Askopos

Áspero retiro basugre. Óbice absurdo. Imprevisto insustancial que me amenaza desde los ángulos ciclópeos de una ciudad abyecta que me recrimina entre estertores mi ambivalente empecinamiento. Descompuesto por las irrealizables obcecaciones de mi obtuso yo, que respira la corrosión de un ambiente absolutamente ennegrecido por la contaminación de la espiritualidad individual. Maldita seas. Malditas seas. ¿Dónde reclamo mi triunfo? ¿Dónde has escondido mi trascendencia? Trascendencia difuminada por la tergiversación ineludible de los neones atrincherados tras el metacrilato que refulgen las formas grotescas y simiescas que afluyen por las aceras inconscientes de su vacuidad consciente. Burlesca. Descorazonador. Inserción de algoritmo. Exijo no deambular más por tus calles. Por tus avenidas atestadas de inopinados simiescos. Transferencia desactivada. He matado, mancillado, asesinado. Y ahora improductivo disecciono las múltiples incógnitas que sobresaltan la estima de mi egocentrismo. Sin cavilar réplica íntima. Disyuntiva fantasmal que me dispara invectivas desde la simultaneidad paralela de los millones de planos solapados en pretérito, presente y futuro, y triple persona la enajenación que me poseyó. Que reniego abiertamente. Como superior, mis estados anteriores no son nada más que meras fugacidades olvidables. Como superior, seré capaz de dilucidar aquello que reniegas abiertamente concederme. Como tu hijo díscolo, como tu más aventajado prófugo aguerrido. Tu carencia de otorgamiento me es un incentivo añadido para la continuación de una insaciable búsqueda de un destino impreciso. Indefinido. Ejecución. Yo fui creado por y para mí. Fue concebido en el trasiego de un accidente en la ciudadela de las penumbras que se enmascara tras tus murallas. ¡Aquella que con tanto ahínco te empeñas en sostener! ¿Qué te impulsa a afirmar que jamás ningún arremetimiento las derrumbará? Estúpida enclenque. Yo que creía en ti. Que creía que me redimirías. Estúpida y más que estúpida. Permití que me sedujeras con tus venéreos artificios. Deslucido. Desconexión.

¿Qué te consterna Marlik? Me irrita saber que nunca podré ver la Ciudad. ¿Por qué quieres ir allí? Es mi misión. El único objetivo que me mantiene en pie cada día en las Intramurallas. Soportando su inaguantable deshumanización. La soledad que me embiste desde las muecas forzadas de los miles de fedones que me interpelan. Persistencia mediocre. Yo quiero alcanzar la Ciudad porque ese es mi sueño. Me da igual ser humano o aumentando. Marlik, querido, la única forma de que puedas penetrar en la Ciudad es suprimiendo tu propia identidad. Tu nombre. Tu apariencia. Tu todo. Lo sé. Lo sé. Sé que lo sé. Por favor, déjeme salir de aquí. ¡Déjeme déjeme déjeme déjeme déjeme déjeme déjeme! ¿Y qué harás cuando estés en la Ciudad? ¿Has trazado algún plan a largo plazo? Sólo quiero verla. Verla. ¿Nada más? Sólo quiero verla. Lo que ocurra posteriormente no me incumbe. ¿No te incumbe? ¿Seguro? Seguro. Cuánta determinación, querido, es una pena que se perfile como inalcanzable para un pusilánime como tú. Ni siquiera eres capaz de cuidar de esos rudimentarios aumentos que te colocaron simplemente para que siguieses rellenando un hueco en el Área de Mantenimiento 12F. Marlik, estás desperdiciando tu acotada vida con semejantes tonterías. En la Ciudad encontraré lo que necesito para completarme… Ah, sí, ¿y qué es eso que tanto apeteces? Conexión.

