Composición congruente sobre la celeridad manifestada por el actuador empático en máquinas y otros artefactos

Dos grandes colgados. Dos grandes maniatados. Tres grandes colgados. Tres grandes ilustrados. Tres grandes enfrentados. Perspectiva entrópica, tópica, metódica, hipnótica, cerúlea, plúmbea, áurea, inmanente, remanente, disidente. ¡Fedón, hijo mío! ¡¿Qué te atormenta?!

¿Soñarán los androides con ovejas eléctricas pastando en llanuras de titanio?

 

(Agazapado impotente sobre un imponente plinto de piedra hincado como punto neurálgico de un océano embravecido de remanente basugre desparramada por la inocuidad de un espacio sostenido por el cimiento reforzado de azulejos rejuntados con yeso. Cuadrados blancos, ascéticos, de embarullados reflejos por sedicioso intrusismo de fulgores neónicos contenidos en finas barras pendidas por alambres de un techo desdibujado, constreñido por abscisas y ordenadas desmontadas en números cartesianos de desarraigadas incógnitas que proporcionan desajustadas proporciones euclidianas. Geometría cuántica cuantificada por sombras danzantes en un fondo translúcido, reflectante por arenosa cristalería que acoge dubitativa el lienzo de una ciudad apesadumbrada por una hedionda niebla helicoidal purpúrea, rojiza, anaranjada. Algarabía atronadora reverberada por ventiladores de ruinosas aspas que crepitan desacompasadas en una pared cercana a un portón deslizante, dispuesto longitudinalmente en relación a la apotema cruzada por un triángulo escaleno que parte en diagonal de la impronta grabada, maquiavélica, por las posaderas del harapiento, desfigurado, malnacido, estúpido, réprobo, pusilánime, desabrigado, medio aumentado hombre agazapado sobre el plinto de piedra recubierto por plásticos policromados y estampados arbitrarios. Ese mísero avaro, FEDÓN, sostiene un artilugio ovalado. Un actuador empático que destella tenues tonalidades parduzcas a través de un par de leds atornillados sobre una pantalla táctil que plantea una elección: SÍ o NO.)

FEDÓN — Quién sabrá quién es ella… La que canta por las praderas… Libertaria candente con dos protuberancias. Sugerente y risueña. Mira cómo resuella mi perdido nombre, transportado por rojizas ventiscas por los raíles de la Vía Láctea, nebulosas en las que Orión cabalga. Infinito espacio de inescrutable negrura cuya hechura sobrecoge mi donaire y me atribula. Aguardo sobre una columna de ébano alzada a contraviento, irrisoria en su virtud, demente por la senectud. ¿Qué luz contemplaré cuando atraviese los portones de acero? Realidad escapada como un ladrón en la noche que me remira de soslayo, que me murmura incierto devenir. ¿Qué seré yo? Nada más que una sombra petrificada en este antro, donde los caballeros mueren y las putas danzan descorazonadas… ¿Cierta pesadumbre me desembarga?

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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