Antología de la Ciudad y Martin Heidegger — El cyberpunk en Antología de la Ciudad y su nexo con Martin Heidegger [1/4]

¿Su fondo? Decadencia. Decadencia de la civilización, decadencia del ser humano que debe sobrevivir en los intersticios del sistema como agentes del caos, promotores de la entropía[01]Cfr. ibíd., pág. 16.. La información es poder, confeccionando una telaraña urbana de desesperación, confusión y victimización[02]Cfr. ibíd.. «La técnica desplaza lo libre, moral y étnico, y reduce los valores ético-estéticos a su patrón racionalizador»[03]Cfr. ibíd., págs. 32-33.. De igual forma que la postmodernidad drena el significado de los valores éticos-estéticos y los esgrime como sus señas de identidad, el cyberpunk hilvana un mundo «vacío», un desierto antitético de razón irracional, persecuciones al mito y a la magia, y obsesión por el progreso científico y la regularización temporal. ¿Y qué es del hombre? Fuerza de trabajo. Una «cosa» sometida al totalitarismo de la racionalidad científica.

La idea de que la sociedad forma un todo orgánico, a falta del cual deja de ser sociedad… dominaba el espíritu de los fundadores de la escuela francesa: se precisa con el funcionalismo; toma otra dirección cuando Parsons en los años 50 asimila la sociedad a un sistema auto-regulado. El modelo teórico e incluso material ya no es el organismo vivo, lo proporciona la cibernética que multiplica sus aplicaciones durante y al final de la Segunda Guerra Mundial… En los teóricos alemanes de hoy, la Systemtheorie es tecnocrática, es decir, cínica, por no decir desesperada: la armonía de las necesidades y las esperanzas de individuos o grupos con las funciones que asegura el sistema sólo es un componente adjunto de su funcionamiento; la verdadera fiabilidad del sistema, eso para lo que él mismo programa como una máquina inteligente, es la optimización de la relación global de sus input con sus output, es decir, su performatividad. Incluso cuando cambian sus reglas y se producen innovaciones, incluso cuando sus disfunciones, como las huelgas o las crisis o el paro o las revoluciones políticas pueden hacer creer en una alternativa y levantar esperanzas, no se trata más que de reajustes internos y su resultado sólo puede ser la mejora de la «vida» del sistema, la única alternativa a ese perfeccionamiento de las actuaciones es la entropía, es decir, la decadencia[04]Apud. ibíd., pág. 16..

Antología de la Ciudad parte de esta concepción estándar del cyberpunk para ahondar en los componentes subjetivos que ese puñado de personajes perdidos, obnubilados y víctimas de un cegador y transitorio éxtasis técnico, son capaces de formular. Siempre con la adecuada denotación de cyber y punk como balizas de rectitud, en la Ciudad —denominación genérica otorgada al microcosmos urbano donde se encuadra cada memoria— se puede conocer una marabunta de prófugos réprobos, criminales, yonkis, ciudadanos humanos, posthumanos, androides, oligarcas, contrabandistas…, una típica masificación de disidentes. ¿Dónde debería hallarse el interés? En que estos personajes reciben un tratamiento que podría tildarse de inusual en la costumbre formal de la elaboración narrativa. En la Ciudad, esos «personajes», esos ciudadanos —su auténtico nombre— existen como meros soportes, carcasas vivientes sin una personalidad ni historia elaboradas, que erran por los inescrutables callejones de un complejo postmoderno adornado con neones azulados. No gozan de propósito, pues tal privilegio sólo se reserva a los individuos más altivos. No disfrutan de felicidad, de esperanza, autorrealización. Desprovistos de sueños, únicamente están por existir, y existen reflexionar sobre sí mismos, sobre su condición, en un estado atroz de «decadencia».

Existencia y «decadencia» que pueden enlazarse con el «ente/ser», «angustia» y «ser-para-la-muerte», tratados en los tres capítulos siguientes, de Martin Heidegger (1889-1976), pensador alemán destructor de la filosofía tradicional, transitando desde la fenomenología a la hermenéutica, a través del replanteamiento de la pregunta del «ser», en un contexto estigmatizado por la caída del Imperio alemán y la I Guerra Mundial, consecuencia del determinismo de orden naturalista, materialista, mecanicista, evolucionista o cultural; de un cientificismo que se había apropiado de la libertad y dignidad del pensamiento. Un «asalto a la razón», un cuestionamiento de la indefinición ideológica, desprecio de la utilización masiva de propaganda, denuncia del adoctrinamiento de la sociedad, advertencia sobre la peligrosidad del totalitarismo, desconfianza de la propaganda política, detección de la sensación de impotencia del razonamiento para implantar cambios en una pavorosa realidad, o destapar la pobreza de una ética capitalista feroz. «Una época dominada por profesores y tecnócratas, militares y funcionarios»[05]Apud. Escudero, J. A. “El programa filosófico del joven Heidegger. (En torno a las lecciones de 1919: la idea de la filosofía y el problema de la concepción del mundo)”, Eidos (Barranquilla), núm. 7 (2007), pág. 13..

Notas a pie de página y referencias   [ + ]

01. Cfr. ibíd., pág. 16.
02. Cfr. ibíd.
03. Cfr. ibíd., págs. 32-33.
04. Apud. ibíd., pág. 16.
05. Apud. Escudero, J. A. “El programa filosófico del joven Heidegger. (En torno a las lecciones de 1919: la idea de la filosofía y el problema de la concepción del mundo)”, Eidos (Barranquilla), núm. 7 (2007), pág. 13.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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