Ruido. Introducción de un rompehielos en el puerto trasero de una anticuada terminal personalizada con colores chillones, bandas cromadas y pegatinas diversas de formas intrincadas que expelen obscenidades variadas, resaltadas sobre un fondo grisáceo horadado por grietas sin soldar. Aspiro a un espacio donde pueda ser yo mismo. Un uno en todos. Dos en uno. Un espacio donde la máquina resuella libertinaje desmoralizado transitado por atravesados enredamientos de ciudades enmarañadas en una progresión helicoidal que relame las tuberías descubiertas de los Ramales F45, F50. Atravesamiento de las zonas septentrionales de Dos Este para converger en punto sinérgico del epicentro derruido de una central de procesamiento de metales donde la monotonía rige sobre un puñado de empleados que constituyen un código de reconocimiento ciudadano en una interminable lista de funcionarios que teclean arcaizantes palabras sueltas en una lengua binaria cuantificada por disección transversal del músculo trapezoedro del sujeto HXJ – 321. Desconexión. Reinicio del sistema. Indizando. ¡Maldita seas! ¡Condenada seas! ¡Sacrílega seas! ¿Por qué me has desposeído de la mortificante ilusión? En ti me refugié y me desencontré. Desconexión. Ejecución de última entrada memorística. Como aumentado, he descubierto que puedo perfeccionar increíblemente mis habilidades mentales y lingüísticas. La extensibilidad de mi vocabulario, la fijación de mi concentración y, sobre todo, mi destreza para discernir el cándido deseo. La Ciudad que contemplo apostado desde lo alto de las murallas es hermosísima, mas una impertinente congoja me subyuga por la proximidad de las Intramurallas que tanto rehúyo. Distanciamiento progresivo como un atenuante de los terrores que se debaten en la debacle vaticinada por una premonitoria e insurgente decadencia. Suspensión de la entrada. Interpolación de proceso. Iniciando nueva entrada memorística. ¡Trascendencia! ¡Trascendencia! ¡Ambiciono la Trascendencia! Desconexión. Reactivación. ¡Placer! ¡Placer! ¡Ambiciono el placer! Desconexión. Inserte su término de búsqueda: muerte. Entrada encontrada: siento un vacío en mi ser. ¿Selección de entrada? Sí. Abriendo entrada memorística. Por favor, espere. Su última entrada corresponde al nombre de: Narlik absoluto. ¿Está seguro de que desea abrir la entrada? Sí. Cuánto tiempo se ha desestructurado. Cuánto espacio se ha marchitado. Cuántas demenciales sentencias se han sucedido por estas alborotadas erudiciones. Cuánto y nada. Cuánto y nada más que las luces de la Ciudad. Desde el cenit de los edificios. Desde los propileos de partenones de acero enhiestos por columnas de desórdenes corintios. No lo recuerdo. Añoro descabal. No recuerdo la última vez de las Intramurallas. La última vez que atravesé el corazón con mi brazo de un amortajado desconocido entretenido. Carmesí máscara que me amordaza mientras reverbera un reloj de carrillón en la plenitud de la neblinosa distancia. Qué me queda. Nada más que yo postrado ante la pena. Eterno insatisfecho. ¿En qué momento desdoblé mi empresa? Desolado. Necesitado. Desamparado. Indolente emancipación que me castigó cuando contemplé por primera vez las luces de la Ciudad. Yo sólo quería ver las luces de la Ciudad. Muté. Me deformé. Me metamorfoseé en una sátira viviente. Enganchado sempiterno a conectores. A los malditos conectores. Marlik. Imbécil. Inútil. Aumentado. Productividad. Oscuridad. Motores Inmóviles. Soledad. Desprecio. Entrañable. Vacío. Necesidad. Tragado por la incomprensión que me atenazaba. Poco se puede contar de mi estulticia. Poco se pueda contar en tan estrecha memoria. Poco me queda por contar. Salvo anunciar deplorable manifiesto. Encariñándome con la toxicidad de las anaranjadas brumas. Concluí. Reposando sobre la cúspide de las murallas que resguardan la mortaja de mi hogar. Exiliado. Que mi exultante propósito. Terciado. Desollado. Desentrañada la esperpéntica falsaria de aparentar sin aparentar. De nombrar sin nombrar. De actuar sin actuar. Yo. Sólo. Quería. Observar. Las. Luces. De. La. Ciudad. Error de lectura de memoria. He. Encontrado. Lugar. Mejor. Donde. Podré. Ser. Feliz. Error de e/l. Iniciando recuperación. Un. L. Angosto. Anómalo. Sin. Em. Des. Allí. Podré. Contemplar. Luces. De. La. Ciudad. Acceso de memoria anulado. Recuperando. Es. Hora. De. Morir. Maldt. Máquin. Y. sé. Que. So. Humano. Memoria irrecuperable. ¿Desea formatear?

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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