Antología de la Ciudad y Martin Heidegger — Decadente angustia [3/4]

Inhumana alineación que lo arrincona entre la banalidad y la agostada inmediatez, presto al cumplimiento de pequeñas misiones que no conllevan un asombro o extrañamiento. El humano predestinado al posthumano es un mediocre que deniega el cambio o la modificación de sus circunstancias personales. ¿Cuándo acontece su extrañamiento? Cuando se yergue como una excepción, un desagrado inquietante que pervierte al ordinario con extrañeza, imprevisibilidad, desconcierto, rareza[01]Cfr. Ferrer García, A. op. cit., pág. 55.. Seguridad, confianza, familiaridad, derruidos. Pues, el humano aguarda en «constante vigilia contra todo aquello que trate de franquear nuestro muro de cotidianeidad, de seguridad, de calma»[02]Ibíd., pág. 56., pero cuando el desconcierto se adueña de su temple podrían desglosarse dos opciones: recuperarse o caer.

Caer abruptamente en la «decadencia», ese estado de uno mismo en el que deletéreas sensaciones embargan la mente y conducen al humano a un perjudicial cuestionamiento de sí mismo y lo que le rodea, amplificado sentimientos como la tristeza o patologías por la depresión, por descubrir inexorablemente que él, como humano, no vale nada. Sufre. Es débil. No puede recomponerse. No puede abatir a sus enemigos. No puede escapar de la situación. No puede restaurar su «familiaridad». No reanimarse y tampoco puede dominar las quimeras que le asaltan, que, acompañadas por la coyuntural situación, favorecen ese estado de desmoralización.

Y aunque se proteja, no podrá libarse eternamente del asalto de estos aconteceres extraños, imprevisibles, sustos o espantos, desconciertos que destemplan —Verstimmen—: «Sentimientos que ponen en tela de juicio nuestra arquitectónica de lo cotidiano, la seguridad de nuestras redes»[03]Ibíd.. El Dasein es atrapado por el Angst, que ésta «hace patente la nada»[04]Apud. ibíd.. Pues, más allá: «No queda asidero ninguno. […] Sólo resta el puro existir en la conmoción de ese estar suspenso en que no hay nada donde agarrarse»[05]Apud. ibíd.. El humano no puede agarrarse, aquél que es lo suficientemente famélico como para no hallar en la oscuridad un haz de confortable discernimiento. El humano se topa, fortuitamente, con su vacuidad, y hablar de angustia es hablar de la nada, una realidad escurridiza que carece de concepto, puesto que ésta se desvanece en el ejercicio intelectivo: la nada, nada es[06]Cfr. ibíd., pág. 57.. ¿Qué ocasiona la angustia? La angustia es angustia de nada que abre la nada, adolece de sujeto, de un quien, de forma que si aparece no es para completar al sujeto, «sino para desestabilizarlo al punto de borrarlo, de hacer desaparecer»[07]Ibíd., pág. 58.. Y el humano desaparece.

 Los posthumanos, ¿sienten la nada? Difícilmente, pues ellos se han elevado por encima de los que apenas acometen una tarea con delectación y eficacia. Ellos no han de detenerse porque su «ser maquinal» prescribe el extrañamiento como una errata en un código. No padecen dolor. No sufren. No sienten vacío.  El posthumano no es conocedor de la nada. Desconocimiento que impulsa al decadente humano a preparar su metamorfosis en posthumano. Reunir una firme voluntad que impulse su conversión en el Dasein que le permita rehuir la angustia producida por el dolor, por su posición insignificante, su inocuidad como criatura y la imposibilidad de regir sobre su realidad: «El ser es vuelto patente como una carga»[08]Apud. ibíd., pág. 56.. El «ente humano» es una carga, sobrellevada por un posthumano que intercede otro «ser» ajeno que suplanta al vetusto y con el que entabla duelo, hasta que el posthumano y humano, que son uno, redimen sus «seres» en el «neutro absoluto» «Neutro absoluto» que se describe distante como una cosa, pues las cosas:

[…] existen pero no sienten que son de hecho, no les duele su caducidad ni dan sentido a la misma. No les pesa que la realidad de verdad esté expuesta a lo irracional, a la brutalidad de la desconsideración. Ni necesitan huir de la ontología, del ser que son. No les aterra el silencio de los espacios infinitos. No les aterra la Nada[09] Ibíd..

