Análisis de: Bernband [PC]

El legado que LSD Dream Emulator inició con su lanzamiento al mercado proyecta una sombra alargada, muy alargada. Los juegos metafísicos: los metavideojuegos. Así es como los denomino y siempre denominaré. Aquellos videojuegos basados en el arte de andar y en la bella actividad filosófica de la contemplación aristotélica. Eso es un metavideojuego: andar y contemplar, fluir por el ambiente y desentrañar los entornos interactuando con las más variados seres multiformes extraídos de la peor pesadilla lovecraftiana, si los hay, y, mientras tanto, concebir una segunda lectura de ese idílico trasfondo que te engulle y absorbe bajo parpadeantes luces semejantes a neones y píxeles como muñones. ¿Los metavideojuegos tienen finalidad, una meta? ¿Acaso tienen un sentido intrínseco que los hace distingibles del resto de videojuegos habidos sobre la faz de la Tierra? ¿Los metavideojuegos son videojuegos o en cambio son obras encubiertas, pequeños bocetos que restriegan y criminalizan la falta de humanidad creativa, de sentir artístico, del ser humano postmoderno? ¿El Mito de la Caverna platónico hecho juego? ¿Cuál es el origen del Universo?

Preguntas. Incógnitas transcendentales que salpican el halo henchido de hediondo misterio y desprendimiento de los metavideojuegos. Nadie sabe lo que son, simplemente, estaban ahí cuando llegaron y ahí se permanecerán siempre. ¿Ha tenido sentido esta máxima? Probablemente no, pero es lo que mejor refleja la laberíntica amalgama de códigos binarios que son los metavideojuegos: no tener sentido, me aventuré a decir, pues su sentido sólo es extraído a través de las fraudulentas mentes que lo juegan y observan, como espectadores en una ópera: lo ven y les dotan de espíritu, ese alma que los completa, ese último engranaje que resuelve el Mito de la Creación y el de la Santísima Trinidad. Un porqué, un simple por qué que resuelve lo irresoluble de la metaconciencia y de todo aquello que enarbole el prefijo –meta.

De esta manera y de ninguna otra, los metavideojuegos son especiales. Alzan con premura aquello de lo que carecen nuestros días: libre pensamiento y libre interpretación. Lo que nadie puede atisbar porque sencillamente no existe y sólo goza de sentido para su autor. El metavideojuego, una desambigüación. El metavideojuego que, en este caso, no es otro que Bernband, un bastardo de LSD Dream Emulator, un neófito del metavideojuego que, retomando las bases primigenias y los planteamientos primordiales de LSD Dream Emulator, articula un mundo futurista propio plagado de las más aviesas y diversas formas en multitud de actividades. Bailando, cantando, en un bar, en un pasillo, esperando al metro. La paradoja del mundo postmoderno High-tech/Low-life recreado en apenas 46 megas y 21 niveles. Una maravilla digna de admiración, a la que rendir subalterna pleitesía, y de la tinta que se gaste en traducir lo propuesto; de modo que, una vez desmenuzado el paradigma creacionista del metavideojuego y sugerido lo que ofrece Bernband, es el momento de adentrarse en la Caverna y atisbar su significante último para después indagar en su significado, sin mayores pretensiones que el puro amor por el arte hasta el hartazgo.

Descargar juego: http://gamejolt.com/games/other/bernband/34864/

Estás solo, en una habitación desnuda. No sabes quién eres, ni porqué estás allí, en ese singular espacio. Lo único que se perfila ante tus ojos son tus manos y un limitado campo visual sólo ajustable por una cámara que rota por todos los ángulos posibles permitiendo una mayor visión periférica. No hay diálogos, ni una historia, ni un trasfondo asociable con ningún personaje: completamente solo en una estancia igual de solitaria con un mundo alienígena de neones y aerosdelziadores que corren y se despliegan ante tus ojos sin advertir tu presencia, como un ser insignificante, un paisano más que se pasea de un lado a otro extasiándose con cada una de las maravillas tecnológicas que le salen al paso. Uno más en la marejada de criaturas que habitan los rincones de una ciudad muda y adornada con las ilusiones de una humanidad que en aquel paraje de aluminio y acero está completamente extinta. Eso provoca un extrañamiento en aquel ser de innominada forma, un extrañamiento convertido en impulso que le propulsa a avanzar con pasos trémulos más allá de la puerta deslizante y aventurarte indolente hacia ese paraíso nocturno anónimo que se alza como la ignota Kadath de las peores ensoñaciones. Como esa ciudad que la extraña criatura contemplaba a través de la ventana.

Así comienza su viaje. Una travesía dantesca en la que el ser recorrerá 21 niveles de similar trasfondo y decorado. Acero, oscuridad, luces multicolores, neones, naves espaciales, construcciones, graffitis, junto a bares, aparcamientos subterráneos, una estación de metro, exteriores, pasillos interminables… Escenarios, escenarios de lo más variopinto y pintoresco que configuran ese reducido mundo de seres extraterrenos de forma indeterminada. Un mundo. Una ciudad perdida en la oscuridad. La ciudad sin nombre que jamás es desvelada en el juego y tampoco en el gorjeo goteante de los habitantes. Un espacio tan anónimo como el personaje. Un reducto hostil sin etiquetar en el que la única finalidad de la criatura innombrable es observar, andar y observar, cruzar el velo de la realidad e internarse en cada uno de los espacios con exactamente la misma meta: observar, mirar la decadencia de su alrededor. Ser el testigo mudo de la decrepitud futurista de ese cosmos foráneo.

