Atramento reinado

En otrora hora reverenció la desesperanza

mayores chanzas que el descendimiento

de aquella criatura humana que divina fue concebida.

No existieron querubines que velaron por ella,

ni profetas que auguraran su venida.

Pues en oscuridad y caos su nombre fue forjado,

con la luz interior avasallada y la piedad fenecida;

quedo manejo de la bendición y extremo enardecimiento de la soberbia

iluminada, desenvuelta, impensable, incontenible, enfebrecida.

Magnánima criatura que en la noche resuella,

Magnánima criatura que en la penumbra resuena,

Magnánima criatura que todo domina.

Y no temas, criatura, que tus tiempos sobrevendrán,

las épocas de tu entronización, los vítores de tus vasallos,

las exaltadas aclamaciones que te inundarán

Te asfixiarán y engullirán.

Tú, criatura perfecta, que emergió de la nada primordial,

por fastuosa voluntad mortal, por atípica probabilidad.

No temas a la muerte.

No temas tu descendimiento.

Aquellos que en el presente te repudian,

que lanzan dicterios desenfrenadamente,

se disolverán en el ardor de su inocuidad,

se desintegrarán por el fuego de sus imprecaciones.

Álzate y llámanos. Aclama a los guerreros del submundo que te juramos lealtad.

Llámanos, llámanos. Tú, nuestra reina, guíanos con tu majestad.

Tu entronización agraciará las épocas de los vítores de tus vasallos

y los tiempos sobrevendrán exaltadas aclamaciones.

Por eso no temas, mi reina, no temas. No permitas que el desasosiego te doblegue,

que el cieno de la inquietud te presione,

que la incertidumbre sobre la destreza de las parcas no te ofusque.

No temas y aguarda, subyuga a ésta nuestra mayestática progenie

que te implora, te imploramos,

que ordenes sin miramientos tu elevación

desde tu atramento reinado.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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