Antología de la Ciudad y Martin Heidegger — Decadente angustia [3/4]

La sensibilidad de la decadencia es la manifestación de un frenesí tan cándido como puede ser la expresión de un éxtasis religioso. La posesión inducida es lábil y fatal. Sientes rezumar una insana alegría que forja líneas preñadas de desesperación, de desapego, de un cariño trémulo que serpentea por la mente como un jinete apocalíptico, como un ser innombrable que con su azote libera los fuegos internos de las esferas espaciales que se entrechocan, chirrían y gritan en la mudez de un vacío henchido de pletórico sentimiento. Un vacío donde el espíritu, soporte de la inquietud final del Decadente, habita inexistente rebuscando un fatum infiel.

Anotaciones sobre la Decadencia[1]Centzontotochtin.es, Un escritor enclenque, http://centzontotochtin.es/un-escritor-enclenque/, Gerald Dürden

«Angustia», componente intrínseco de la «decadencia», imbuye a los ciudadanos de una desazón semejante, que su realidad padece las consecuencias de sus recaídas anímicas y psicológicas. Por ella, fragmentan la cristalina coraza de su fijación sobre un determinismo vital y desobedecen el excelso ordenamiento afianzado por la Ciudad, cavilando sobre su entorno, sobre cómo es su «ser», en unas maneras espirituales que sobrepasan los matices implementados por Heidegger, y dislocan su conceptualización de la esencia, en un desprendimiento de significados anómalos que interfieran en el redescubrimiento de su «ser» como individuo. ¿Qué soy? ¿Qué hago aquí?, a la vez que la desmoralización le sojuzga, y la materialidad de los cuerpos geométricos que permanecen incrustados en las paredes del cubículo donde se sitúa se distorsionan. El espacio se contrae. El tiempo, poco más que un irritante conteo de un minutero. Insustancial. Desangelado, corroído, la «decadencia» del humano fundamenta la transición al posthumano, al deus ex machina que únicamente puede persistir como Dasein.

En Heidegger, la angustia aflora cuando el humano se inserta en un mundo —Welt—, un universo de cosas poblado de sentimientos, habitado y habitable, en el que el humano es in-sein en la medida que lo habita, ama o cultiva, para no perder su «familiaridad» —Vertrautheit—, la confianza «natural» de lo ordinario[2]Cfr. Ferrer García, A. “Temblor sin temor: miedo y angustia en la filosofía de Martin Heidegger”, Factótum (Salamanca), núm. 10 (2013), pág. 55.. Monotonía:

Me levanté y rellené un vaso de plástico con el agua enlatada de un surtidor. Escupí asqueado. Cada día estaba peor. A saber, cuántas aguas residuales habían sintetizado para hacer esa mierda. Sin embargo, me la bebí de un trago. Estaba demasiado sediento como para escatimar y tiré el vaso. Y entonces, me di cuenta. Fue como un déjà vu. Había repetido esa acción 265 veces, es decir, todos los días de mi mediocre vida que había gastado trabajando en esta central de desechos. Todo estaba igual. Todo es igual y será igual. Tin ilustrándome con las últimas noticias sensacionalistas, aerodeslizadores volcando desperdicios, la cafetera estropeada… Monotonía. Siempre he sido un inútil incapaz de aspirar a algo grande, algo verdaderamente importante, pero nunca imaginé que fuera a acabar en este antro. En fin. Qué se le va a hacer…[3]Centzontotochtin.es, Monotonía, Génesis ciudadano, http://centzontotochtin.es/monotono/.

En las Intramurallas:

Hola, me llamo Marlik, soy de 6, del norte, un lugar complicado pero muy bonito. Soy un ciudadano legal, pago mis impuestos, tengo un trabajo estable, una familia y soy de las Intramurallas.

[…]

Siguiente pregunta, ¿qué se hace allí? Bueno, es muy sencillo. Nos ocupamos del mantenimiento de las murallas. Así de fácil. Ese es todo nuestro trabajo. No hacemos nada apasionante ni emocionante. Somos una cadena, cada uno de nosotros hace un trabajo en específico y punto. somos como una cadena de montaje. Siempre disponibles para mantener las murallas y evitar que se derrumben. Siempre. Siempre.

