Paisajes conceptuales

Mejor Reinar en el Infierno que Servir en el Cielo.

El 21 de agosto de 1984 en un cottage de los Borders, donde Escocia y Northumberland colindad, un niño recién nacido bautizado como Luke Whimbley se debatía en los brazos de su madre, mientras soltaba lágrimas acompañadas de bramidos, inconsciente de la fatalidad que le sobrevendría.

Su querida madre se puso de parto a media tarde repentinamente. Sin margen para llamar de urgencia al único médico de la localidad, su padre funcionó como asistente. Cinco horas después, ese demonio de apariencia simiesca se descubrió al mundo entonando un balido resonante semejante a los ladridos del Cerbero que aguarda en las puertas del Infierno.

Este recién nacido llamado Luke, traído al mundo en un polvo de una noche en el destartalado coche del padre de su progenitora Aurora Whimbley, no constituía el cenit del deseo para sus desgraciados y legítimos cuidadores; quienes, desde el momento en el que el niño asomó la cabeza, no pararon de farfullar durante las semanas siguientes, en su sibilante acento norteño, sobre la futura fealdad de su hijo y la penitencia que Dios les había impuesto por su comportamiento pecaminoso. Un comportamiento que se resumía en la rotura de un condón en mal estado en un momento inadecuado.

Este sentimiento de imperioso mal agüero, entremezclado con su exaltación religiosa, ocasionó que ambos padres reuniesen todas sus potencias en tapar su desliz y fingir que su cristianismo prevalecía impoluto. De cara a la familia, de cara a los amigos, a los conocidos y a los parientes más lejanos, sonrisas y felicitaciones acompañadas de palmadas en la espalda lapidaban su alma. Leonard Whimbley, el desventurado padre, optó por soportar la carga con la máxima entereza y estoicismo. Aunque, en la intimidad, sabía que no podría escapar de los misteriosos designios que Dios le había preparado con la concepción de esa criatura. Por suerte, su esposa compartía equivalente parecer.

Para comprender el porqué de este sufrimiento psicológico y espiritual habría que delimitar el espacio en el que la familia Whimbley estaba establecida desde hacía por lo menos cinco o seis generaciones. Whitton, comunidad aislada y agrícola estigmatizada por el puritanismo, se caracterizaba por unas calles malamente adoquinadas que se amontaban en asimétricas e dignas hileras como máximo exponente de civilización.

Aquí y allá, a lo largo de la avenida principal, cottages surcados por cientos de grietas enmohecidas por el vapor de una atmósfera nublada se alzaban vetustos como morada y fortaleza de unos cincuenta habitantes que tramaban planes para ahuyentar a los turistas. No poseían Ayuntamiento o Parroquia Civil, y la máxima atracción era una taberna sin reformar que con cada ventisca desprendía un nuevo pedazo de piedra de su fachada. Junto a la taberna, la iglesia del pueblo fue construida como una colosal de piedra en ofrenda a su todopoderosa divinidad, convenientemente emplazada en el epicentro del pueblo.

Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.

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  • Me ha gustado mucho. Por algunos momentos me recordó a uno de mis relatos, el que se llama como yo, pero no tiene nada que ver, claro… Muy buen texto.

    • Gracias ^^ Me ha salido un poco el alter ego en la biografía sin quererlo :p

      • Por cierto, no sé si has jugado e incluso reseñado ya en otra página el juego The Evil Within, pero me gustaría mucho leer tu opinión.

        • Pues, fíjate que iba a hacer un análisis de The Evil Within pero siempre se me olvidaba y al final no lo hice. El juego empieza medianamente bien para después convertirse en un RE 4 genérico, con ganados de distinta forma, acción y más acción, y dificultad artificial por la escasez absurda de recursos. En eso se resume más o menos la impresión. Mikami tenía una idea bastante buena pero no ha acertado en la ejecución esta vez, y además se le fue la mano con los clichés, el surrealismo y las movidas mentales.

          No es una obra maestra, no es un juego sobresaliente; está bien, sin ser malo.

          • Vale, gracias por el análisis personalizado, me doy por satisfecho, jeje.

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