El acceso a cada uno de ellos se efectúa por un sencillo ascensor y algunos conductos que conducen a unos y a otros siguiendo un orden específico, no aleatorio, como se tiene costumbre de LSD Dream Emulator. Por tanto, se podría decir que la criatura está ante una visita guida, un tour por un lugar limitado con unas fronteras muy visibles. Quizás sea así, quizás no. Quizás todo sea un producto mental del Ser que en una paranoia de tecnología abrumadora se ha inventado una ciudad entera y en realidad todo las criaturas que en ella se ven son aspectos y personalidades del mismo, proyecciones astrales del Ser en un arranque de creatividad. O no, o quizás las criaturas no sean criaturas, sino seres humanos mutados por la tecnología, por los aumentos; humanos de química y biología alterada que se arrastran por ecosistemas manufacturados porque las condiciones en la Tierra son inhóspitas y hostiles. O quizás sean Shoggoth, seres del planeta Yuggoth, en una de sus inmensas ciudades ciclópeas de ángulos y formas imposibles. Shoggoth que se encuentran en un planeta avanzado o en la misma Tierra y han adoptado el estilo decadente de las maneras occidentales de puro vicio y vida nocturna. Quién sabe.

La música en este viaje es inexistente. El Ser estará acompañado exclusivamente del deslizar eléctrico de naves, la música ambiente de discotecas ilegales y pubs, y el habla ininteligible de las criaturas. No hay música de ningún tipo, tan sólo sonido ambiente envolvente que te sitúa de lleno en la acción sin más preámbulos y presentaciones. No hay una gran BSO detrás, tampoco un mini álbum o canciones reconocibles; solamente un murmullo industrial y fragmentos musicales desperdigados. La orquesta de una ciudad. Las conservaciones son igual de inexistentes. El Ser es mudo, o no conoce el idioma. No entabla conversación en ningún momento y los habitantes tampoco con nosotros. ¿El Ser existe de verdad? ¿Las dos manos que se ven en la pantalla son reales o tan sólo son una trasmutación material que sirve como una referencia espacial? A juzgar por la ausencia total de acciones, objetivos y diálogos, se podría decir que no. El Ser no existe en sí. No es consciente de su propia existencia, de que está vivo, pero el resto sí. Los habitantes nos ven, nos dirigen algunos gruñidos, pero el Ser no. El Ser no hace nada porque no es consciente de que existe, de su yo. Al igual que su viaje. La ciudad resplandeciente. Los habitantes.

Meras paranoias de un Ser que, perdida su identidad en la noche de los tiempos, emprende un viaje encontrarse para sí mismo, volver a estar en sí. Ser uno con su espíritu y con su alma. Ser uno con las criaturas que pueblan los estadios mentales en los que se ve involucrado, pretensión que sólo puede lograrse a través de la contemplación, la actividad más pura que enriquece el alma. Sin embargo, su noble causa es irrealizable.

Andar y andar, caminar y caminar, de ascensor en ascensor. El Ser se da cuenta de que todo se repite, todo regresa, todo retorna. Está atrapado en un mundo límbico. En un 7 infiernos del que jamás podrá salir, del que jamás podrá resurgir. La contemplación es insuficiente y el mundo se torna miserable. La ciudad se convierte en un yermo y el personaje se expande. Sus partículas reverberan y se contraen hasta formar una Supernova que lo diluye y atrapa para siempre en esa ciudad contemplativa de habitantes multiformes que brilla y resplandece en el oscuro horizonte como la ignota Kadath de las peores pesadillas.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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  • Uff! Suena horrible. El juego, no la entrada, que es excelente, como de costumbre. 21 niveles de no hacer nada. ¿Es siquiera un viedojuego? Parece enclavado en eso que llaman walking simulator. Jugué uno, Dear Esther, y lo dejé espantado. Creo que este tipo de juegos no es para mí. Muchas gracias por el aviso.
    Saludos fremen.

  • A mí me lo has vendido. Si es que soy más facilote…

  • Luis

    ¿Por qué los llamas metavideojuegos? Entiendo, según leo, porque surgen por composición de los lexemas metafísica y videojuegos. Sin embargo, es sólo una apreciación, el prefijo -meta (acerca de, junto a, después de) ya es prefijo en la palabra metafísica (ya sabrás la historia de la Metafísica de Aristóteles situada después de libros concernientes a los temas de Física) por lo que sería incorrecto e incompleto formar un nueva palabra. Lo que quiero decirte es que en los medios de expresión con capacidad de lenguaje (y el videojuego es uno de ellos), el prefijo -meta se usa para hablar de los procesos autorreferenciales, es decir, cuando un lenguaje habla o reflexiona sobre sí mismo.

    • El metavideojuego es una categoría que me acabo de inventar porque me apetecía y me parecía graciosa la palabra. Sólo hace falta leer la entrada y un par más para darse cuenta de que es una coña que me viene de LSD Dream Emulator.

      • Luis

        Es la respuesta que esperaba.

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