La verdad, no estaría de más revitalizar el ello/ellos/lo después de su paulatina caída en desuso. Pero claro, finaliza en -o, y todo lo que contenga -o es la personificación del Maligno.

Y una vez visto a grandes rasgos esto, ¿qué pinta -elle en todo este fregado? Absolutamente una mierda. Y no sólo porque elle en sí sea el par de fonemas que representan una letra de nuestro abecedario, sino porque, como se ha demostrado, la utilización de formas masculinas y femeninas en el lenguaje habitual, además del desterrado neutro, es un fenómeno estrictamente gramatical. ¿Impresionante, verdad? Tanto tiempo de desdichas para averiguar que el lenguaje no son nada más que un conjunto de cuatro sílabas pronunciadas a partir de fonemas que se encadenan para formar un concepto abstracto interpretado por nuestra mente, evolucionado en su forma y estructura a lo largo de los siglos. Creo que se podría considerar hasta magia negra. Por tanto, ¿por qué? ¿Por qué se debe aceptar algo forzado a salir de su contexto por un grupo de personas cuyas luces son incluso más ínfimas que las de un led estropeado? ¿Por qué yo como mujer me debería sentir identificada con una propuesta sacada a voces de la nada que no sofoca los problemas y sólo consigue aumentar el bramido de las verdaderas bestias? ¿Por qué? ¿Por lenguaje inclusivo? ¿Una cuestión de principios e ideologías? Quién sabe, pero hay algo de lo que sí estoy segura: que la gente no tiene ni puta idea de lo que es un idioma en esencia.

Según la RAE:

lenguaje.

(Del prov. lenguatge).

1. m. Conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que piensa o siente.

2. m. lengua (‖ sistema de comunicación verbal).

3. m. Manera de expresarse. Lenguaje culto, grosero, sencillo, técnico, forense, vulgar.

4. m. Estilo y modo de hablar y escribir de cada persona en particular.

5. m. Uso del habla o facultad de hablar.

6. m. Conjunto de señales que dan a entender algo. El lenguaje de los ojos, el de las flores.

7. m. Inform. Conjunto de signos y reglas que permite la comunicación con un ordenador.

Conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que piensa o siente.” Un vehículo que el animal social que es el hombre emplea para transmitir mensajes que contienen un determinado valor simbólico no intrínseco. ¿Qué quiero decir con lo de no intrínseco? Me remito a la cita: el lenguaje no es nada más que un puñado de letras encadenadas que se ordenan de una forma determinada para formar un concepto completo sin ningún tipo de significado por sí mismo. El lenguaje es una puta herramienta, un ser inerte que vive cuando es hablado y muere cuando sus hablantes fallecen o paran de utilizarse. El lenguaje es una máquina de comunicación, un ser que no tienen ningún tipo de significado, ni implícito ni explícito.  Entonces, visto así, ¿por qué se habla de lenguaje sexista, lenguaje machista y demás mierdas? Para responder a esta pregunta retórica conviene remontarse al siguiente elemento de la cadena: el hombre o mujer. Como dijo Aristóteles, lo que distingue al humano de los animales es el lenguaje, pero más en concreto, su capacidad simbólica. Capacidad simbólica. Meteos ese concepto en vuestro malogrado cerebro porque es el que os va a ayudar a salir de más de un problema o de ser considerados un puñado de retrasados mentales cegados por el fanatismo extremo. El ser humano hace gala por evolución de una capacidad simbólica que le permite interpretar y modelar la realidad y, por tanto, trascender los límites sensoriales. Más aún. Gracias a la capacidad simbólica de la especie humana podemos reflexionar y crear lenguajes de todo tipo (científico, filosófico, religioso, etc.). Porque los símbolos son imágenes que poseen, por medio de convenciones socialmente aceptadas, una serie de rasgos asociados a la realidad sensorial que representan.

“Hombre” “Mujer” Son palabras que por sí mismas no significan absolutamente nada. Como se ha reiterado varias veces, son un puñado hilado de fonemas y nada más. En cambio, cuando el ser humano utiliza esa capacidad simbólica, esas dos simples palabras se convierten en conceptos, imágenes que nuestro cerebro interpreta y que a partir de ahí emite un juicio, construye un significado, una oración, lo que cojones sea. Lo que sugiere, y es aquí donde radica la vértebra primordial de este artículo, que es el ser humano el que convierte el lenguaje sexista o machista o feminista. Es el humano el que otorga un significado despectivo a mujer. Es el humano el que repudia el sentido habitual de la palabra subnormal. Es el mismo humano y no otro el que puede hacer que una palabra como perra pueda ser empleada como insulto o como una forma de llamar a tu mascota. Es el humano y no otro el que transforma un demostrativo como “esto” en una referencia negativa de connotaciones hasta raciales. Capacidad simbólica, señores y señoras. No lenguaje. El idioma evoluciona siguiendo más o menos unos esquemas, pero es el ser humano el que convierte ese idioma en su putilla feminista o machista.

Con esto aclarado y en relación de nuevo con elle. ¿Qué clase de connotación se merece algo así? ¿Qué tipos de significados levantaría entre las mentalidades retrógradas y las de aquellas personas que desprecian unas denominaciones tan excluyentes como ésa? Algo que empieza siendo una lucha por la libertad puede terminar acabando formando parte de la batería de insultos de un grupo antisocial bastante poco amigable. Las posibilidades son absolutamente ilimitadas y, en esto, el famoso lenguaje inclusivo no es absolutamente nada ni nadie. Aparte, con estas “medidas” en vez de fomentar la inclusión lo único que haces es acentuar la protesta y banalizar una lucha seguramente bastante más ensombrecida y cruel de lo que nos demuestra cinco mil firmas que poco valen en Change.org. ¿Para qué me voy a molestar en empezar a pensar de forma más seria y racional si sólo tengo que dejarme arrastrar por una ideología y poner un correo electrónico donde se me mande para solucionar todos los problemas del mundo? Desde luego, si esto es toda la lucha por la igualdad que se despliega en la actualidad, donde un montón de firmas electrónicas parecen auxiliar el mundo de sus desgracias, prefiero vivir aislada en un búnker. Por no hablar del empobrecimiento del idioma, la politización total del mismo por causas perdidas y demás.

Categorías: REFLEXIONES

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.