Ubicuidad multidimensional

 

A cualquier lugar que me escuche, digo, espacialidad.

Doce tomos romos dispuesto en el lomo cromado de un toro oblongo malformado atizado por el atezado mohíno blanco suricato. Trece cremas repletas de vaguadas dispersas mermadas por los hados estólidos tontos patéticos de ascéticas comadrejas. Catorce dispensarios confesionarios rotos arruinados escabrosos por las manos atadas de doce versos descompuestos atribulados por las roncas cavilaciones de una adónica quimera. Quince… ¿Quince qué? No sé. ¿Cómo era el quince? Quince. Quince. Quince. Quince juglares danzarines rimando sinsentidos… ¡No era así el quince! ¿Cómo es? Era sobre… sobre… sobre… Quince. Sé que era sobre quince, pero ¿qué quince? No lo recuerdo dieciséis. No recuerdo nada de los pasados tiempos. Quince perdido. Reincidido. Reincidido, no, diecisiete, reinsertado. Dieciocho malogrado. Maldición, ¿por qué tanto ahínco en el regreso? Mala vida queda en nuestras deslucidas celdas. Malas sean las vísperas del ahorcado en el translúcido patíbulo. Oh, diecinueve, ¿qué acontecerá ahora? Quién sabrá, el designio es benevolente, pero ilegible para nuestros espíritus. Veinte, ¿la muerte? Veintiuno, siempre obseso con lo mismo. A la muerte no le importamos, si no estaríamos fenecidos en los márgenes de un camposanto. Veintidós, compartiendo ataúd como dos pobretones desclasados. Veintitrés, no seas prófugo, veinticuatro, no seas estulto en tus pareceres. Si la muerte hubiera anhelado extender sus huesudas manos a veinticinco, ten por seguro que veintiséis y veintisiete no estarían idos. Veintiocho vesánico. Veintinueve obviado. Treinta esquelético y treintaiuno carbonizado. ¿Qué sucedió con los anteriores? Sus hálitos se disolvieron por los ácidos de la ubicuidad. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis… Pobres ellos, aguardando una fútil felicidad. Y yo coligando sobre la infausta fatalidad. Treintaidós, eres un felón. Treintaitrés, no me seas abstruso, sé agudo en impertinencias, mas no en diligencias irracionales. Treintaicuatro, no me ordenes imposibles, sé más sensible con mis condicionantes. Treintaicinco, ¿en qué consistía el quince?

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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