Askopos

¡No puedo sentir empatía por alguien que me ha destrozado mi brazo! Por su maldita culpa me han puesto este armatoste, ¡y lo defiende! ¿Por qué lo defiende? No lo defiendo ni justifico, simplemente te imploro que reconstituye tu compostura, ignores lo sucedido, actives el actuador y regreses a tu puesto de trabajo. Reitero por enésima vez que en las Intramurallas estos accidentes nunca se hacen por divertimento. Ahora vete. Me importa una mierda la empatía… Recuerda el Código. Yo no firmé ese Código. Nadie te pidió que lo hicieras, únicamente cumple y márchate de una vez.

Grasiento amorfo pendular. Desagrado. Inclusión de un ejecutable sentimental adicional. Impertérrito. Un vano requerimiento rutinario. Anodino. El fiambre se mece. Desinteresado rebusco en una base de datos. Interpelo algoritmo sibilante que me expone con regodeo una lista de genuinos mil quinientos nombres. Fugaces mil quinientos réprobos orgasmos.

Dos en uno. Uno en todos. Dos en uno. Uno en todos. Dos en uno. Uno en todos. ¿Qué le ocurre? Otra depresión intramuraica. Arrebatos frecuentes, constantes, continuos. ¿Han determinado por qué? No lo sé. Quizás. Quizás pienso demasiado. Output. Desafección. Ácido burbujeante rezumando de un portón de acceso a los Ramales. Ramales. Boca. Oscuridad. Oscuridad. Oscuridad. Oscuridad. Dos en todos. Uno en uno. Me volteo. Ansiedad. Desencadenado. Recuperación de estado. Recuperación de estado. Por qué, ¿por qué eres tan maquiavélica?

No paro de pensar en la Ciudad… No paro de pensar en ella… Es… Es como una especie de fantasía sexual. Una inquietud serpenteante que restalla deletérea en mis entelequias. Nunca he estado y es… es como si pudiera ojearla a través de las paredes de las Intramurallas. Como si pudiera tocarla, acariciarla, abrirla de piernas y follármela. Es como si, más que una ciudad, fuera una diosa. Una deidad clásica. He empezado en creer en ella así. Porque ella me hace feliz, aunque no la pueda ver. Aunque no la pueda coger. Ella es mi diosa personal y puedo empezar a rezarla. Pero… pero… Es tan lábil. Una creencia tan lánguida e insostenible, ¿no crees? Acaso. ¿Acaso Dios no es nada más que un androide mezclado entre los cereales de un centeno? ¿Acaso Dios no es nada más que una vacua manifestación de un denigrante desasosiego proferido por un grupo de gente que se aferra a la posibilidad de que su ethos contractual suponga el restablecimiento de una colectividad armoniosa y jurídicamente incontestable? ¿Cómo se representa a Dios? ¿Cómo el aparcamiento reproducido en las fotografías? ¿Cómo la pieza de cromo violáceo incrustado en mi brazo? ¿Qué puedo hacer? Tan perdido hallo me en este pozo. Cómo saldré. Saldré… Saldré. Paraíso, aguárdame.

¿Te burlas de Marlik? Yo también. Continuamente. Pero es que ese patán no para de hacer el soplapollas y cada vez de formas más y más creativas. Pobre iluso. Ahora se ha empeñado en soltar una jerigonza sobre no sé qué dios y no sé qué ciudad. Que pone a la Ciudad en un pedestal, como si fuera una especie de entidad superior o no sé qué puta mierda más. Un dios, tronco. Ignóralo. No merece la pena. La depresión intramuraica ha terminado por corroerlo. Ha sucumbido. Da hasta pena, pero lo mejor será dejarlo. Que los de Sanidad se ocupen de él. A lo mejor es que se ha desencantando. Quién sabrá, tampoco me interesa en absoluto. Yo te quiero. Yo te estimo. Te adoro y te anhelo. Te rememoro risueño aprisionado en mi cubículo. Te imploro. Te ofrendo mi espíritu. Respóndeme, ¿qué de hacer para alcanzarte? ¿Qué he de hacer para abrazarte? Dios. Dios. Tú eres mi dios. Mi dios porque así lo decido… Así lo deseo… Y tú no puedes hacer nada… Nada. Ciudad. Tú no puedes hacer nada. Por favor. Quiéreme. Quiéreme. Porque eres benigna. Eres incorrupta. Mayestática en el epicentro de mi desespero. Eres el ser. Pero, ¿qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer?

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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