El «neutro absoluto» es una figura retórica empleada en otros relatos no necesariamente cyberpunk, que puede adoptar múltiples propósitos y formas, dependiendo de cómo el relato se construya a sí mismo y las necesidades que reivindique. Normalmente, emerge como una voz propia de la narración en sí, no funcionando como un personaje ni narrador propiamente. Empero, en el cyberpunk por «neutro absoluto» se entiende a aquellos posthumanos que se han desquitado de su personalidad, valores, juicios, apariencia, toda suerte de atributos hasta reducirse al «ser», una especie de «ser» que es vida reflexiva, contemplativa y pura, extraña a las barreras de aumentados incompletos y humanos. Indiferente a lo finito e infinito, a la facticidad, al dolor, a la cotidianeidad, al silencio, a la Nada.

¿Por qué he de aceptar complaciente que ese gilipollas me agreda? No conculques nuestro Código deontológico, Marlik. No seas idiota. Acéptalo. Sé un poco más empático con su condición. Fue sin querer. Por favor. ¡Si no fuera por la empatía, hace años que nos habríamos destruido por la vesania inducida por la penumbra de las Intramurallas! Pero yo no quiero sentir empatía. ¿Acaso él la sintió cuándo disparó el láser y me hirió? ¡Mírame bien! ¡Por su culpa tengo un brazo medio sintético! No soy un humano completo… No soy un humano completo… Pero yo quiero seguir siendo humano porque esos mecánicos no sienten empatía y la empatía es lo que nos diferencia de los androides.

¿Sin querer? ¡Y una mierda! Estoy hasta la punta de la polla de ese imbécil paranoico que no para de hacer el pelele y de meter la pata. Si fuera por mí, lo habría quemado vivo en los Motores Inmóviles. Percibiste sombrío. Ríes abrigado por la silente soledad. Ríes y ríes, mientras presionas con el pulgar el interruptor principal de un actuador empático. Debo sentir empatía… Debo sentir empatía…

Te desvaneces. Recaída en tu apartamento. Pantalla: extracto panorámico de la Ciudad que acaricias con el índice y anular. Transmutación. Sucesión: una oveja eléctrica pastando en llanuras de titanio. Felicidad. Como lágrimas en la lluvia tus erudiciones se extinguen por el ardor de una abrasadora ambrosía. Dime quién eres. Fedón. Dime quién eres, Fidias. ¿Alguna vez te congraciaste con la apatía?, resuena en un televisor. Sonríes. Fedón me atacó apostado en una pasarela. Fedón me humilló en el corredor. Fedón me reprendió en el ascensor. Fedón es el hombre colgado número dos.

[…]

Dos en uno. Uno en todos. Dos en uno. Uno en todos. Dos en uno. Uno en todos. ¿Qué le ocurre? Otra depresión intramuraica. Arrebatos frecuentes, constantes, continuos. ¿Han determinado por qué? No lo sé. Quizás. Quizás pienso demasiado. Output. Desafección. Ácido burbujeante rezumando de un portón de acceso a los Ramales. Ramales. Boca. Oscuridad. Oscuridad. Oscuridad. Oscuridad. Dos en todos. Uno en uno[10]Centzontotochtin.es, Askopos, Carborúndum de las Antígonas: http://centzontotochtin.es/askopos/.

Notas a pie de página y referencias   [ + ]

01. Cfr. Ferrer García, A. op. cit., pág. 55.
02. Ibíd., pág. 56.
03. Ibíd.
04, 05. Apud. ibíd.
06. Cfr. ibíd., pág. 57.
07. Ibíd., pág. 58.
08. Apud. ibíd., pág. 56.
09. Ibíd.
10. Centzontotochtin.es, Askopos, Carborúndum de las Antígonas: http://centzontotochtin.es/askopos/

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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