Resultado de imagen de altered carbon serie

Esta entrada analiza exclusivamente la serie y lo que es en sustancia, sin relación con la novela Altered Carbon de Richard K. Morgan.


Cuando se lanza un producto que potencialmente pueda interesarme, siempre me demoro más de lo razonable en emprender su visionado o lectura. Esta absurda proscrastinación puede dilatarse indefinidamente sin motivo hasta que finalmente recabo el interés y las fuerzas suficientes como para empezar de una vez a echarle un vistazo siquiera. En el caso de Altered Carbon, desde primeras me pareció curioso el planteamiento y el material que se iba lanzando cada poco, sobre todo cuando grupos de Facebook de temática cyberpunk no paraban de compartir noticias, impresiones, fragmentos de la novela en que se basa y otras fruslerías. Al final, por pura sobresaturación, no me quedó más remedio que visionarla para comprobar de primera mano si la serie era tan buena, tan mala, tan regular, tan tópica o tan genial. Y ahora, finalizados los diez capítulos, mi impresión se resume en que Altered Carbon, como obra cyberpunk y como serie, es desgraciadamente mediocre, complaciente en sus propios tópicos y suave, rematadamente ligera, superficial y fútil.

Un punto de vista que de primeras buscaba algo más redondo y sustancioso que un montón de personajes planos, clichés, sentados en diálogos reiterativos, desinteresantes y con un desarrollo leve o prácticamente nulo. Ninguno de los personajes brilla o aporta algo verdaderamente innovador, algo que pueda ser mínimamente remarcable en ese torrente de frases lapidarias innecesarias que suele conceder Kovacs continuamente sin un actor de talla que las refuerce. Por añadidura, las relaciones entre protagonistas y secundarios se desarrollan en una línea semejante al insípido porte de Kovacs y las determinaciones para con él de su hermana Rei. Y es que en Altered Carbon todo se aparece soso, incluso la trillada dualidad entre rico/pobre, pobre/rico, entre bueno/malo, malo/bueno, negro/blanco, y un gris excesivamente blanqueado, sin cromatismos. A esto último me refiero con la nula evolución del elenco y su asunción fija de un arquetipo que no se molestarán en trastocar ni un ápice.

En Kovacs te topas con el típico antihéroe a caballo entre el tormento y la búsqueda de un conato de empatía, aunque sea fingida, con un estilo que se me asemeja al de Case, del Neuromante de William Gibson. Bien es cierto que el cyberpunk existe por y para sus convencionalismos, por y para sus clichés, sus axiomas, sus tópicas y toda la mierda distópica que se le pueda agregar, pero al menos se podría haber introducido una mínima diferencia, algo que sobresalga, sin que sea especialmente rompedor. Esta inexplicable flaqueza es la que más ha pesado a lo largo del recorrido de la obra, junto con el tratamiento de sus temas filosóficos o reflexivos. En el cyberpunk es habitual encontrar lo que yo denomino genéricamente como «filosofía de salón», definida como la tendencia inmanente del género a criticar mordazmente, especular, cavilar, elucubrar, desmenuzar, arremeter o deconstruir una variedad de elementos y componentes que construyen la sociedad postmoderna. En este caso particular, la prioridad se sitúa sobre la superación artificial de la muerte, y sus repercusiones colaterales sobre la religión y la economía capitalista. Hasta aquí, puede ser bastante atrayente en teoría.

En la práctica, el discurso filosófico queda reflejado en poco más que un montón de frases sueltas al principio de los capítulos y en algunas escenas y diálogos sueltos en los que se aborda explícitamente tal materia. Está claro que en una serie mostrar esta suerte de conflictos se antoja infinitamente más complicado que plasmarlos mecanográficamente sobre un papel, pero, todavía así, sus momentos de contemplación no alcanzan suficientemente profundidad, se quedan en una banalidad que podría haber dado muchísimo más de sí. Especialmente remarco esto cuando estas cuestiones son presentadas desde el predeterminado filtro bicolor del capitalismo malo, de los ricos malos que quieren lavar su conciencia, de la injusticia, de los pobres que no tienen pasta, y de este modo sucesivamente. De este modo enmarcaría más concretamente el porqué de mi queja a este respecto. El porqué un tropo tan complejo acaba reducido al simplismo de la mera mercantilización de la muerte y citas propias de una página web que enlista aforismos de terceros autores. ¿Es necesario radicar el núcleo de la obra en un convencionalismo tan agrio? Ni siquiera la distinción planteada entre las Inteligencias Artificiales, los «entes» tecnológicos más potentes y superlativos del cyberpunk, y los humanos se aprecia como algo trascendente. Aunque si hay una bondad se ha de recalcar, es que el actor y el personaje IA que simula a Edgar Allan Poe es lo más brillante de Altered Carbon, incluso con un trasfondo simbólico propio que refuerza su carácter detectivesco noir.

Apartando detalles y cuestiones metafísicas, la diégesis muestra algunos puntos remarcables como la combinación de cyberpunk con un poco de ópera espacial, las corrientes religiosas o el cómo se han superado las barreras culturales y lingüísticas. Los tradicionales aumentos no suponen un eje del argumento, es más, son apenas un complemento subsumido a las fundas y derivados. Adiciones laterales, de poca importancia. Con esto explicado, respecto al argumento, en líneas generales es solvente y entretenido, siguiendo el modelo de una trama de intriga, acción, cierta conspiración y resolución de un caso, con unos cuantos giros que mantienen la ratio de atención. Y es que, pese a esos defectos, Altered Carbon es una serie bastante entretenida, con acción y momentos de contemplación, que no para de avanzar y no es dada a tomarse excesivos respiros. Ésta es una de sus mayores virtudes, junto con un apartado visual que retoma el estilo de la pieza que se convirtió y es de facto la estética del cyberpunk: Blade Runner de Ridley Scott. En definitiva, entretenida de ver y visualmente sensual, con un nivel de cyberpunk que no encandilará por explotar lo más negro y decadente del género.


Artículo sobre el sentido de colocar a Edgar Allan Poe como «ayudante» del detective Kovacs: https://motherboard.vice.com/en_us/article/a34dxe/altered-carbon-netflix-revie

Categorías: CINERESEÑAS

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.