Conformismo

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—¿Estás contento?

—¿De qué?

—De todo.

—Exactamente “de todo”, ¿qué significa?

—Me refiero a que si estás alegre, con tu forma de vivir; con tus aspiraciones; con tu sencillez; sin quebraderos ni hastíos.

—¿Por qué no debería estarlo?

—He pensado que a veces, la gente se contenta en demasía con su facilidad y la futilidad de sus circunstancias. No en vano, ¿cuánto hace que llevas encadenado a esa silla de oficina desgastada?

—¿Y qué importa? ¿Ya estás otra vez con tu jolgorio de filosofía barata y psicología de salón?

—Sí, para tu desgracia.

—Mira, la cuestión no es estar contento o no, es lo que hay, yo no lo elegí. Pueda que me arrepienta en parte, sin embargo, a mí me vale, y no voy a aspirar a más.

—¿Nunca has pensado en obtener algo mejor? ¿En hacerte un favor a ti mismo y dejarlo todo para ir a la aventura?

—¿Y acabar como un escritor de tercera malviviendo en mi casa de okupa, sin oficio ni beneficio, a base de comida barata de microondas, dependiendo de un sueldo de mierda y esperando lo imposible mientras vives obcecado en unos sueños irrealizables de fantasía épica barata y princesitas? Cojonudo, un plan de vida cojonudo, lo estoy deseando, de verdad.

—No me refería exactamente a éso…

—No digas tonterías, o mejor deja de divagar de una vez y explícate; tanta verborrea aburriría hasta a un cura.

—No entiendo tu conformismo. Aunque viva en una situación precaria intento que cada día no sea equivalente al otro, busco nuevos cauces, experiencias; odio la puta resignación, ¿éso lo entiendes?

—Te ha costado. ¿De verdad piensas que por mucho que vayas como una cabra loca retozando por las praderas, algo va a cambiar; vas a dejar de ser el mismo tipo fracasado y escritor mediocre?

—Al menos no estoy a base de esa mierda que tú llamas café, el estrés no significa nada para mí, ni tampoco tus horarios de oficina. Algún día me marcharé de este antro, me iré a vivir donde sea, sin hogar, sin parientes, sin hijos.

—Es muy bonito, hasta épico. Creo que todos hemos pensado lo mismo en algún momento, ¿para qué?: para darnos cuenta de que son fantasías.

—Dilo por ti.

—¿Y adónde irás, querido? Te recuerdo que hay impuestos que pagar, hipotecas, coches, compromisos y…

—Nuevamente, dilo por ti. No hay nada como extender la mano mientras lloras por detrás tu desgracia y dramas, creyendo que por comprarte un televisor nuevo o permitirte un Mercedes te crees más importante, más realizado. ¡A la mierda!

—Estás como una puta cabra, amigo. Y no es una pregunta, es una afirmación con toques de intolerancia.

—Dentro de nada empezaré a vender mis novelas.

—«Dentro de nada empezaré a vender mis novelas». «Dentro de nada me marcharé de esta pocilga». «Dentro de nada me lanzaré a la buena vida». Sólo sabes hacer promesas y no cumplir ninguna. Siento pena por ti, llevamos años siendo amigos, y creo que no me dejas muchas opciones.

—Todo lo que digas no me afecta. Sigue embutido en tu realidad prefabricada, joder, ¡ni siquiera te molestas en adquirir un poco de cultura! Dices muchas sandeces en contra de mí, simplemente por el hecho de pretender ser igual que tus iguales, insúltame, adelante. No me importa.

—Vete a la mierda, entonces. Ya te pegarás una buena hostia, y ese día, te recordaré todas estas palabras.

—Seas tú o sea otra persona, todos me parecéis iguales. Total, mucha charla, mismo trasfondo. ¿Tanto miedo tenéis a los que están en contra de la simplicidad intrínseca de una vida semiesclava en fortalezas de hormigón llamadas ciudades?

—Interprétalo como te dé la gana. Tus falacias me la soplan. Ya tendré tiempo de restregártelas.

—Definitivamente sí.

—¿Por qué no me dejas en paz y te asomas a que te dé el aire? Despejar tu mente. Creo que tanto esfuerzo intelectual está turbando tu percepción.

—Ahhhh…

—Suspira como último aliento.

—¿Tienes una botella de agua?

—No, pero creo que necesitas una de esos artefactos endemoniados llamados “dinero”, a menos que claro, un espíritu tan liberal como el tuyo probablemente los tenga alergia.

—Me voy a dar un paseo.

—¿Y el agua?

—Hallaré alguna fuente por el camino.

—Buenas tardes.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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  • Sergio Sr. Rubio

    Parece que la felicidad ha pasado cada vez más de ser “Realización personal” a “Conformísmo y resignación” En lugar de tratar alcanzar nuestros sueños, parace que ahora lo que soñamos es alcanzar seguridad y estabilidad económica…

    Pero no voy a cometer la estupidez de decirte que yo no soy así. Que soy un espíritu libre de consumísmo y presiones materiales… Joder que me acabo de comprar una PS4… Chica, mi hipocresía no llega tan lejos….XD

    • La gente está tan metida en la sociedad que el conformismo es el único valor. Todo Dios echa raíces y el amor libre a la mierda. Asko mundo tete.

  • Oye, yo que tenía pensado escribir sobre problemas parecidos y por lo que veo no atrae muchas visitas. ¿Que cosas no? jejeje

    Yo creo que esto siempre ha sido igual. El motor más importante para la mayor parte de la gente es el yo social, o la imagen de tí que existe en la mente de la gente que te rodea. En este sentido durante toda la historia la gente ha estado vendida a esta percepción. Cuenta que tb tenemos el yo material, ya que todas tus posesiones se suman a tu persona, y creo que se acerca a algo bastante instintivo. Si te enseñan la foto de un tipo con harapos sentado en la calle y después otra foto del mismo tipo pero bien vestido y sentado en una biblioteca propia en una casa, tu imagen de él cambia, cuando puede tener exactamente las mismas cualidades intelectuales y de valores. Sólo con razón puedes descartar esta impresión, porque instintivamente sucede, y seguramente se debe a una necesidad de seguridad, de alimento, de cobijo, etc.

    Creo que nuestro yo más importante es el más interno, el teórico, intelectual, valores, etc. Pero quien lo tenga muy débil, lo digo simplificando, irá necesitando cada vez más la aprovación de los otros, más objetos, más seguridad exterior. Los yoguis de la india podrían ser el caso contrario.

    La cosa es, no te desesperes. El ser humano es un animalico el pobre, que se cree que funciona por motivos de razón pero no es cierto. Es una máquina casi preconfigurada. Es normal que sienta rechazo a todo lo antianimal y muy espiritual, dale jamón, reproducción, objetos y otros congéneres y será feliz. ; )

    • La atracción que generen estas entradas es relativa xD

      Parafraseando a Hume, de nuestro yo sólo podemos tener las impresiones momentáneas que en ese momento tengamos de nosotros mismos, y esas primeras impresiones son las que rigen tanto el cómo les vemos, como el cómo nos ven, por lo que aquí sólo te puedo dar toda la razón.

      Como dices, el auténtico yo humano es el interno, a todos los niveles. La verdadera esencia del hombre formada a partir de todas sus ideas, ideologías, valores, moralidad… Todo aquello que no poseen los animales y nos permite colocarnos la etiqueta de humanos.

      Saludos.

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