas. No sé si se parece a lo que explica el libro…

    ¡Saludos!

    • Esta entrada es un trabajo final de una de las asignaturas de la carrera. Como dices, hubiera sido mucho más interesante entrar en materia que centrarme en la forma literaria, pero bueno, a mí profesor le valió para este trabajo y para el resto también. Es curioso, porque en todos sigo exactamente esta misma estructura, ir a saco con la forma literaria de un libro científico, y en todos tengo más de un nueve… Y en este un diez, por eso lo he subido.

      Pero vamos, te doy la razón en lo primero.

      En lo segundo, ese párrafo en el que aparecen corchetes pertenece a un ensayo llamado Neandertal que por desgracia ya no está en la red. No es mío, es de dos investigadoras, y lo he integrado porque critica a la teoría de Mithen, la cual, bueno, como he puesto, depende de ti si te gusta o no.

      Hay una burrada de teorías sobre la mente del Neandertal y ninguna de ellas está lo suficientemente cimentada como para usarla como absoluta y paradigma por lo que es difícil decantarse… Ni siquiera Mithen muchas veces parece muy convencido, te pone el ejemplo de la supercapilla y la navaja suiza, pero son lo que son, especulaciones, y sobre la especulación, cualquier cosa es válida hasta que se demuestra científicamente.

      Saludos.

      • ¡Disculpa! Si precisamente el texto es una crítica de la forma literaria, me ha parecido muy bueno en ese sentido, es más, excelente por lo que dices ; )

        No me había dado cuenta que la crítica a las teorías del señor Mithen pertenecían a la obra de esas señoritas, o señoras, ¡o doctoras! Pero no me dejan nada convencido con el argumento de la talla lítica como demostración del supuesto error. Que las dos “inteligencias” que mencionan sean independientes a nivel cognitivo no impide que un neanderthal pueda aprender a tallar piedra viendo a otro repetir un proceso que ha descubierto (accidentalmente si eran tan irracionales como supone el autor).

        Yo entiendo lo de la navaja suiza como una serie de procesos instintivos, o de hábito, o de asociación de ideas, aprendidos por el neanderthal, pero que se mantienen como herramientas separadas en la práctica.

        Perdona por el tostón, pero es que estoy estudiando unos temas relacionados y me gusta poderlos poner en práctica cuando tengo ocasión!

        Y mi enhorabuena por el éxito ; )

        • La repetición como forma de parendizaje lo expone el propio Mithen en uno de los capítulos del libro basándose en los estudios realizados en chimpancés como los del Tai. Y no sólo para demostrar las inteligencias tecnológicas, sociales y naturales, sino también el propio lenguaje, aunque como todo, al final se queda en un mar de especulación.

          A mí me convence más la teoría de las inteligencias múltiples, me parece mucho más atractiva que otras tan encasilladas como la de mente-ordenador y la navaja suiza, aunque de cara a los homínidos son mucho más prácticas las dos últimas.

          Veo que estás puesto en el tema, así que te recomiendo un montón este libro (si no lo has leído ya) Es corto y se lee rapidísimo, y no es nada complicado. Además, en Internet se encuentra a la primera.

          ¡Saludos!

          • Que va, no me lo he leído, y acabo de ver en amazon que este Steven Mithen tiene varios libros sobre el tema, con unas reviews muy positivas. Me lo apunto, pero para más adelante, que estoy acabando uno de 1400 páginas!!! y ya tengo suficiente psicologías por un tiempo…

            ¡Gracias! y ¡saludos!

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