Antología de la Ciudad y Martin Heidegger — El «ente» y «ser» de un deus ex machina [2/4]

Un Dasein, según Heidegger, es un «ser» abierto al mismo como existencia y generalidad, no como parte, pues si solamente se contempla un aspecto de la totalidad, el pensamiento fundamental se oculta. Dasein es prolongación, sucesión, multiplicidad de realización, articulación como posibilidad, como posibilidades ofrecidas, construcciones de posibilidades, realidad, potencia, destino[01]Cfr. Berciano, M. “¿Qué es realmente el «Dasein» en la filosofía de Heidegger?”, Thémata. Revista de Filosofía (Sevilla), núm. 10 (1992), pág. 436.: «ser en la vida y mediante la vida»[02]Ibíd.. Si los dos «entes» de un posthumano, tanto humano como máquina, pueden «ser» y pueden ser Dasein, alcanzando una distinción en sus funciones vitales: humano es instinto, humano es amor, humano es sentimiento; máquina es cálculo, máquina es conexión con el ciberespacio, máquina es ejecución y frialdad; humano es sensibilidad, humano es comunicarse con otros «entes», «ser» dentro de los límites radicados en la «naturaleza»; máquina es piratear otras máquinas, comprender códigos binarios, y toda función restringida a la permitida por los aumentos injertados. Estipulando este «enfrentamiento» o confrontación entre humano y máquina, se percibirían dos Dasein coexistentes, que se manifiestan en un espacio concreto y significativo.

Si un posthumano existe en el «ahí» y es un «ser» que, como el Dasein, se abre a la totalidad de si existencia, en realidad, ¿no sería una totalidad parcial? Si un posthumano acciona su «ser maquinal», ¿no descuida su «humanidad»? Si examina su «humanidad», ¿descuidaría la maquinal? ¿No se interpone una «desconexión» que obstruye la vinculación entre humano y posthumano? Es decir, una vez que el humano se ha aventurado en los senderos del aumento, se produce una situación de extrañamiento que desemboca en la asunción de un «yo» maquinal, una renovada identidad capaz de reflexionar sobre un inédito «ser», pero conservando retazos de individualidad anterior. Se podría acotar que, en un mismo cuerpo, orgánico y total o parcialmente sintético, residen dos Dasein simultáneamente.

Sendos Dasein son autónomos, sin embargo, por fuerza de convergencia en la misma persona, fortuitamente establecen enlaces que desenlazan en una entropía sobre el «ser». Un juego de identidades, un duelo de «yo», una «personalidad disociada», inducida por el acoplamiento de partes artificiales que transmutan el humano en ciborg, puesto que en la Ciudad lo humano es una transición al posthumano, magnánimo «ente» independiente y distinto del primero en tanto que supone un compartimento evolutivo divergente y aislado. Cuando se produce la metamorfosis, el humano desaparece, reemplazado por el posthumano.

La máquina fue tragada agónica por la serpiente. Resurges de tu estupor. Un cartel de salida. Una puerta de acero. Miles de aspas y luces. Agazapado, discurres. Un muro. Una cúpula. Un alambicado estallido y retomas tu devaneo incongruente. Y ella asciende. Una entidad errática, incorpórea, materializa su inconsistente voluntad en un obtuso, difuso, neutro absoluto. El Tiempo se escurre y el Espacio se obstruye. Tus brazos se alzan y con un bramido proclamas: yo soy, pero no fui, y siendo estoy sin ser[03]Centzontotochtin.es, Askopos, Carborúndum de las Antígonas: http://centzontotochtin.es/askopos/.

En esta cita introductoria de Askopos se proyecta la disyunción entre el humano que sufre «un alambicado estallido y retomas tu devaneo incongruente». Y ella asciende, «Una entidad errática, incorpórea, materializa su inconsistente voluntad en un obtuso, difuso, neutro absoluto». El «neutro absoluto» —descrito distendidamente en el siguiente capítulo— supone una de las identidades que puede asumir un posthumano, que existe como «yo soy, pero no fue, y siendo estoy sin ser».

