Centzontotochtin

Todo empezó aquí.

El valor de la vida. Me pregunto hace cuánto tiempo dejó de ser valiosa. Hace cuánto las caricias se convirtieron en gestos crispados de obligación. Hace cuánto desaparecieron las ideas traídas llenas de valentía dispuestas a cambiar el orden. Hace cuánto tiempo. Ahora. El hormigón domina los cielos atrayendo a almas esclavas hacia él para confinarlos en deudas impagables conjuradas con una gran amargura, en un sistema económico configurado como una espiral rectilínea de oferta y demanda que concede a los oligarcas un poder ilimitado, mientras que el pueblo llano sufre las desdichas de un capital ofuscado y retraído en grandes bancos.

Las depresiones se multiplican con caídas al vacío. El significado de los sentimientos se ha expandido, dosificado en miles de minúsculos obres ocultados por la furia cínica inculcada por el odio. El nuevo sistema opresor engulle como un monstruo insaciable y, apoyándose en la ciencia como fiel aliada, atenta contra el mundo, contra la humanidad. Nos convierte en fieles siervos auspiciada por el Pensamiento Único. Entierra nuestras débiles voluntades. Las destierra donde la individualidad se diluye incapaz de hacerle daño. Hay que despertar la conciencia. Ir más allá de las rejas. Destruir al opresor y dar cobijo a los rendidos…

—Cof, cof, cof…

—¿Algo más señor?

—No, gracias.

—¿La cuenta?

—Sí, por favor.

—Enseguida.

Unos momentos después…

—Aquí tiene, ¿en efectivo o con tarjeta?

—En metálico a ser posible.

—Tenga.

—A ver… Dos, tres, cuatro, cinco… Siete con cincuenta.

—Muchas gracias, vuelva cuando quiera.

—Adiós.

Case salió del bar. La ciudad que se perfilaba ante él era exactamente la misma jungla tecnológica descrita por el paranoico W.A. Grisáceos rascacielos dominando el firmamento, cables dispersos por todo el espacio aéreo, terminales encalladas en el suelo conectadas a enormes servidores donde se almacenaban miles de datos personales con cada segundo, coches en un devenir constante, bancos atestados de personas inconscientes de su persistencia, vagando sin rumbo por las famélicas aceras. Vagabundos expatriados de un sistema que los condena y relega…

—Hermoso ambiente…

Se acercó a uno de los teléfonos públicos y llamó a un taxi. Tardaría unos minutos. Se apoyó contra una de las farolas y se encendió un cigarro. Una vieja desfavorecida pasó pidiendo limosna. La ignoró deliberadamente. Ella soltó una sarta de maldiciones y se marchó.

—Maldita sea…

Dos niños jugaban violentamente con armas de juguete fingiendo dispararse mutuamente mientras se lanzaban insultos denigrantes. Sus padres centraban toda su atención en una terminar portátil, riéndose como si su infeliz vida fuese completada por un vacío programa de tarde. El ambiente se tornaba irrespirable por momentos…

—Cuándo coño tiene pensado venir…

El traqueteo de un coche cuyo modelo estaba obsoleto se paró delante de Case. Se aproximó a él, abrió una de las puertas y se metió con desgana.

—Calle Centzon.

—Serán cincuenta.

—Joder, ¿me tomas el pelo?

—Cincuenta o a pata.

—Está bien…

—En nada estamos allí.

El taxi arrancó y torció con un rugido inclemente hacia la derecha. Atravesando angostos callejones, los minutos se transformaban en siglos. Quizás era por la cantidad de cables de teléfonos cruzados que salpicaban los callejones, haciendo imposible la visibilidad de unos mínimos efluvios solares, dotando a la atmósfera de una constante incandescencia fría, tan característica de los neones. Ventanas recubiertas con maderos, puertas desconchadas, ratas y basura, indigentes durmiendo en cajas, jóvenes rebuscando entre despojos electrónicos infectándose mortalmente. Sin porvenir ni humanidad. Resentidos a una condición que ellos no eligieron y que por fuerzas sobrehumanas fueron obligados a aceptar. Los zumbidos de cientos de ventiladores distorsionaban el poco silencio audible.

«Los índices de criminalidad se sitúan en un veinte por ciento respecto al mes pasado, las calles van recuperando su orden y las gentes comienzan a estar más tranquilas. A esto hay que añadir, el aumento de los ingresos familiares y las oportunidades de trabajo que posicionan el nivel de vida…»

—Oye, con todo el respeto, ¿te importaría quitar esa mierda?

