En 1985 la gente anda del revés

«El futuro. ¿Qué es el futuro? ¿Acaso una especulación insustancial basada en la mutable sustancia de un presente tornado en pasado con cada segundo consumido? ¿Una proyección consistente? Sea lo que fuere, cuando el futuro se toma por pasado y el pasado se convierte en futuro, el absurdo presente resultante es capaz de dar a la luz a las más curiosas manifestaciones.» Meditaciones sobre la termodinámica de líquidos congelados respecto a la desviación cuántica del eje gravitacional de Júpiter en tanto que es equidistante a la elipsis de la Tierra, Orson Esteiner.

En 1985 la gente anda del revés.

Ya lo dijo Orson, la gente anda del revés: se inmiscuye en los asuntos de los demás y la privacidad persiste como un ente foráneo montado en un OVNI rumbo a Júpiter junto con Dignidad, Valentía y Buen Hacer. En 1985 la gente siempre anda insultando y discutiendo, pero no de política, coches o gobiernos; sino de peajes, felpudos y niños gritando, perros y gatos, heridas y desesperación, guerras inventadas y discursos proféticos.

En 1985 la gente habla del revés.

Gesticula, balbucea, gorjea incoherencias repelentes formuladas con las mínimas cotas de conocimiento. Chilla indignamente y no respeta el turno ajeno, la falacia extraña que es introducida en discusiones interminables sobre insustanciales quehaceres. Todo el mundo expresa y nadie piensa. En 1985 el razonamiento es atípico.

Allá en la Quinta avenida, donde se cruzan en perfecto eje de abscisas las dos arterias derruidas de una ciudad destruida, levantada y embellecida con propaganda pegada como tiritas; niños permanecen demasiado ocupados siendo alineados en los centros de reeducación donde su tránsito se cuenta por miles. No sea que sus padres padezcan simpatía.

En 1985 el día es la noche, la noche es el día, el amanecer es el crepúsculo y el crepúsculo la madrugada. Pues la nueva legislatura dispuso que las franjas horarias fueran transmutadas en horarios transitorios, alternados según el estado de humor de un comité dedicado a medir la calidad del humo. Las horas son grises y los relojes sólo cuentan con cinco horas, reservando una de ellas para los bisiestos, cuando se celebra la Navidad y caen las reuniones bisemanales del Gobierno. Ya sabes, unas reuniones tan importantes y trascendentales que son emitidas al inicio del crepúsculo en una estática llena de mugre informática. El resto es alto secreto, como el presupuesto de las marchas presidenciales y los trajes nuevos de las primeras damas y embajadores. Lo típico, tan rematadamente cliché y anodino que muchas veces me pregunto cómo es posible este mundo de 1985.

En 1985 todo es repetitivo y rígido.

Los habitantes y su mentalidad, como los florines de las corbatas y los logotipos de las carrocerías. Maravilloso y populoso. Populoso no suena nada mal. Todo es maravilloso, apabullante y opulento. ¡Esto es 1985 y a nadie le preocupa que su vecino haya desparecido en circunstancias indignas dignas de atrevidas incógnitas! Aquí nadie ni siquiera te pregunta la hora. ¡Están tan aterrorizados! No se atreven a levantar la vista cuando paso por los callejones con mi séquito personal. Alicaídos, fluyen en masa para ser pegados por la gendarmería mientras que con conformismo y atroz estoicismo ruegan que les aumenten la pena. ¡Pues su líder es justiciero, perfecto y dignatario como la Dignidad! Este mundo absurdo es decorado con programas dedicados a la realización de lo más honroso desterrando lo inmisericordiosos.

En 1985 existe la religión.

LA MÍA. Pues esta única religión es dictada por mí y todos deben cumplirla porque es el fin de su existencia, y su existencia y vida me pertenecen. Esos borregos jamás comprenderán este mundo de 1985 donde la gente anda del revés porque es mío, solo mío, mío mío mío y exclusivo, para mi más sádico disfrute. Quiero que todos se arrodillen y supliquen en mi nombre, ah no espera, ¡que ya lo hacen! Fantástico y embriagador, hoy me siento generoso. Voy a cerrar dos granjas y condenar a los campesinos por injurias inventadas contra mi persona, mi ego, y todo lo que represento y reafirmo en este perfecto mundo sumido en mi imperfección.

¡Porque todo es según mi absoluta voluntad! ¡No existen héroes ni villanos sólo el yo y nadie más! Poderoso e impertérrito, soy como una estatua puesta en una permanente plaza soportando incombustible los remanentes del Tiempo. En este mundo de 1985 yo digo qué es lo que se tiene que poner la gente, qué es lo que tiene que hacer, qué es lo que tiene que decir; y lo más importante, qué es lo que tiene que pensar. Nadie me hace sombra y habito enfrascado en mi Castillo de Cristal en medio de sirvientes rotos y guardianes desquiciados. ¡Pues 1985 es mío y solo mío! Río y río, porque yo tengo el poder y los medios. Yo decreto y sopeso. Yo soy la jefatura. Porque yo soy un tirano y rey, un ser perfecto por encima de la inmunda masa y sospecha.

En 1985 los hombres trabajan a destajo y las mujeres exactamente lo mismo, soy igualitario y equitativo. En 1985 existe el pensamiento único, el cual por supuesto es el mío. En 1985 no existe la censura porque todo pasa por mi mano, no existen los intelectuales porque son instruidos para cumplir mis deseos de progreso. En 1985 la gente sonríe cuando me ve porque saben que hago lo mejor para ellos y nadie recrimina ni un ápice. Soy perfecto.

Orson Esteiner. Fallecido en 1985.

Un ser perfecto nunca justifica sus acciones.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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