¿Hipótesis reales o ciencia ficción?

La Arqueología es una ciencia histórica y humanística que, a partir de una materialidad determinada a la que posteriormente se le dota de identidad, erige todo un edificio interpretativo con el objetivo de producir una reconstrucción del pasado, contrastada, válida y aceptada por la generalidad; que posteriormente es divulgada y difundida entre la opinión pública, siendo su principal objeto de estudio los grupos humanos, así como la adopción de sus patrones de comportamiento, cultura y estilo de vida. En definitiva, explicar cómo es el ser humano a lo largo de su historia y lo que engloba en todo tipo de etapas y manifestaciones.

Así sería en términos muy genéricos y superficiales mi definición personal de esta ciertamente atrayente disciplina. Sin embargo, éste no es el tema principal; lo es, uno que deriva de uno de sus puntos en específico, uno que ha captada toda mi atención y ha despertado buena parte de mi curiosidad a la vez que una leve alarma sobre los peligros que, desde mi punto de vista más crítico, pueda comportar: la interpretación en la Arqueología, el edificio interpretativo que encadenaba la tercera línea y que constituye el motor de esta ciencia en todas y cada una de sus facetas y manifestaciones posibles.

El edificio interpretativo sería algo tal que así. Igual de ruinoso y fracturado que la evidencia en la que se basa.

Interpretación que me ha llevado a aseverar con rotundidad que la Arqueología, más que una ciencia histórica encargada de la producción de conocimiento histórico, es una ciencia especulativa que, acarreando una cantidad inconmensurablemente exagerada de problemas, se encarga de producir historias que perfectamente podría encajar en una novela de ciencia ficción al estar basadas en humo, la materialidad, y la pura subjetividad e inventiva del arqueólogo, estando reforzada esta impresión por las citas de unos autores reconocidos tales como Colin Renfrew que, en la “Introducción” de su manual Arqueología: teoría, métodos y prácticas, reza “la Arqueología es, en parte, el descubrimiento de los tesoros del pasado, el trabajo meticuloso del analista científico y el ejercicio de la imaginación creativa”, y continúa, “Pero es también la tarea esmerada de interpretación que nos permite entender qué significaron estas cosas en la historia de la humanidad.”; y es refrendado por Matthew Johnson [2000, 23] con un “…lo que nos hace arqueólogos en las antípodas de simples recolectores de trastos viejos, es el conjunto de reglas que usamos para transformar los hechos en relatos coherentes sobre el pasado; relatos que para nosotros, los arqueólogos, y que (esperamos) también lo tengan para la gente en general. Y tales reglas, sean implícitas o explícitas, son de naturaleza teórica. Los hechos son importantes; sin embargo, sin teoría los hechos permanecen completamente mudos.

Especulativa en el sentido de ser incapaz de generar verdadero conocimiento objetivo susceptible de ser contrastado sobre una base tangible y verdadera. Es cierto que en Arqueología, como parte de su proceso metodológico, se contrastan hipótesis, pero a diferencia de otras ciencias, éstas son más semejantes a ilusiones y opiniones de que lo podría ser, antes de lo que debería ser. Puesto que como se ha escrito antes, la Arqueología es puro esfuerzo de imaginación creativa, y como tal, cualquier cosa es susceptible de ser interpretada de mil y un formas diversas, tanto si se tiene una base científica como si no, tanto si se considera una aproximación válida a esa realidad como si no, tanto si se considera la verdad absoluta e inamovible como si no. Y por supuesto, los errores que de esa interpretación deriven, las divagaciones, los relatos coherentes contados a medias y otros tantos que me reservaré para no alargar demasiado y entrar cuanto antes en materia. Así que, sin más.

Al principio, cuando apenas había tanteado la Arqueología a través de la asignatura, defendí la firme convicción de que la Arqueología no era más que una disciplina a secas, ni científica ni pseudocientífica. Un método de recogida y clasificación de materiales, al más puro estilo del historicismo, que después eran analizados por sus descubridores sin ningún tipo de fundamento científico real al ser el sujeto de su estudio una materialidad completamente desprovista de significado imposible de contrastar empíricamente, debiendo recurrir inevitablemente a la fantasía y abstracción. Pero antes de empeorar este pensamiento, por suerte, descubrí que lo que no poseía ningún tipo de fundamento era esta valoración al poco de conocer que existía algo llamado método arqueológico, indagando más en su evolución histórica, en cómo se plantean las teorías y en sus diversas corrientes hasta concluir que, efectivamente, la Arqueología es una ciencia de pleno derecho, sí, pero con el matiz de la especulación.

¿Por qué? Por su campo de estudio: la materialidad. Un puñado de objetos o artefactos que son exactamente lo que se ve: un puñado de objetos o artefactos fragmentados desprovisto de valor y significado, que a menos que adquieran la capacidad de hablar por algún poder superior o Dios Primigenio, no sugieren ni dicen absolutamente nada ni de sus dueños, ni de la sociedad a la que pertenecieron, ni de cómo se fabricaron. Del más absoluto e insondable vacío se ha de deducir cómo fue una civilización de hace cuatro milenios en el África subsahariana, por poner un ejemplo exagerado, o averiguar cómo eran los Australopithecus a partir de un puñado de fémures medio destruidos. Tal cual. Y no sólo inferir el cómo pudo haber sido, sino también convertir esas deducciones en una documentación oficial que origine mares de tinta en revistas especializadas, prensa, televisión, Internet y todo lo que esté a mano; gracias a tan sólo el esfuerzo creativo de un arqueólogo empeñado en dotar de un trasfondo coherente a esos singulares artefactos con el apoyo de una serie de fuentes.

A partir de algo como esto, escribir siete manuales de 50 € por tomo.

Desde luego, para los que sean muy imaginativos es toda una inspiración, sobre todo a la hora de escribir una novela; pero en una disciplina científica, esto se antoja ciertamente espeluznante y hasta bastante acientífico si uno se pone tiquismiquis, lo que sugiere nada más y nada menos que la Arqueología es la ciencia especulativa por excelencia y de la idealización. Bien es cierto que los arqueólogos comienzan sus proyectos con una idea o una reflexión de lo que se va a hallar, pero aún así, ¿acaso esto no es especular? ¿No es conjeturar en base a algo que sólo es una ínfima parte de un entramado mucho más complejo? ¿No es fantasear con la nada? Incluso aún cuando la Arqueología en su interpretación parte de unas pautas básicas comunes, incluso aún cuando la Arqueología Interpretativa o Postprocesual es consciente de este tipo de inconvenientes.

¿Por qué a los homínidos se les representa como caucásicos si se extendieron desde África? #misteriosdelaciencia

Categorías: REFLEXIONES

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.