Te desvaneces. Recaída en tu apartamento. Pantalla: extracto panorámico de la Ciudad que acaricias con el índice y anular. Transmutación. Sucesión: una oveja eléctrica pastando en llanuras de titanio. Felicidad. Como lágrimas en la lluvia tus erudiciones se extinguen por el ardor de una abrasadora ambrosía. Dime quién eres. Fedón. Dime quién eres, Fidias. ¿Alguna vez te congraciaste con la apatía?, resuena en un televisor. Sonríes. Fedón me atacó apostado en una pasarela. Fedón me humilló en el corredor. Fedón me reprendió en el ascensor. Fedón es el hombre colgado número dos.

Desactivo el sensor. Embriagadora ciudad durmiente. Asesino. ¿Esclarecedor? Qué poca importancia merece la persistencia. Subsistencia afirmada en crispada coexistencia. Confinamiento. Cero. Hexadécima cadena enlazada a un input saliente. Identificador: empatía. Reprobable sensación. Pedazo de carne degollado. Despersonalización. Destello[04]Ibíd..

En este párrafo se puede apreciar plenamente. Mientras que el humano es «ente» y Dasein, que realiza una serie de acciones sometido a los designios de la vida fáctica; el posthumano del segundo párrafo existe como «ser maquinal» innominado. Simplemente, «es» y ve, siendo Dasein en la medida en que está inserto en la vida misma, renunciando a las nociones formales de espacio y tiempo como se muestra en Composición congruente sobre la celeridad manifestada por el actuador empático en máquinas y otros artefactos:

Agazapado impotente sobre un imponente plinto de piedra hincado como punto neurálgico de un océano embravecido de remanente basugre desparramada por la inocuidad de un espacio sostenido por el cimiento reforzado de azulejos rejuntados con yeso. Cuadrados blancos, ascéticos, de embarullados reflejos por sedicioso intrusismo de fulgores neónicos contenidos en finas barras pendidas por alambres de un techo desdibujado, constreñido por abscisas y ordenadas desmontadas en números cartesianos de desarraigadas incógnitas que proporcionan desajustadas proporciones euclidianas. Geometría cuántica cuantificada por sombras danzantes en un fondo translúcido, reflectante por arenosa cristalería que acoge dubitativa el lienzo de una ciudad apesadumbrada por una hedionda niebla helicoidal purpúrea, rojiza, anaranjada. Algarabía atronadora reverberada por ventiladores de ruinosas aspas que crepitan desacompasadas en una pared cercana a un portón deslizante, dispuesto longitudinalmente en relación a la apotema cruzada por un triángulo escaleno que parte en diagonal de la impronta grabada, maquiavélica, por las posaderas del harapiento, desfigurado, malnacido, estúpido, réprobo, pusilánime, desabrigado, medio aumentado hombre agazapado sobre el plinto de piedra recubierto por plásticos policromados y estampados arbitrarios. Ese mísero avaro, FEDÓN, sostiene un artilugio ovalado. Un actuador empático que destella tenues tonalidades parduzcas a través de un par de leds atornillados sobre una pantalla táctil que plantea una elección: SÍ o NO.)[05]Centzontotochtin.es, Composición congruente sobre la celeridad manifestada por el actuador empático en máquinas y otros artefactos, Carborúndum de las Antígonas, http://centzontotochtin.es/composicion-congruente-la-celeridad-manifestada-actuador-empatico-maquinas-otros-artefactos/

Notas a pie de página y referencias   [ + ]

01. Cfr. Berciano, M. “¿Qué es realmente el «Dasein» en la filosofía de Heidegger?”, Thémata. Revista de Filosofía (Sevilla), núm. 10 (1992), pág. 436.
02. Ibíd.
03. Centzontotochtin.es, Askopos, Carborúndum de las Antígonas: http://centzontotochtin.es/askopos/
04. Ibíd.
05. Centzontotochtin.es, Composición congruente sobre la celeridad manifestada por el actuador empático en máquinas y otros artefactos, Carborúndum de las Antígonas, http://centzontotochtin.es/composicion-congruente-la-celeridad-manifestada-actuador-empatico-maquinas-otros-artefactos/

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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