—Tsk, tú no me das órdenes..

—Por favor…

—Hay que joderse…

La voz cavernosa del noticiero fue sustituida por ritmos sistemáticos de golpes sonoros. Choques electrónicos certeros enviados al cerebro del oyente que provocaban un estado de semi-éxtasis, una falsa sintonía con música basura.

—No sé que es peor…

—¿Decía algo?

—Nada.

La noche y el día apenas se distinguían. Una de las características de la calle Centzon. Miles de gruesos conductos multiformes fluían en su totalidad. Más terminales y cámaras de seguridad vigilando, velando anónimamente por la seguridad e identificando al mismo tiempo. Edificios de seis plantas enhiestos a sus laterales, habitados por familias pobres o irremisiblemente arruinadas que se escondían de las constantes patrullas o redadas anti-droga como dictaban sus eslóganes. Limpieza humanitaria diría la mayoría. Familias enteras despojadas de sus maltrechos hogares para ser llevadas a lugares indescifrables. Nadie las vuelve a ver. Nadie sabe de ellas. En un único proceso son eliminados del Sistema. Sus nombres nunca vuelven a ser recordados.

El taxi se paró en uno de los lados de la avenida iluminada por una tenue farola. Case pagó y se bajó del coche. Delante de él, se alzaba un rectángulo negro por las décadas de acumulación de cemento mezclado con hormigón. Sus puertas de acero forjado chirriaban con el más leve contacto, meciéndose por el condensado viento. Cogió unas llaves de su bolsillo, giró el cerrojo y entró. Un aura críptica envolvió a Case.

—Será mejor que me tome mi tiempo.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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  • TheMarkusBoy

    Negra, ése “Haber” en lugar de “A ver” me ha dolido mucho, que lo sepas xD

  • TheMarkusBoy

    Te voy poniendo los errores gramaticales que veo que se pueden corregir o mejorar:

    Haber… Dos, tres, cuatro, cinco… Siete con cincuenta. –> “A ver”

    Sus padres centraban toda su atención a una terminar portátil –> “en una terminal”

    puertas desconchada –> “desconchadas”

    Los indices de criminalidad se sitúan en un veinte por ciento respecto al mes pasado –> “índices”, con tilde

    y las gentes comienzan a estar más tranquilas –> que yo sepa el plural de gente apenas se usa, sería singular en este caso (creo)

    A ésto hay que añadir –> “esto” no lleva tilde, y la coma sobra

    Tsk, tú no me das órdenes.. –> Aquí el taxista tutea a Case, pero luego lo trata de usted en el “¿Decía algo?”. Una cosa o la otra xD

    Limpieza humanitaria diría la mayoría. –> Una coma después de humanitaria sería acertado

    Familias enteras despojadas de sus maltrechos hogares para ser llevados a
    lugares indescifrables, nadie los vuelve a ver, nadie sabe de ellos. –> familias es femenino pero la mencionas como masculino (llevados, los, ellos). En todo caso sería llevadas, las y ellas (aunque supongo que te referías a los individuos que conforman las famílias)

    Sus nombres nunca vuelven a ser recordados jamás. –> “nunca” y “jamás” son sinónimos, así que veo absurdo que estén en la misma oración xD

    Delante de él, un rectángulo negro por las décadas de acumulación de cemento mezclado con hormigón se alzaba. –> Creo que la frase está mal construida, en mi opinión quedaría mejor un “Delante de él se alzaba un rectángulo, negro durante décadas por la acumulación de cemento mezclado con hormigón.”

    Y bueh, esto es todo lo mejorable que veo por ahora. Espero que no te lo tomes a mal, eh xD

    • Si me lo haces con todos te convierto en mi editor.

      • TheMarkusBoy

        ¿Pero me pagarás? ¿O seré tu negro?

        • :B Estas cosas se hacen por amor al arte.

          • TheMarkusBoy

            Pero que me pagases no estaría de más eh xDDDD

            • Te doy mis bendiciones.
              :v

              • TheMarkusBoy

                ¿Y las buenas noches no? :c

                • Eso es negociable.

                • Gente(s)
                  “Como otros nombres colectivos, admite un plural expresivo, usado casi exclusivamente en la lengua literaria: «Fue ella quien me introdujo en las cosas, en las comidas, en las gentes de aquí» (Benedetti Primavera [Ur. 1982]).”

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