Askopos

La máquina fue tragada agónica por la serpiente. Resurges de tu estupor. Un cartel de salida. Una puerta de acero. Miles de aspas y luces. Agazapado, discurres. Un muro. Una cúpula. Un alambicado estallido y retomas tu devaneo incongruente. Y ella asciende. Una entidad errática, incorpórea, materializa su inconsistente voluntad en un obtuso, difuso, neutro absoluto. El Tiempo se escurre y el Espacio se obstruye. Tus brazos se alzan y con un bramido proclamas: yo soy, pero no fui, y siendo estoy sin ser.

Concatenación delimitada sin aspiración recluida en un paroxismo de frialdad indeleble impostado en el cimbreante pábulo amortajado de las ondas del charco replegado con euclidiana ubicuidad desprendido de las fronteras corporales de la medio humana aumentada rubicunda de faz querúbica que me remira furibunda con la comisura superior retorcida veinticinco grados en inflexible desuello.

Descargar

El desencanto del hombre aumentando que aspiraba a contemplar las luces de la Ciudad.

Sobre nosotros Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.