Santa Volición

 

—Automatismo encriptado por el flujo consciente.

Una bifurcación delante de mí. Los vientos me aprietan. No sé qué escoger. Derecha o izquierda. Camino de virtud o sendero de alevosía. Qué atrocidad. Seleccionar. Nada. Vacío. Metal. Herrumbre. Descomposición. Corrosión. Óxido. Atomización. Centralidad. Respirar. Exhaustividad. Minuciosidad. Observar. Pasillo. Derruido. Marchito. Exultante.  Neutralidad. Volatilidad. Desfilar. Cosmos. Atrapada. Aireada. Inspiración. Nulidad. Vacuidad. Congoja. Sonrojo. ¿Derecha o izquierda? Fastuosidad imperiosa la que escucho recitar. Latente, tenue, palpitante como los seres vivos anómalos que se cruzan en las inmediaciones de mi limítrofe corporalidad. Incorpóreos. Sin nombre. Danzando noctámbulos. ¿Quién soy yo para interponerme? Ni siquiera acierto una porción de simpatía afectiva. Ni siquiera soy capaz de ordenar la entropía de ideales desangelados de unas idílicas utopías desprovistas de carriles volitivos en el cenit de los seres menudos, laderos, atezados por los soles que resplandeces convexos desde la superficie del cieno. Pesadumbre. Soledad. Vanidad. Presiono un interruptor. Umbría ensoñación.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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