Antes de nada, sólo he jugado apenas media hora antes de que el emulador de PS2 me diera error y se cerrara entero sin ni siquiera haber guardado. Una minucia de tiempo, lo sé. Debería haber seguido hasta el final y hacer esta entrada supuestamente cuando viera los créditos. Pero para esta ocasión se ha de hacer una excepción obligatoria. Hasta ahora el único coitus interruptus tuvo lugar con una ISO mal compilada o subida al P2P de Far Cry Vengeance, una interrupción que remitiéndome a mi crítica fue una bendición divina; condenando a ese malogrado y pésimo juego a la Laguna Estigia de la basura reactiva que es la papelera de Windows. Un lugar horrible, obsceno, ocupado por las erráticas y pestilentes almas de cientos de miles de bits errantes que circulan por el disco duro ensuciando y acaparando memoria. Aunque, esa es otra historia, y, a diferencia de Far Cry Vengeance, aquí no se va a leer ni un mísero punto negativo hacia Born from a Wish.

Me atrevería decir que ni siquiera bueno, pues, nacida de un deseo, es el capítulo extra más sinsentido que he jugado en toda mi existencia. A Dios pongo por testigo que desde los primeros segundos en que comencé a mover a María a teclado todo lo que veía, todo lo que leía a través de sus diálogos, sus gestos e incluso cómo era caracterizada, sus matices; fueron extraños de cojones. Extravagantes diría, por esa misma acepción usada antes. Sinsentido. La historia, la mera existencia de María en un sinsentido en sí misma. ¿Por qué se hizo un capítulo como éste dedicado a un personaje tan efímero? ¿Tan circunstancial? Quizás lo averigüe cuando me digne a terminarlo entero de una puta vez (si el ordenador me lo permite, tiene un buen día y se ha fumado el pitillo de por las mañanas), pero por el momento, cuando recuerdo lo poco que jugué a esa parte esa es la sensación, una añoranza que se remonta como ilógica, desencajada en un contexto como el planteado por Silent Hill 2.

Nadie debe vacilar a estas alturas con que María es un producto un tanto retorcido y deprimido de los instintos de un James Sunderland atacado por la soledad y la depresión. Indudable, como una quimera de Guy de Maupassant. Una ilusión que sólo toma forma corpórea cuando se haya en contacto con las nieblas del pueblo. Y a eso se reduce. María, por mucho que duela, no entra ni siquiera en la categoría de personaje. Cuesta aceptar que una fantasía de James esté a la misma altura que personas reales como Eddie o Laura. Cuesta creer que una entidad concebida para ser matada y asesinada vilmente por ese reflejo convexo de la imagen más primitiva de James se la pueda adornar con un mínimo de contenido y trasfondo. Aunque sea un clon andante de su mujer, que María se cuestione su propia existencia al principio del juego queda cuanto menos extraño. Es como si de repente Cabeza Piramidal se sentara en un sillón y se pusiera a dilucidar acerca de las tres almas platónicas y el Órganon aristotélico estableciendo analogías con su propia persistencia en el mundo terrenal. No tiene consistencia porque Cabeza Piramidal es un fantasma, un ser imaginario igual que María, igual que Mary. Igual que todo ser animado en el juego. ¿Significa que intentar algo así está mal? No, está claro. Es un enfoque más, aunque no es excluyente de esta impresión. Por esto, la media hora que jugué antes de perderlo todo justo al acceder al vestíbulo principal de la casa Baldwin, podría compararse a una partida de diez minutos o un día a LSD Dream Emulator. Quizás cambie de opinión cuando lo complete entero, quizás reafirme cada una de estas palabras. Pero hasta entonces, los sueños, sueños son.

Me reafirmo sobre las opiniones vertidas en mi anterior entrada del capítulo extra Born from a wish. No sólo no he claudicado, sino que las reafirmo una y varias veces. Absolutamente sobrante, Nacida de un deseo no es nada más que la definición de la existencia de un ser que, inconsciente de su existencia, tantea un rato por el pueblo para finalmente darse cuenta de que efectivamente, es justamente lo que todo el mundo piensa: una entidad onírica. Inexistente, un “algo” que vive porque un externo así lo decidió. Y en esto justamente se basa un episodio de algo más de una hora por poco. No creo que tenga más. Se podrían sacar detalles sueltos de aquí y allí, pero en lo concerniente a María y de una forma muy panorámica y superficial, es todo lo que ofrece.

Claro está, el guión sigue una progresión lógica de desarrollo (María no tiene ni idea de qué no existe, conoce a un tipo, tiene lugar acción, se da cuenta de que no existe) y está tan bien versado en la sutileza y el simbolismo que su juego base y la tetralogía original de la saga. Así que sí, aquí también se ha de ahondar en el detalle y fijarse en lo mínimo de lo mínimo para ir cogiendo ritmo. Pero aún así, no en las cantidades industriales que una obra completa puede ofrecer como Silent Hill 2. ¿En qué medida afecta a la trama primigenia? En absolutamente nada, simplemente es una muestra de un punto muy determinado de la trama, lo que vendría a ser la “creación” o “surgimiento” de María de las nieblas de Silent Hill y su camino hacia el parque Rosewater, donde se cruzará con James en aquella mítica escena. Y poco más realmente. Un punto a su favor sería sobre todo como poco a poco arroja cierta información sobre James que sólo se podría conocer por la pura asociación e interpretación.

Otro punto de interés, sería la mini trama de Ernest Baldwin. Como buena alma torturada del pueblo de las nieblas, aparece como lo que es: un espíritu atormentado que se recrea en aquellos espacios sobre los que permanente está atado por asuntos y pecados del pasado. Solamente liberándolo de sus cadenas incorpóreas a través de la realización o recogida de unos cuantos objetos podrá alcanzar la paz eterna. Concretamente, rebuscando y acarreando en el inventario aquellos artefactos requeridos por James para realizar el ritual del final “resurrección”. Es decir, a través de este capítulo que usa a Ernest Baldwin como excusa de fondo, se puede comprobar que James seguramente portó con el cadáver de su esposa en el maletero de su coche durante todo el juego; qué se requiere para realizar el ritual y cuál es la finalidad del mismo. Obviamente, resucitar seres queridos. Y a raíz de esto, María por fin tiene claro cuál es la finalidad en su no-existencia. ¿Es interesante? Sí, claro, encima es muy corto, por lo que se puede disfrutar sin que resulte cansino en ningún momento. Además, sólo por la curiosidad y lo que se puede sacar de allí merece muchísimo la pena.


Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.