¿Qué te puedes encontrar allí? Ciudadanos corrientes y molientes que viven por y para su trabajo. Así es. Ciudadanos que habitan en las Intramurallas como trabajadores sonrientes y conformes con su vida. Eso es lo que hay en las Intrmaurallas. Simples trabajadores. No hacemos nada reseñable, por lo que te encuentras gente ordinaria que no trafica ni con droga ni con cosas extrañas. Nos han llegado a decir que somos más normales que los propios ciudadanos de 3, y vaya, para que nos digan eso tenemos que ser corrientes de narices. Así que eso es lo que somos, y lo que te vas a encontrar en las Intramurallas. Trabajadores, mecánicos, guardas. Todo industrial[4]Centzontotochtin.es, Las Intramurallas, Carborúndum de las Antígonas, http://centzontotochtin.es/las-intramurallas/.

Por uniformidad, el humano pierde el asombro, «mas la cuestión será si queremos seguir extrañándonos»[5]Ferrer García, A. op. cit., pág. 55.. Con una reglamentación completa de cada aspecto y resquicio de una vida, el humano encaja como una pieza más de una concatenación interminable que ni siquiera se describe como «cadena productiva». Un dígito en un contador. Una «cosa» inferior que aplaca su horrida melancolía en la actuación inmediata de una serie de órdenes que le prodigan el placer de la utilidad. Sustituido por el androide, la máquina o el posthumano, ¿qué pinta un humano en los siete sectores de la Ciudad? Poco más que una indeseable mercancía que amenaza con la involución en pos de recobrar una Naturaleza subvertida por la tecnificación. Sumarse al sistema, o perecer.

Me senté en un sillón de felpa desconchado por el uso con las piernas doloridas. Esa gente nunca piensa dónde coño va a parar tanto trasto… Ni se molestan. Como si fuéramos máquinas. Como si todo esto estuviera automatizado… Bah, de todas formas, en la Ciudad este tipo de cosas nunca preocupan. Tragar y engullir tecnología, chupar su última gota de energía y despojarse de ella como su dinero virtual. Si tuviera más dinero… Joder[6]Centzontotochtin.es, Monotonía, Génesis ciudadano, http://centzontotochtin.es/monotono/.

Inhumana alineación que lo arrincona entre la banalidad y la agostada inmediatez, presto al cumplimiento de pequeñas misiones que no conllevan un asombro o extrañamiento. El humano predestinado al posthumano es un mediocre que deniega el cambio o la modificación de sus circunstancias personales. ¿Cuándo acontece su extrañamiento? Cuando se yergue como una excepción, un desagrado inquietante que pervierte al ordinario con extrañeza, imprevisibilidad, desconcierto, rareza[7]Cfr. Ferrer García, A. op. cit., pág. 55.. Seguridad, confianza, familiaridad, derruidos. Pues, el humano aguarda en «constante vigilia contra todo aquello que trate de franquear nuestro muro de cotidianeidad, de seguridad, de calma»[8]Ibíd., pág. 56., pero cuando el desconcierto se adueña de su temple podrían desglosarse dos opciones: recuperarse o caer.

Caer abruptamente en la «decadencia», ese estado de uno mismo en el que deletéreas sensaciones embargan la mente y conducen al humano a un perjudicial cuestionamiento de sí mismo y lo que le rodea, amplificado sentimientos como la tristeza o patologías por la depresión, por descubrir inexorablemente que él, como humano, no vale nada. Sufre. Es débil. No puede recomponerse. No puede abatir a sus enemigos. No puede escapar de la situación. No puede restaurar su «familiaridad». No reanimarse y tampoco puede dominar las quimeras que le asaltan, que, acompañadas por la coyuntural situación, favorecen ese estado de desmoralización.

Y aunque se proteja, no podrá libarse eternamente del asalto de estos aconteceres extraños, imprevisibles, sustos o espantos, desconciertos que destemplan —Verstimmen—: «Sentimientos que ponen en tela de juicio nuestra arquitectónica de lo cotidiano, la seguridad de nuestras redes»[9]Ibíd.. El Dasein es atrapado por el Angst, que ésta «hace patente la nada»[10]Apud. ibíd.. Pues, más allá: «No queda asidero ninguno. […] Sólo resta el puro existir en la conmoción de ese estar suspenso en que no hay nada donde agarrarse»[11]Apud. ibíd.. El humano no puede agarrarse, aquél que es lo suficientemente famélico como para no hallar en la oscuridad un haz de confortable discernimiento. El humano se topa, fortuitamente, con su vacuidad, y hablar de angustia es hablar de la nada, una realidad escurridiza que carece de concepto, puesto que ésta se desvanece en el ejercicio intelectivo: la nada, nada es[12]Cfr. ibíd., pág. 57.. ¿Qué ocasiona la angustia? La angustia es angustia de nada que abre la nada, adolece de sujeto, de un quien, de forma que si aparece no es para completar al sujeto, «sino para desestabilizarlo al punto de borrarlo, de hacer desaparecer»[13]Ibíd., pág. 58.. Y el humano desaparece.

 Los posthumanos, ¿sienten la nada? Difícilmente, pues ellos se han elevado por encima de los que apenas acometen una tarea con delectación y eficacia. Ellos no han de detenerse porque su «ser maquinal» prescribe el extrañamiento como una errata en un código. No padecen dolor. No sufren. No sienten vacío.  El posthumano no es conocedor de la nada. Desconocimiento que impulsa al decadente humano a preparar su metamorfosis en posthumano. Reunir una firme voluntad que impulse su conversión en el Dasein que le permita rehuir la angustia producida por el dolor, por su posición insignificante, su inocuidad como criatura y la imposibilidad de regir sobre su realidad: «El ser es vuelto patente como una carga»[14]Apud. ibíd., pág. 56.. El «ente humano» es una carga, sobrellevada por un posthumano que intercede otro «ser» ajeno que suplanta al vetusto y con el que entabla duelo, hasta que el posthumano y humano, que son uno, redimen sus «seres» en el «neutro absoluto» «Neutro absoluto» que se describe distante como una cosa, pues las cosas:

[…] existen pero no sienten que son de hecho, no les duele su caducidad ni dan sentido a la misma. No les pesa que la realidad de verdad esté expuesta a lo irracional, a la brutalidad de la desconsideración. Ni necesitan huir de la ontología, del ser que son. No les aterra el silencio de los espacios infinitos. No les aterra la Nada[15] Ibíd..

El «neutro absoluto» es una figura retórica empleada en otros relatos no necesariamente cyberpunk, que puede adoptar múltiples propósitos y formas, dependiendo de cómo el relato se construya a sí mismo y las necesidades que reivindique. Normalmente, emerge como una voz propia de la narración en sí, no funcionando como un personaje ni narrador propiamente. Empero, en el cyberpunk por «neutro absoluto» se entiende a aquellos posthumanos que se han desquitado de su personalidad, valores, juicios, apariencia, toda suerte de atributos hasta reducirse al «ser», una especie de «ser» que es vida reflexiva, contemplativa y pura, extraña a las barreras de aumentados incompletos y humanos. Indiferente a lo finito e infinito, a la facticidad, al dolor, a la cotidianeidad, al silencio, a la Nada.

¿Por qué he de aceptar complaciente que ese gilipollas me agreda? No conculques nuestro Código deontológico, Marlik. No seas idiota. Acéptalo. Sé un poco más empático con su condición. Fue sin querer. Por favor. ¡Si no fuera por la empatía, hace años que nos habríamos destruido por la vesania inducida por la penumbra de las Intramurallas! Pero yo no quiero sentir empatía. ¿Acaso él la sintió cuándo disparó el láser y me hirió? ¡Mírame bien! ¡Por su culpa tengo un brazo medio sintético! No soy un humano completo… No soy un humano completo… Pero yo quiero seguir siendo humano porque esos mecánicos no sienten empatía y la empatía es lo que nos diferencia de los androides.

¿Sin querer? ¡Y una mierda! Estoy hasta la punta de la polla de ese imbécil paranoico que no para de hacer el pelele y de meter la pata. Si fuera por mí, lo habría quemado vivo en los Motores Inmóviles. Percibiste sombrío. Ríes abrigado por la silente soledad. Ríes y ríes, mientras presionas con el pulgar el interruptor principal de un actuador empático. Debo sentir empatía… Debo sentir empatía…

Te desvaneces. Recaída en tu apartamento. Pantalla: extracto panorámico de la Ciudad que acaricias con el índice y anular. Transmutación. Sucesión: una oveja eléctrica pastando en llanuras de titanio. Felicidad. Como lágrimas en la lluvia tus erudiciones se extinguen por el ardor de una abrasadora ambrosía. Dime quién eres. Fedón. Dime quién eres, Fidias. ¿Alguna vez te congraciaste con la apatía?, resuena en un televisor. Sonríes. Fedón me atacó apostado en una pasarela. Fedón me humilló en el corredor. Fedón me reprendió en el ascensor. Fedón es el hombre colgado número dos.

[…]

Dos en uno. Uno en todos. Dos en uno. Uno en todos. Dos en uno. Uno en todos. ¿Qué le ocurre? Otra depresión intramuraica. Arrebatos frecuentes, constantes, continuos. ¿Han determinado por qué? No lo sé. Quizás. Quizás pienso demasiado. Output. Desafección. Ácido burbujeante rezumando de un portón de acceso a los Ramales. Ramales. Boca. Oscuridad. Oscuridad. Oscuridad. Oscuridad. Dos en todos. Uno en uno[16]Centzontotochtin.es, Askopos, Carborúndum de las Antígonas: http://centzontotochtin.es/askopos/.

Marlik, protagonista de Askopos, cae en la decadente angustia. Siente dolor, siente la humillación y la desconsideración del mundo de su alrededor. Le han implantado un brazo sintético contra su voluntad, que alienta los dicterios del resto de sus compañeros. Marlik sigue empeñado en ser un humano. Mas, la decadencia, el declive de su persona y su obsesión por huir de las Intramurallas y contemplar las luces de la Ciudad, le encaminan a su terminación como posthumano y «neutro absoluto».

No paro de pensar en la Ciudad… No paro de pensar en ella… Es… Es como una especie de fantasía sexual. Una inquietud serpenteante que restalla deletérea en mis entelequias. Nunca he estado y es… es como si pudiera ojearla a través de las paredes de las Intramurallas. Como si pudiera tocarla, acariciarla, abrirla de piernas y follármela. Es como si, más que una ciudad, fuera una diosa. Una deidad clásica. He empezado en creer en ella así. Porque ella me hace feliz, aunque no la pueda ver. Aunque no la pueda coger. Ella es mi diosa personal y puedo empezar a rezarla. Pero… pero… Es tan lábil. Una creencia tan lánguida e insostenible, ¿no crees? Acaso. ¿Acaso Dios no es nada más que un androide mezclado entre los cereales de un centeno? ¿Acaso Dios no es nada más que una vacua manifestación de un denigrante desasosiego proferido por un grupo de gente que se aferra a la posibilidad de que su ethos contractual suponga el restablecimiento de una colectividad armoniosa y jurídicamente incontestable? ¿Cómo se representa a Dios? ¿Cómo el aparcamiento reproducido en las fotografías? ¿Cómo la pieza de cromo violáceo incrustado en mi brazo? ¿Qué puedo hacer? Tan perdido hallo me en este pozo. Cómo saldré. Saldré… Saldré. Paraíso, aguárdame[17]Ibíd..

La Ciudad como entrada en el Edén del posthumano. Una desintegración de su descarriada humanidad. Una descomposición de la experiencia de la nada que sólo puede sentir el humano a través de la «lógica del corazón», que atisba lo descuidado por la inteligencia y los estados de ánimo: los sentimientos, fenómenos de los que el humano no puede despojarse por constituir un elemento central o esencial de revelación o apertura en cuanto al entendimiento del sujeto[18]Cfr. Ferrer García, A. op. cit., pág. 55.. El humano lo siente, pero el posthumano convertido en «neutro absoluto» no. El humano utiliza un estado de ánimo o afecto que produzca la apertura de la nada, la depresión Intramuraica, para después anular esa nada como posthumano. El «neutro absoluto» es un ser de angustia. Surge a partir de una desposesión de sí o desfundamentación, no es una experiencia de perfección. Desemboca en el mutismo y el silencio como una forma de encargarse de la realidad de la nada, pero en pocos se asume, pues en otros al silencio y mudez se le une el desasosiego, y éste en decadencia: «carente de lenguaje, carente de estabilidad, ese sujeto, hasta aquí divisa de la modernidad, se ve sometido a la experiencia traumática de la desposesión»[19]Ibíd., pág. 58..

Distanciamiento progresivo como un atenuante de los terrores que se debaten en la debacle vaticinada por una premonitoria e insurgente decadencia. Suspensión de la entrada. Interpolación de proceso. Iniciando nueva entrada memorística. ¡Trascendencia! ¡Trascendencia! ¡Ambiciono la Trascendencia! Desconexión. Reactivación. ¡Placer! ¡Placer! ¡Ambiciono el placer! Desconexión. Inserte su término de búsqueda: muerte. Entrada encontrada: siento un vacío en mi ser. ¿Selección de entrada? Sí. Abriendo entrada memorística. Por favor, espere. Su última entrada corresponde al nombre de: Narlik absoluto. ¿Está seguro de que desea abrir la entrada? Sí. Cuánto tiempo se ha desestructurado. Cuánto espacio se ha marchitado. Cuántas demenciales sentencias se han sucedido por estas alborotadas erudiciones. Cuánto y nada. Cuánto y nada más que las luces de la Ciudad. Desde el cenit de los edificios. Desde los propileos de partenones de acero enhiestos por columnas de desórdenes corintios. No lo recuerdo. Añoro descabal. No recuerdo la última vez de las Intramurallas. La última vez que atravesé el corazón con mi brazo de un amortajado desconocido entretenido. Carmesí máscara que me amordaza mientras reverbera un reloj de carrillón en la plenitud de la neblinosa distancia. Qué me queda. Nada más que yo postrado ante la pena. Eterno insatisfecho. ¿En qué momento desdoblé mi empresa? Desolado. Necesitado. Desamparado. Indolente emancipación que me castigó cuando contemplé por primera vez las luces de la Ciudad. Yo sólo quería ver las luces de la Ciudad. Muté. Me deformé. Me metamorfoseé en una sátira viviente. Enganchado sempiterno a conectores. A los malditos conectores. Marlik. Imbécil. Inútil.

Aumentado. Productividad. Oscuridad. Motores Inmóviles. Soledad. Desprecio. Entrañable. Vacío. Necesidad. Tragado por la incomprensión que me atenazaba. Poco se puede contar de mi estulticia. Poco se pueda contar en tan estrecha memoria. Poco me queda por contar. Salvo anunciar deplorable manifiesto. Encariñándome con la toxicidad de las anaranjadas brumas. Concluí. Reposando sobre la cúspide de las murallas que resguardan la mortaja de mi hogar. Exiliado. Que mi exultante propósito. Terciado. Desollado. Desentrañada la esperpéntica falsaria de aparentar sin aparentar. De nombrar sin nombrar. De actuar sin actuar. Yo. Sólo. Quería. Observar. Las. Luces. De. La. Ciudad. Error de lectura de memoria. He. Encontrado. Lugar. Mejor. Donde. Podré. Ser. Feliz. Error de e/l. Iniciando recuperación. Un. L. Angosto. Anómalo. Sin. Em. Des. Allí. Podré. Contemplar. Luces. De. La. Ciudad. Acceso de memoria anulado. Recuperando. Es. Hora. De. Morir. Maldt. Máquin. Y. sé. Que. So. Humano. Memoria irrecuperable. ¿Desea formatear?[20]Centzontotochtin.es, Askopos, Carborúndum de las Antígonas: http://centzontotochtin.es/askopos/

Notas a pie de página y referencias   [ + ]

1. Centzontotochtin.es, Un escritor enclenque, http://centzontotochtin.es/un-escritor-enclenque/
2. Cfr. Ferrer García, A. “Temblor sin temor: miedo y angustia en la filosofía de Martin Heidegger”, Factótum (Salamanca), núm. 10 (2013), pág. 55.
3, 6. Centzontotochtin.es, Monotonía, Génesis ciudadano, http://centzontotochtin.es/monotono/
4. Centzontotochtin.es, Las Intramurallas, Carborúndum de las Antígonas, http://centzontotochtin.es/las-intramurallas/
5. Ferrer García, A. op. cit., pág. 55.
7, 18. Cfr. Ferrer García, A. op. cit., pág. 55.
8. Ibíd., pág. 56.
9. Ibíd.
10, 11. Apud. ibíd.
12. Cfr. ibíd., pág. 57.
13, 19. Ibíd., pág. 58.
14. Apud. ibíd., pág. 56.
15. Ibíd.
16, 20. Centzontotochtin.es, Askopos, Carborúndum de las Antígonas: http://centzontotochtin.es/askopos/
17. Ibíd.

Sobre nosotros Gerald Dürden

Bloguera a tiempo parcial. Proyecto de literata. Amante de los gatos, la decadencia, el humor negro y los videojuegos.